Michelle Williams corrió con ventaja. Con su película, Mi semana con Marilyn ya quedó demostrada su soltura para despegarse del personaje que la llevó a la fama. Y esto es algo que no se puede decir de Katie Holmes o James Van Der Beek, sus compañeros en la serie adolescente Dawson’s Creek.
Su notoriedad ahora se debe más a cómo manejó el éxito y su carrera que a su pasaje por la televisión. En lugar de exprimir cada gota de su reputación y apostar a los blockbusters, se dedicó a cultivar su oficio en el cine independiente.
Manteniendo un bajo perfil, no fue carne de cañón para los paparazis. Ni siquiera la cobertura de la muerte de su ex y padre de su hija, Heath Ledger, hizo daño permanente en su privacidad.
Para 2005 su labor en Secreto en la montaña la llenó de nominaciones, incluyendo el Oscar y el Globo de Oro como Mejor actriz de reparto. Lo mismo sucedió con la independiente Blue Valentine cinco años después, pero ahora como actriz principal.
Estos reconocimientos se repitieron este año con Mi semana con Marilyn, que se estrena hoy en las salas uruguayas.
Esta es la primera vez que lleva sobre sus hombros un film de gran calibre. Su potencial actoral ya no se discute, pero su éxito dependía de su transformación en Marilyn Monroe.
Lejos de imitarla hasta llegar a la idílica encarnación, Williams se preocupó de llegar a su esencia. Luego de estudiar su propio rostro y modificarlo gracias al maquillaje, solo faltaba la interpretación. Y para eso su voz también debió amoldarse tanto a su tono como a su cantar.
“Michelle practicaba la risa, practicaba el caminar, balanceaba cosas en la cabeza. Tenía aprendidos todos los movimientos físicos”, dijo al Huffington Post el reconocido productor Harvey Weinstein.
“La energía que toma poner la cara, el cuerpo y disponerse para transmitir toda su energía al mundo y ser todo lo que la gente quiere que seas: dar diversión y placer; todo eso sin recibir nada a cambio, es tan agotador que no puedo describirlo”, afirmó Williams a Newsweek.
La imagen fue el punto de partida, pero seguramente fue la propia vulnerabilidad de la actriz la que la ayudó a llevar a la pantalla a la Monroe insegura y frágil. Y los críticos aplaudieron su resultado.
Williams da vida a Monroe “con una delicadeza desgarradora y precisión sin recurrir a la personificación ni al cliché”, dijo Adam Green, de Vogue. Por su parte, Robert Levin, de The Atlantic predijo un Oscar. Sí bien no pudo llevarse el premio, sí consigió el Globo de Oro. Y otros 13 premios más.