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La crisis del sargazo en la costa de México y cómo perjudica sus playas

Lugares como Cancún y la Riviera Maya, dejaron de ser un paraíso para los turistas y ahora sufre por un fenómeno de algas que deja marrones las aguas cristalinas y  contamina el entorno 

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25 de agosto de 2019 a las 05:00

R. Pérez Ortega, N. Toche y M. Vidal
La primera vez que visitó una playa del Caribe mexicano, Omar Toledo Salguero no podía creer lo que veía en el océano. Cuando el ingeniero en sistemas mexicano y su familia se encontraron frente a la mancha parda, en agosto de 2018, sus rostros cambiaron. En las fotos de internet, las playas de Mahahual, en el estado de Quintana Roo, lucen como un espejo azul y cristalino. Pero ese día se encontraron con algo parecido a un lago de fango. 

“Yo sí me meto con todo y eso”, dijo Toledo, de 33 años, dispuesto a disfrutar de la playa. Hacía meses que planeaba las vacaciones familiares. Pero minutos después de batallar con esa alga áspera, tosca, con filamentos puntiagudos, se dio por vencido. “No entren”, recuerda que les dijo a sus familiares, “raspa... no te puedes mover”.

Él y sus diez familiares tuvieron que abandonar sus planes y emprendieron el regreso al hotel porque el olor también invadía el aire.
En los últimos años, las costas del sureste mexicano se han visto invadidas por cantidades inusuales de sargazo, un alga de color marrón que ha causado una genuina preocupación entre científicos, hoteleros, turistas y locales. 

El fenómeno se disparó en el verano de 2018. Basado en un análisis científico de la zona de Puerto Morelos, Carlos Gosselin Maurel, un líder de los empresarios hoteleros estimó que ese año llegaron unos 24 millones de metros cúbicos de sargazo a todo Quintana Roo, que serían suficientes para llenar 9.600 piscinas olímpicas con estas algas. Y advirtió que este año llegaría la misma cantidad o más. 

Una pesadilla transatlántica

Más allá del impacto en la industria turística, el sargazo “es un desastre ecológico de grandes dimensiones”, advierte Brigitta I. van Tussenbroek, investigadora en Puerto Morelos del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Como parte de su trabajo estudiando ecosistemas acuáticos, Van Tussenbroek lleva años enfocada en la investigación de pastos marinos. Con la llegada del sargazo, la mayoría de los pastos murieron. El alga (Sargassum fluitans y Sargassum natans) se convirtió entonces en una de sus prioridades de investigación. 

Sin embargo, estas algas han causado problemas por siglos. El Mar de los Sargazos, en el Triángulo de las Bermudas, era un tramo temido por los marinos desde el siglo XV, pues sus barcos podían quedarse atorados entre las algas y naufragar. 

Cuando el alga comenzó a teñir de marrón las playas caribeñas, Chuanmin Hu, investigador de la Universidad del Sur de Florida, y un grupo de colegas utilizaron imágenes satelitales para saber de dónde provenía. Hace poco describieron en la revista Science que las cantidades masivas de sargazo que llegan al Caribe provienen de lo que han llamado “el gran cinturón de sargazo atlántico”, que desde 2011 se está formando en medio del 

Atlántico, entre Brasil y África

De acuerdo con Hu y sus colaboradores, una de las causas más probables de la proliferación es la descarga inusual de nutrientes del río Amazonas al mar –debido a la deforestación y las actividades agrícolas– y el afloramiento de nutrientes del fondo marino en las costas africanas. 

El cambio climático, dice Hu, también podría ser un factor que ha favorecido su crecimiento masivo y su migración a las playas mexicanas, sobre todo de junio a setiembre, cuando el hemisferio norte está en vacaciones de verano.

En mar abierto, el sargazo es parte esencial del ecosistema: provee de refugio al pez dorado, al pez volador, a crustáceos y a algunas tortugas marinas. Pero cuando se reproduce a niveles inmensos y las corrientes lo acarrean a las costas, se vuelve una pesadilla ecológica.

