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Cruella: un innecesario pero entretenido relato del ascenso de la villana icónica de Disney

La villana de Disney tiene su propia película, en la que se cuentan sus inicios y sus orígenes, y que tiene sus principales méritos en el aspecto visual y en sus actuaciones

Emma Stone encarna a la villana de Disney en la nueva película

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06 de junio de 2021 a las 05:05

El símbolo de Star Wars no es su héroe, Luke Skywalker, sino Darth Vader. El casco negro, la capa larga, la respiración mecánica y su sable láser rojo son más frecuentes en la iconografía de la saga galáctica que el pelo rubio y la túnica de su hijo. Gracias a sus últimas versiones cinematográficas, es tan común ver remeras, posters y demás objetos con Batman como con el Guasón. Uno de los personajes más populares del Universo cinematográfico de Marvel es Loki, un villano, que en las próximas semanas tendrá su propia serie. Drácula es un ícono. Algunos de los personajes más famosos de la televisión de los últimos años son criminales, como Walter White o Tony Soprano. Es probable que no se acuerde como se llama la protagonista de El silencio de los inocentes, pero de Hannibal es más difícil olvidarse.

Los villanos nos atraen. No es tan llamativo entonces, que desde que Disney decidió hace poco menos de una década volver a adaptar sus historias clásicas recurriendo a actores de carne y hueso o a la animación digital, haya dado vuelta a algunos de los cuentos y en lugar de contar de nuevo lo mismo, se enfocara en los orígenes de los malvados. Pasó con Maléfica, y ahora fue el turno de Cruella de Vil, la villana de 101 dálmatas, que en un momento de su película nos dice “la gente necesita un villano en quien creer, y yo puedo ocupar ese lugar”.

Este 28 de mayo se estrenó en Uruguay Cruella a través de la plataforma Disney+, bajo el régimen Premier Access, por el que los usuarios deben pagar US$ 17 (más o menos, el precio de dos entradas al cine en Montevideo) para poder verla, mientras que el 16 de julio se incorporará al catálogo general del servicio de streaming de la empresa del ratón.

La mujer obsesionada con matar cachorros para hacerse un vestido ya tuvo una versión en acción real, encarnada por Glenn Close, que aquí figura como productora ejecutiva, al igual que su protagonista, Emma Stone.

La actriz de La la land es el centro de esta historia que cumple con el criterio de la precuela hollywoodense moderna: se nos explica el origen de todos y cada uno de los rasgos definitorios del personaje, ya sea su nombre, su aspecto físico, su casa, sus obsesiones o sus vínculos.

Así descubrimos que la señora De Vil nace como Estella Miller, una niña rebelde e individualista con un peculiar pelo bicolor y una especie de doble identidad: su lado malvado, Cruella, a veces gana la pulseada y hace que cometa travesuras, que se oponga a la autoridad, que se agarre a trompadas en el patio de la escuela y que se niegue a acatar las normas. Cansada de estos problemas, su madre se la lleva a vivir a Londres, pero en el camino pasa a visitar a su vieja empleadora para conseguir algo de dinero para empezar su nueva vida.

La niña Cruella provoca algunos desmanes, y los perros dálmatas de la dueña de casa se descontrolan y la persiguen. En la mejor tradición de Disney, los animales matan accidentalmente a su madre (que cae por un acantilado, porque las tradiciones se respetan del todo) y la flamante huérfana termina sola en la capital británica, donde se hace amiga de dos ladrones que se convertirán en sus hermanos adoptivos.

El diseño de vestuario es uno de los puntos altos de la película

Salto a diez años después, y en la década de 1970 Cruella da un paso clave en el camino para cumplir el sueño que tiene desde la infancia: ser diseñadora de modas. Con una mezcla de suerte, trampa y talento, termina empleada por la Baronesa Von Hellmann (Emma Thompson) que se convierte en su jefa, mentora y rival, en la senda de El diablo viste a la moda, algo que no debe ser muy casual si se tiene en cuenta que la guionista de esa película también está involucrada en esta. Pero, oh sorpresa, resulta que fue la baronesa quien ordenó a sus perros matar a la madre de Cruella, y ahora esta busca revancha. Así empezará un duelo que toma elementos del cine de robos, pero que tiene también como ingredientes la moda y las páginas de sociales.

Mitad blanco, mitad negro

Lo dicho, los villanos nos atraen. Pero cuando ellos se convierten en los protagonistas del relato, hay una misión difícil de superar para quienes cuentan las historias: lograr que el público se preocupe por ellos y los aliente. Que se ponga de su lado cuando aparecen los problemas. Para eso hay que esconderles un poco los colmillos y ayudar a que el espectador no lo odie. Y más en este caso, que estando ante una historia de Disney, hay que lograr vender una villana apta para todo público.

Esta Cruella ya no fuma, porque Disney prohíbe que sus personajes muestren ese vicio (lo que si tiene permitido, y hace una vez, es emborracharse). Tampoco quiere hacerse ropa con animales, porque eso ya no está bien visto. Es más, es tan simpática y buena que tiene un perrito propio, Buddy. Más allá de un chiste al respecto, ni se le pasa por la cabeza agredir a los dálmatas de su rival, aunque hayan provocado la muerte de su madre y quiera venganza.

Cruella se ambienta en Londres en la década de 1970

Tenemos entonces una protagonista que puede ser cruel y malvada, pero que tiene corazón, se preocupa por otras personas (aunque por su poco desarrollo, son más bien herramientas para que ella pueda cumplir su misión), y quiere desbarrancar a una oponente que es todavía más cruel, agresiva e inhumana. Queda, entonces, como a medio camino entre la malvada que debería ser y una anti-heroína que tira algunos slogans “rebeldes” y “punks” de acuerdo a la época en la que transcurre la película, aunque aquí la estética y los mensajes contraculturales tienen encima las dos orejitas negras del ratón Mickey (un semiólogo puede hacerse un festín con que, por ejemplo, el símbolo del anarquismo se use para el nombre de la actriz en el afiche de la película).

Pero ojo, que no todo es tan negro. También hay blanco en esta película. Después de una pesada primera parte (la película dura dos horas y cuarto, una extensión excesiva), la segunda mitad corre de forma más fluida. La dinámica entre las dos Emma genera duelos interesantes, el actor Paul Walter Hauser aporta varias risas como uno de los dos compañeros criminales de Cruella, y tanto los impresionantes vestidos de las protagonistas, como la catarata de hits del pop y el rock de los 70, acompañan muy bien los momentos que cruzan la comedia con la acción y los atracos que comete la pandilla para desestabilizar y desenmascarar a la Baronesa.

Cruella tuvo un camino complicado hasta las salas de cine y las salas de estar. El proyecto empezó a desarrollarse allá por 2011, y fue anunciado oficialmente en 2013. Pasaron distintos guionistas y directores, y recién ahora se pudo estrenar. El resultado deja la duda de si era necesario contar esta historia, pero de todos modos no desagrada, ofrece un rato de entretenimiento, y hasta algunas memorables decisiones estéticas y narrativas que la sacan, por momentos, del molde Disney.

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