Poco tiempo después de cumplir 88 años el actor estadounidense Clint Eastwood empacó, cargó las maletas en su auto y se fue a trabajar como protagonista en el rodaje de una nueva película que pasa en la frontera con México: “The Mule”.
Poco tiempo después de cumplir 88 años el actor estadounidense Clint Eastwood empacó, cargó las maletas en su auto y se fue a trabajar como protagonista en el rodaje de una nueva película que pasa en la frontera con México: “The Mule”.
Un amigo suyo de la misma edad, el guitarrista de música country Toby Keith que lo veía emprender el viaje le preguntó, para qué cuernos se iba a trabajar cuando ya estaba consagrado. No necesitaba ni la plata ni la fama. A lo que Eastwood respondió: no quiero dejar entrar al anciano.
Esa frase corta generó la canción “Don´t Let the Old Man In” que Keith compuso para su amigo y que se hizo famosa en el mundo entero y es universal: And i knew all my life / That someday it will end /Get up and go outside / don´t let the old man in (Y toda mi vida supe / que algún día se iba a terminar / Levántate y anda para afuera / no dejes al anciano entrar).
El hecho de haber asistido a la celebración de los 80 años del nacimiento del Negro Rada (1943) en la cuarta noche en que se presentó a sala llena en el Auditorio Nacional del SODRE en Montevideo me hizo dimensionar la importancia de las personas que llegan a determinada edad con la energía para vivirlos, contarlo y compartirlo. En este caso con música y sobre todo buena onda.
Es probable que en la vida de Rúben Rada Silva -que soñaba de chico con ser el nueve de Peñarol- hubo verdes y maduras, pero a la hora de los balances, si es por lo vivido arriba del escenario principal de la Adela Reta, tiene que haberse ido a dormir con una sonrisa gigante y el alma tranquila.
Esa sonrisa fue compartida por el público que bailó y cantó con él y sus músicos entre los que estaban tres de sus hijos. En el auditorio tapado de gente había artistas, políticos de todos los partidos, deportistas, científicos, un experto en videojuegos, funcionarios del estado, un ministro, jóvenes, niños, adultos, ancianos; gente común y corriente.
Parecía la tribuna Olímpica del mejor Uruguay, cuando no se dividían las hinchadas en el clásico.
En el homenaje a su trayectoria hubo mensajes por pantalla de otros cantantes del exterior como Andrés Calamaro, Carlos Vives, Fito Páez, Daniela Mercury y hasta de la actriz Natalia Oreiro. Todos le agradecieron su don de gentes y el haber sido apoyo y a la vez fuente de inspiración en algún momento de sus carreras. También arriba del escenario aparecieron uruguayos como Samantha Navarro, Emiliano Brancciari y Facundo Balta. No faltaron los argentinos Auténticos Decadentes que tocaban más tarde en el Antel Arena.
Fue la tercera vez que vi al Negro Rada en concierto. La primera fue en los noventa en un recital de homenaje a John Lennon en el Estadio Luis Franzini en el Parque Rodó. Años más tarde recuerdo un concierto memorable en el Cine Plaza donde lo vi desplegar su eclecticismo musical. Allí escuché por primera vez en vivo canciones de El Kinto y Opa.
Más tarde vino la televisión -lo crucé en los pasillos y camerinos de Canal 12- y las canciones más populares y queridas como “Cha-Cha-Muchacha”, “Quién va a cantar” y “Me muero de pena” y otros hits que pegaron en la radio.
El jueves de noche, al ver al viejo Negro Rada a los ochenta años disfrutando su reconocimiento en el centro del escenario con sus tambores, rodeado de sus colegas y aplaudido por el público luego de dos horas de un espectáculo inolvidable supe qué en ese momento, en ese preciso instante, se estaba terminando de volver inmortal, como Alfredo Zitarrosa o Eduardo Mateo.
…
Pese a la estabilidad democrática y económica de los últimos años Uruguay sigue siendo un país con bajos índices de natalidad y en donde el aumento de la expectativa de vida continúa creciendo. Su pirámide poblacional se puede comparar con la de los países ricos del mundo sin serlo. Los datos del último censo que se han filtrado parecerían corroborar que la población se mantiene estable -que no habría aumentado- y que por otra parte seguimos siendo un país de población envejecida.
Basta recorrer el centro del país, en especial al norte del Rio Negro para corroborar que sobra paisaje y falta gente. Es un hecho que en términos económicos nos perjudica pero que por otro lado puede transformarse en una oportunidad. Lo cierto es que somos una población con muchos abuelos que por suerte viven muchos años.
En los últimos días la central sindical uruguaya, el PIT – CNT discutió y aprobó una moción sumamente controvertida de salir a buscar firmas con la intención de derogar la trabajosa reforma de la seguridad social recientemente aprobada.
Una reforma vital, imprescindible, necesaria y consensuada por la enorme mayoría de los uruguayos que además estaba en el plan de gobierno del Partido Nacional y fue apoyada por los otros cuatro partidos que integran la coalición republicana en el poder.
Si bien aún no está escrito el texto exacto de la papeleta con que el PIT-CNT saldrá a recolectar rubricas de la población, la misma iría entre otras cosas, por eliminar las AFAP y mantener la obligación de jubilarse a los 60 años, norma que tras la reforma habilita legalmente a los mayores de esa edad a seguir trabajando -y aportando- si así lo desean. Sectores importantes del Frente Amplio han rechazado acompañar a la central obrera en esta iniciativa y procurarán mejorar la reforma en la próxima magistratura.
La aprobación de la reforma fue trabajosa, cansina, lenta, intrincada, muy dialogada y al final salió: mansa pero precavida y justa, como somos los uruguayos. Pero: ¿qué tiene que ver esto con la fórmula de la inmortalidad encontrada por el Negro Rada? Dejo la pregunta planteada para que cada uno saque sus propias conclusiones, pero es un dato de la realidad a esta altura del siglo XXI que el presente y el futuro del Uruguay también dependen de cómo y con qué actitud nuestros queridos veteranos decidan vivir los últimos días de sus vidas.