Un milagro. Así describía la directora de la Cinemateca Uruguaya, María José Santacreu, la situación actual de la institución cinematográfica, durante una entrevista con Jaime Clara en El Observador TV, a fines de enero de este año.
"No es un caso típico de como funcionan el resto de las cinematecas en el mundo (...) Mantener una cinemateca, tanto ahora como antes, mediante la exhibición, es ya milagroso", dijo Santacreu.
Casi medio año después, el milagro parece estar cada vez más cerca de su fin. En el último mes, la dirección de Cinemateca nuevamente se ha mostrado enfática sobre la situación complicada que atraviesa la organización a nivel económico.
El panorama desolador que Santacreu aventura se debe a la falta de recursos económicos y lo que consideran es un apoyo insuficiente por parte del gobierno uruguayo. La ausencia de ambos elementos hace que, según expresó la directora al portal 180, sea "prácticamente imposible sostener un archivo fílmico".
Otros medios locales se hicieron eco de la noticia y lo mismo sucedió con los uruguayos. En una petición online del sitio Avaaz, más de 1.600 personas –al momento del cierre de esta edición– firmaron la reclamación titulada "Estado uruguayo: salvar la Cinemateca Uruguaya".
Tiempo atrás, en agosto del año pasado, la hija de Manuel Martínez Carril, Ana Laura, se lamentaba ante el mismo panorama desolador durante el velorio de su padre, el histórico director de la institución. También se refería al futuro del archivo de Cinemateca, en el que hay cerca de 22 mil obras. "Es lo que tenemos ahora que preservar. Es lo que somos nosotros", expresó.
La voz emblemática
Manuel Martínez Carril, quien falleció a sus 74 años el 4 de agosto de 2014, fue una de las figuras más emblemáticas para la organización uruguaya y su muerte acentuó la compleja encrucijada ante la cual se encuentra la institución cultural. Sus funciones no solo incluyen el archivo fílmico y manejo de varias salas de cine, sino también el de la Escuela de Cine del Uruguay, departamento de la Cinemateca creado en 1995.
Pero si hay algo que han subrayado el reciente reclamo de Santacreu así como la pérdida de Martínez Carril es que la disyuntiva financiera que debe afrontar la Cinemateca ha sido un tema recurrente a lo largo de los años, al punto de convertirse en parte de la identidad moderna de la institución creada en 1952.
Martínez Carril fue durante años director responsable de Cinemateca desde finales de la década de 1960, pero varios aseguran que el cargo era solo un título para el cinéfilo, quien era visto como el cerebro y corazón de la organización. Casi diez años antes de su muerte, Martínez Carril seguía presentándose como una de las voces más fuertes al abogar por la situación que atravesaba la Cinemateca frente a la pérdida de sus socios, cuya cifra entonces rondaba los 7.000. Hoy tiene menos de 3.000.
Entonces, Martínez Carril señaló a El Observador que la pérdida de socios no solo debilitaba el sustento de la institución, sino que también debilitaba "el proyecto cultural e intelectual con el que la gente se siente perteneciente".
Entre 2006 y 2007 la Cinemateca tuvo una mayor exposición mediática debido a los constantes conflictos dentro de su organización.
El cierre por falta de recursos económicos de las salas La Linterna Mágica y la Sala Pocitos –local de la calle Chucarro que luego reabriría y hoy forma parte del circuito de cuatro salas–, el reclamo de sueldos, las movilizaciones sindicales y el envío al seguro de paro de varios trabajadores fueron solo algunos de los problemas que la Cinemateca tuvo que afrontar. A esto se sumó la renuncia en bloque de la Comisión Directora de la institución debido a discrepancias con Martínez Carril.
El modelo de gestión que la Cinemateca Uruguaya, que mantuvo por más de 30 años, siempre estuvo en discusión. En 2007 ya se hablaba de los problemas derivados de la logística "de almacén" que se aplicaban para sustentar los costos del archivo fílmico.
En consecuentes entrevistas a El Observador en 2010 y 2012, Martínez Carril, quien ya se encontraba alejado de la institución pero aún defendía la importancia de preservar su archivo, hablaba de las "aguas inciertas" por las que navegaba la Cinemateca, con la visión de un capitán ya retirado que conoció tiempos mejores.
Un reclamo en fotogramas
Tal vez, uno de los mayores reclamos vinculados a la problemática de la Cinemateca haya sido de forma poética y a través del idioma que la institución entiende mejor: el del séptimo arte. El 13 de agosto de 2010 el director Federico Veiroj estrenó su filme La vida útil. Protagonizada por el crítico de cine Jorge Jellinek, la película se centra en la historia de un personaje solitario que lucha con su compañero de trabajo (el propio Martínez Carril) para mantener con vida a la Cinemateca Uruguaya. Surcando entre los caminos de la ficción, el homenaje y el llamado a la atención, el filme minimalista y en blanco y negro podía entenderse como el retrato de establecimiento que conoció épocas más coloridas.
"¿Qué pasa con una vida cuando su tiempo de utilidad se agoto?", se preguntaba Veiroj en una entrevista al hacer referencia al título del filme, sin saber que cinco años después su retrato se volvería más real que nunca.
Un legado extenso
Actualmente Cinemateca posee cuatro salas: dos en la sede de Carnelli, Cinemateca 18 y la Sala Pocitos. Además, la institución gestiona la Escuela de Cine de Uruguay y se encarga de la preservación de archivos de papel y celuloide (material que compone los rollos de las películas) en un archivo ubicado en la ruta 8, compuesto por tres galpones en lo que se preservan 23 mil películas a una temperatura de 5° Celsius. Mediante el Centro de Documentación Cinematográfica, la Cinemateca también se dedica a conservar afiches, fotografías y material gráfico vinculado al séptimo arte uruguayo.