La región confirmó en la primera mitad del año sus primeros indicios de crecimiento económico y los pronósticos de un alto a la recesión que afectó a los dos países de la región en los últimos tiempos, parecen asentarse. Si bien no se trata de un despegue de la actividad, un lento pero progresivo aumento de la demanda proveniente de los países vecinos debería servir de estímulo a la economía local o al menos, restarle preocupaciones al sector productivo.
Sin embargo, es necesario marcar algunas limitaciones de esa expansión regional y sobre todo, algunas amenazas que todavía siguen presentes y que imprimen cierta carga de incertidumbre no solo sobre la capacidad de Argentina y Brasil de consolidar finalmente los pronósticos actuales, sino además las posibilidades de Uruguay para beneficiarse de ese escenario.
Brasil acumuló en los dos años que terminaron en 2016 una caída de 7,6% en su actividad económica, mientras que Argentina viene alternando entre 2012 y el último año, subas y bajas de su actividad. En 2016, la contracción de su economía fue de 2,2%. Ambos países atraviesan serias dificultades macroeconómicas y cada uno a su manera, debe lidiar con el retiro de la confianza por parte de los inversores en la economía real, reticentes a realizar apuestas de largo plazo sin tener muy claro cuáles serán las condiciones en el mediano y largo plazo.
La buena noticia es que, en la primera mitad del año, las perspectivas de crecimiento de estos países han tendido a estabilizarse.
Si bien se encuentran en niveles menores a lo que los expertos esperaban a fines del año pasado, implican un alto a la recesión y esa es una condición necesaria para recuperar la salud del vecindario.
Los analistas internacionales encuestados por FocusEconomics para su informe LatinFocus Consensus Forecast de agosto prevén una expansión de 2,6% en Argentina este año y de 0,4% en Brasil. Esas cifras se encuentran por debajo del 3% y 0,8% previsto para el mismo horizonte al inicio del año, pero mantiene el signo positivo y eso ya es un avance.
Para entender el efecto de la región sobre la economía uruguaya no solo es necesario mirar la evolución de la actividad sino también la relación de precios. En ese sentido, la realidad de los últimos tiempos es un tanto atípica. Pese a la recesión, no puede decirse que Argentina y Brasil restaron para la economía en su conjunto.
La recesión de los países vecinos se dio en conjunto con un atraso cambiario en sus economías respecto al resto del mundo y en particular, frente a Uruguay. Los bienes y servicios locales se abarataron para el mercado argentino y brasileño, y eso amortiguó la caída del ingreso en esos países.
En el promedio del primer trimestre del año, la competitividad en precios con ambos países en su conjunto se encontraba 2,2% por encima de igual período de 2016, cuando a su vez estaba 9,6% más alta que en el primer trimestre de 2015.
Pero así como la recesión de estos países no tuvo el efecto negativo que se esperaría sobre la economía uruguaya en una primera lectura, lo mismo podría pasar, pero en un sentido inverso, con la incipiente recuperación.
En el promedio del segundo trimestre del año, el tipo de cambio real con los países de la región cayó 3,5% respecto a igual período del año pasado. Y hay por delante algunos acontecimientos políticos que podrían llegar a tener un impacto importante sobre el tipo de cambio y acelerar el proceso de depreciación de las monedas de esos países frente al peso uruguayo.
Las elecciones legislativas en Argentina este año serán una instancia clave. La semana que viene se decidirán los candidatos de los distintos partidos para la renovación de un tercio del Senado y casi la mitad de los diputados. Allí la actual administración se juega no solo una instancia clave para asegurar su gobernabilidad en lo que queda del período sino además la posibilidad de convencer o no a los inversores de que el cambio en el rumbo económico propuesto cuenta con el apoyo como para hacerse sostenible en el tiempo.
Un revés electoral para Mauricio Macri a favor de grupos radicales implicaría un sensible aumento en el riesgo de un retorno a las políticas antimercado del gobierno de kirchnerista y eso podría apresurar un proceso de depreciación de la moneda difícil de seguir para la economía uruguaya.
Brasil también tiene sus riesgos políticos. El gobierno de Michel Temer fracasó en su intento de recomponer la confianza tanto de la sociedad como de los actores económicos. Sus niveles de aprobación están en niveles mínimos y su administración está manchada por procesos judiciales que lo involucran directamente en actos de corrupción.
La alternativa política de cara a las próximas elecciones es Luiz Inácio Lula da Silva, que además de estar involucrado también en causas similares –lo que prolonga el escenario actual de incertidumbre y fragilidad institucional–, implica una mayor amenaza para los mercados. En el caso en que la situación se agrave para Temer en la justicia y por el contrario, Lula logre la absolución en sus procesos en curso, los mercados reaccionarán con un mayor rechazo a la moneda brasileña y eso implicaría una mayor devaluación de lo que se ha visto en el segundo trimestre del año.
Si bien la situación regional mejora y las proyecciones más alentadoras se consolidan, habrá que mirar con atención el panorama cambiario en los países vecinos, muy influido por los vaivenes políticos en una región que no es ajena a la sorpresa y el escándalo.