Desde la temprana mañana del lunes 26 de setiembre, Álvaro Uribe recorría las calles de la calurosa Cartagena de Indias, megáfono en mano, vociferando como un loco contra el acuerdo de paz. Muchos en Bogotá se mofaban por el contraste de un expresidente algo desalineado, con la solemnidad que en esas horas se respiraba en la histórica ciudad que baña el mar Caribe, engalanada para la firma del documento que iba a poner fin a 52 años de conflicto armado.
Colombia: Sin guerra y sin paz
Los votantes rechazaron acuerdo con las FARC y deben negociar uno nuevo