Las aguas cristalinas y las arenas blancas del Caribe son resultado de los bajos niveles de nutrientes de la zona. Van Tussenbroek explicó que el sargazo invasor genera 100 veces más nutrientes de los que requieren estos ecosistemas, por lo que bacterias y otros microorganismos crecen descontroladamente y afectan a las especies nativas, además de enturbiar el paisaje. “Si esto continúa y no se maneja de manera integral, cambiarán nuestros ecosistemas de manera permanente”, dijo. Como cualquier otra especie invasora, el sargazo perturba el medioambiente local. Al flotar en las aguas turquesas donde se encuentran pastos marinos y arrecifes coralinos, bloquea el paso de la luz e impide la fotosíntesis de las especies locales, menciona Hu.

Además, científicos mexicanos estiman que las altas concentraciones de amonio y sulfuro de hidrógeno resultado de la descomposición del alga, junto con condiciones de poco oxígeno, están matando a las especies nativas. “Los ecosistemas están bajo una presión sin precedentes”, añadió Van Tussenbroek.

El año pasado, investigadores del ICMyL reportaron la muerte de individuos de 78 especies animales a causa del sargazo, desde peces hasta langostas, pulpos y erizos. A partir de mayo del año pasado, más de la mitad de los corales de la zona –algunos entre 100 y 700 años de edad– comenzaron a morir debido a una enfermedad que ha coincidido con la llegada de la marea marrón. Los científicos locales están preservando pedazos de coral para salvaguardar el material genético ante una posible extinción. 

Soluciones de bajo impacto

La batalla contra el sargazo se lucha en distintos frentes. La Secretaría de Marina comenzó a lanzar redes de pesca en mar abierto para recoger el alga, una medida poco eficaz, ya que ahí el sargazo está disperso y se fragmenta. “Recogen 10 toneladas en dos días cuando los barcos sargaceros pueden recoger entre 15 y 25 toneladas por hora”, explicó Rosa Elisa Rodríguez Martínez, investigadora del ICMyL de la UNAM. Este año, sus colegas promovieron la instalación de barreras marinas en Puerto Morelos para evitar que el alga llegue a la playa. Sin embargo, no es posible hacerlo de manera extensiva. Solo en Quintana Roo, la costa entera se alarga por más de 900 kilómetros. “La mitigación efectiva del sargazo debe de cubrir todos los ecosistemas”, explicó Van Tussenbroek. El dinero no podrá resolver el problema mientras los diferentes sectores –científicos, legisladores, empresarios y ciudadanos– sigan trabajando de manera aislada sin un plan integral y coordinado.

Las autoridades federales parecen no estar tan preocupadas por las montañas de algas que espantan a los turistas y quitan el sueño a quienes viven del turismo. A principios de mayo, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció que la Secretaría de Marina llevaría a cabo un plan de acción urgente para retirar el sargazo. Pero casi dos meses después, el 24 de junio, el mandatario minimizó el tema y dijo que, como cualquier otro problema “heredado” de la gestión pasada, se ha magnificado para cuestionar al nuevo gobierno. “No hay motivo para preocupación”, dijo, y agregó: “Lo del sargazo es un asunto menor”. Los empresarios, funcionarios y científicos locales no piensan lo mismo.
A finales de junio, representantes de 13 países caribeños se reunieron en Cancún para organizar una estrategia conjunta y buscar fuentes internacionales de financiamiento para atacar el problema. Además, se propuso impulsar el tema para incluirlo en el Convenio de Cartagena de las Naciones Unidas, un acuerdo regional de protección y desarrollo de los recursos marinos del Caribe. 

El mismo mes, el estado de Quintana Roo emitió una declaratoria de emergencia y ordenó la aplicación de protocolos de combate que incluyen acopio, transporte, disposición y valorización de sargazo, y llamó a la sociedad civil y a la industria a sumarse a los esfuerzos. Pero “recogerlo en la playa obviamente no es la solución óptima”, dice Van Tussenbroek, ya que en la costa se empieza a descomponer. El alga contiene arsénico y metales pesados que pueden liberarse al medioambiente y a los acuíferos locales si no se desecha de manera adecuada. “No hay soluciones rápidas”, afirmó Alfredo Arellano Guillermo, secretario de Ecología y Medio Ambiente de Quintana Roo. Por más que se limpien las más de 60.000 toneladas de sargazo que han arribado de las playas del Caribe mexicano este año, el alga se seguirá reproduciendo y creciendo a miles de kilómetros. “Tiene que quedar muy claro que el problema no se va a solucionar hasta que no encontremos y atendamos la raíz del problema, que no necesariamente está en México, sino está a nivel global”, concluyó. 

 

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