23 de marzo de 2012 19:40 hs

Víctor, Victoria, Chicago, El fantasma de la ópera, Piaf, Drácula: la oferta es amplia y el público acude en masa a los teatros. Pero no se trata de Broadway, sino de la nueva realidad de la calle Corrientes.

La emblemática avenida, eje de la actividad teatral porteña, ofrece desde hace algunos años una cantidad de superproducciones musicales dignas de las grandes capitales del mundo.

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Es un fenómeno relativamente novedoso para Buenos Aires, ciudad con una arraigada cultura teatral pero donde no abundaban las grandes producciones musicales al estilo Broadway, en buena medida debido a su alto costo.

Un mayor poder adquisitivo, un elevado nivel artístico y el actual auge del turismo, no obstante, han propiciado un boom de los musicales en años recientes, que incluye tanto producciones importadas del extranjero como obras locales.

El fenómeno, además, actúa como una vidriera para el talento local, permitiendo el salto de algunas figuras nacionales a los grandes escenarios mundiales, como Elena Roger, Josefina Scaglione y Gustavo Wons, quienes conquistaron las tablas en Londres y Nueva York.

“En Buenos Aires siempre hubo un circuito off, donde el contacto con la música y el baile eran una constante”, sostiene Lino Patalano, un productor teatral con más de 40 años de experiencia y quien desde 1994 es director del emblemático teatro Maipo. “Ahora, el musical llegó a la calle Corrientes para profesionalizarse y ampliar su alcance”, continuó.

Esta expansión del género se refleja en la cantidad de obras en cartel. En lo que va del año ya se han estrenado cinco grandes musicales: Mamma Mia!, El diluvio que viene, Casi normales, Excalibur y Por amor a Sandro.

Entre otros factores, el fenómeno se nutre del mayor conocimiento del estilo que hoy demuestra el espectador porteño. Ariel Del Mastro, director de trayectoria y responsable de Por amor a Sandro, un homenaje al ídolo popular, remarca que “el público no sólo aceptó el musical como género y ya no cuestiona por qué en medio de un diálogo los actores comienzan a cantar o a bailar, sino que ha visto muchos títulos”.

“Que haya cinco nuevos musicales en la calle Corrientes a comienzos de año marca un cambio”, considera Del Mastro.

En la actualidad, el verano ya no es temporada baja en Buenos Aires debido a la profesionalización de la industria y del mayor poder adquisitivo del espectador promedio. Las estadísticas de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales señalan que en 2010 hubo 3 millones de espectadores, frente a los 2,3 millones de 2006.

El fuerte aumento del turismo también colabora. El buen nivel de las producciones y la posibilidad de disfrutar de un espectáculo aunque se desconozca el idioma local, atrae más público extranjero.

El más reciente informe del Observatorio Turístico de la ciudad, dado a conocer el pasado mes, establece que en 2011 ingresaron a Buenos Aires 3,1 millones de turistas extranjeros, lo que representa un aumento del 20% respecto de 2010 y del 50% con relación a 2009.

Sin embargo, hay quienes ponen en duda la durabilidad de este auge. Daniel Grinbank, un pionero en materia de nutrir a Buenos Aires con espectáculos internacionales desde mediados de la década de 1980, considera que “el buen crecimiento profesional, lamentablemente, no coincide con el aspecto económico”.

“La producción de un musical es muy onerosa, requiere mucha gente de escenario, músicos y un gran equipo de realización. El alto costo de los musicales no se puede trasladar al precio de las localidades”, expone el empresario responsable de las puestas locales de Chicago y Los Miserables. “Aunque hay una mayor oferta, no hay más público”.

Para Patalano, “en otros años, cuando te iba bien con una obra, pagabas dos o tres fracasos. Ahora, para pagar un fracaso, te debe ir muy bien con tres o cuatro”.

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