25 de mayo 2023 - 12:36hs

Por Edward Luce

Las generaciones futuras pudieran decir que el gran acontecimiento de 2023 ocurrió cuando Elon Musk ideó su proyecto de chatbot de inteligencia artificial (IA): TruthGPT, la "máxima IA buscadora de la verdad", que él planea lanzar. Musk es muchas cosas: un brillante ingeniero, alguien que asume enormes riesgos, un adolescente grandulón. Pero él no es alguien a quien se le pueda confiar una tecnología que pudiera ejercer una influencia similar a la de un dios sobre nuestras vidas. Tampoco lo es nadie más. Pero la cuestión en cuanto a los libertarios multimillonarios es que tienen el dinero para hacer lo que quieran.

Hay aproximadamente ocho mil millones de razones por las que el resto de la humanidad debería encontrar esto inquietante. Pudiéramos empezar por la más básica: los libertarios estadounidenses rara vez deben tomarse literalmente. Ellos generalmente comparten dos características. La primera es que son ricos. Es tan raro encontrar a un libertario empobrecido como a un socialista adinerado. La segunda razón es que su libertarismo rara vez va más allá de sus libertades personales, especialmente la libertad de no pagar impuestos. La libertad de los demás es algo que ellos mismos deben proteger.

Una vez que se acepta que la visión de Musk del mundo parece ser que se le debe permitir hacer lo que él quiera, su confusión filosófica deja de importar. Lo mismo se aplica a muchos de su cohorte, como Peter Thiel, Ken Griffin y Charles Koch. Hay que fijarse en lo que hacen, no en lo que dicen. Muchos de ellos convienen con la perspectiva de vida del épico individualista creado por la autora Ayn Rand, John Galt — el personaje ficticio de su libro "La rebelión de Atlas" —, cuyo egoísmo se presenta como heroico. El mensaje de esta novela es que el egoísmo extremo puede ser extremadamente moral.

Más noticias

Algunos de los multimillonarios compañeros de Musk apoyan a Donald Trump, quien es la figura menos libertaria de la política estadounidense. Si el expresidente es reelegido el año que viene, él ha prometido aprobar una prohibición federal del aborto; deportar a millones de inmigrantes ilegales; e imponer una prueba de lealtad a los empleados federales. Él se ha comprometido a ser la "retribución" del país.

Poco de esto encaja con ideas sensatas sobre la libertad. Muchos razonablemente sostienen que el regreso de Trump significaría el fin de la democracia liberal estadounidense. Y no mucho de esto parece molestar a los libertarios. Trump, por supuesto, promulgó el mayor recorte de impuestos corporativos de la historia de EEUU, una medida de US$2 billones que desproporcionadamente benefició a los superricos. Que Musk sea esta semana el anfitrión del lanzamiento presidencial de Ron DeSantis en Twitter no representa un cambio. El gobernador de Florida quiere ser Trump sin el drama personal.

La mayoría de los multimillonarios, ya sean de izquierda o de derecha, piensan que se han hecho ricos porque el gobierno se mantuvo al margen. Este recuento se escucha tanto de los amigos liberales de Mark Zuckerberg como de los conservadores. Sin embargo, a menudo se trata de una conveniente amnesia. Tesla, la compañía de Musk, por ejemplo, en 2009 recibió US$465 millones de un programa de estímulo pagado por los contribuyentes. La investigación que dio lugar al motor de búsqueda de Google fue financiada por la Fundación Nacional de Ciencias (NSF, por sus siglas en inglés) en la década de 1990. Hoy parecen cifras pequeñas, pero fueron decisivas cuando estos peces gordos eran pececillos.

Los valores libertarios de la libertad de expresión también son selectivos. Entre las democracias, EEUU es la única que interpreta cualquier restricción al gasto electoral como un ataque a la libertad de expresión. Eso significa que la gente como Musk tiene infinitamente más libertad de expresión que el ciudadano promedio. No existen límites a lo que los acaudalados pueden aportar a sus causas o candidatos favoritos. Los US$15 millones de Peter Thiel fueron decisivos para que J. D. Vance ganara un escaño en el Senado representando a Ohio el año pasado. Tanto Thiel como Vance son admiradores de Viktor Orbán, el autoproclamado primer ministro iliberal de Hungría.

Musk ha convertido a Twitter en su idea de una plataforma de libertad de expresión. Él alegó que Twitter estaba censurada por los liberales antes de su adquisición por US$44 mil millones el año pasado. Sin duda, hubo casos en los que se colocaron banderas en tuits que iban en contra de la ciencia en rápida evolución sobre Covid, como el uso de máscaras, por ejemplo. Las directrices de Twitter a menudo eran arbitrarias. Ahora, sin embargo, se está convirtiendo en un vehículo para el id de Musk. La semana pasada él tuiteó que George Soros, el multimillonario liberal, era una amenaza para la civilización: "Él odia a la humanidad", dijo Musk. La demonización de Soros es una señal inequívoca de que está cayendo en el conspiracionismo oscuro (sólo hay que ver a Orbán, al presidente ruso Vladimir Putin o a Benjamin Netanyahu, el primer ministro de Israel).

El amor de Musk por la libertad de expresión se desvanece cuando de China se trata. Yo desafío a los lectores a encontrar una sola cosa crítica que Musk haya dicho sobre la gran sociedad más censurada del planeta. Twitter está bloqueada en China. Pero Tesla tiene una enorme planta en Shanghái y planea abrir otra. "Diré lo que quiera decir y si la consecuencia de ello es perder dinero, que así sea", dijo Musk cuando se le preguntó acerca de sus comentarios sobre Soros. Eso fue extremadamente engañoso. Musk puede tolerar pérdidas en Twitter, su ‘proyecto de vanidad’. Pero él lo ha apostado todo en Tesla. Criticar a China pondría en peligro el modelo de negocio de Tesla.

Musk, como Thiel, tiene derecho a decir lo que quiera e invertir su dinero donde quiera. Nada en EEUU está amenazando seriamente eso. Pero esto no le da derecho a que se le tome en serio. Cuanto antes la gente vea los motivos políticos de Musk por lo que son, y no por lo que él dice que son, mejor será para la salud mental de la sociedad. Incluso si él tuviera razón en cuanto a las fallas del gobierno, Washington necesita poner una valla de titanio alrededor de la IA.

Copyright The Financial Times Limited 2023

Temas:

Elon Musk Twitter Member

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos