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Maderas utilizadas para construir casas.

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Construir mirando al ambiente

El desarrollo de nuevos sistemas de construcción con madera abre la posibilidad de utilizar recursos forestales, agregar valor a la madera producida y generar un nuevo producto exportable

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28 de mayo de 2021 a las 21:41

Por Rodrigo Saldías Spinetti, Representante del IICA en Uruguay, especial para El Observador 

¿Construir más rápido, más barato y con menor impacto ambiental es posible? ¿Se puede lograr todo esto y además generar un producto de alta calidad y rendimiento? Sí, se puede. Con madera.

El desarrollo de nuevos sistemas de construcción con madera abre la posibilidad de que Uruguay utilice sus recursos forestales, agregue valor a la madera producida y genere un nuevo producto exportable: Productos de Ingeniería de la Madera, EWPs por su sigla en inglés.

La madera contralaminada (Cross Laminated Timber - CLT) consiste en paneles formados por capas de madera maciza aserrada y unidas entre sí de forma perpendicular mediante un adhesivo o pegamento estructural. Este sistema, de gran estabilidad estructural, rigidez y forma, se destaca por su resistencia, apariencia, versatilidad y sostenibilidad. Existen otros como el Glulam, similar al CLT pero con tablas unidas en la misma dirección, sin cruzarse entre capa y capa.

Culturalmente hay barreras que romper. Es bastante común pensar que construir con madera es menos resistente que hacerlo con construcción tradicional. Por más que suene banal, la historia de los “tres chanchitos” forma parte de nuestra forma de entender el tema ¿Y el fuego? Sí, la madera se quema, pero a una velocidad estudiada y controlada que permite calcular los tiempos de resistencia al fuego y agregar las capas de madera necesarias para que se cumpla el tiempo requerido para la construcción.

Ejemplos de construcción con CLT como el Mjøstårnet, un edificio de 18 pisos en Noruega, o la Universidad de Laval y el Mistissini Bridge, un puente de 160 metros de largo en Canadá, parecían hasta hace no mucho tiempo, realidades lejanas y hasta poco probables para Uruguay.

Sin embargo, la construcción en Maldonado del Museo de Arte Latinoamericano en la Fundación Pablo Atchugarry, la posada José Ignacio y el Anastasio Hotel y Beach Club, demuestran que este sistema constructivo, en auge a nivel internacional, puede ser aplicada en Uruguay y ofrecer oportunidades y soluciones más que interesantes.

Construir con madera significa secuestrar CO2

Muchos se atreven a llamar a la madera contralaminada como “el hormigón del futuro”. El aporte de la construcción tradicional en las emisiones es muy importante, con materiales cuya huella de carbono muestra el impacto que generan en el medio ambiente. La madera, por el contrario, secuestra carbono, o sea que si el material vive, el carbono retenido no es liberado.

Se estima que un m3 de madera secuestra una tonelada de CO2. ¿Qué significa eso? Una obra como el primer edificio de tres pisos en CLT de Sudamérica utilizó aproximadamente 540 m3 de madera, secuestró más de 500 toneladas de CO2, algo que significa retirar más de un centenar de autos de circulación por un año.

¿Cómo seguir?

Los recursos forestales están y estarán por varios años. Las tasas de crecimiento de los árboles en estas latitudes son muy buenas lo que asegura que, si la madera comienza a encontrar salidas con valor agregado, se pueda volver a pensar en nuevas plantaciones de pino.

En momentos donde el desarrollo sostenible y el cuidado del medio ambiente aparecen como temas de primer orden a nivel mundial, la construcción en madera proveerá una herramienta clara para mitigar el impacto de las emisiones de CO2, a la vez que potenciará otros rubros como la ganadería, en el desarrollo de sistemas de producción carbono neutro, donde Uruguay debe seguir el camino de diferenciarse y destacarse a nivel mundial.

Nos falta vencer prejuicios y completar el avance normativo para que este sistema constructivo alcance su máximo potencial.

La madera debe ser vista como una excelente opción para construir, ambientalmente amigable y económicamente rentable, capaz de reducir las emisiones y de generar incentivos fiscales por su uso. La investigación debe continuar, la capacitación es una necesidad y todos, al menos una vez, deberíamos darnos la posibilidad de visitar un edificio hecho con madera. Esa experiencia sensorial que se genera debería alcanzar para empezar a transformarnos. 

 

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