La semana que pasó fue importante para el presidente Yamandú Orsi: se entregó la Rendición de Cuentas, con gasto adicional, y volvió a recurrir a comunicarse por medio de un video en el que destacó logros; en la agenda regional habló de seguridad tanto al asumir la presidencia pro tempore del Mercosur, en Asunción, como cuando recibió al mandatario chileno José Antonio Kast, en Montevideo. Todo eso atravesado por un pésimo resultado en las encuestas que, tras medir el episodio de la camioneta, lo dejó en el piso más bajo de aprobación.
En ese caso, el estudio decía que Orsi “ha perdido no sólo aprobación sino también popularidad”. Pomiés explicaba en Telemundo que "su capital político", que era su imagen de buena persona y de cercano, se desplomó, ya que 52% hoy expresa antipatía.
Si se compara con otros mandatarios, el piso de Orsi se parece al de Tabaré Vázquez en su segunda Presidencia, que llegó a un 29% de aprobación —nunca a 20%— y además tuvo una caída menos empinada.
Sin embargo, Bottinelli afirmaba que, en su opinión, con esa medición el presidente llegó a su piso porque es difícil pensar que el núcleo duro de frenteamplistas, que lo votó en primera vuelta, le dé la espalda.
Se puede agregar que eso dependerá de lo que suceda de ahora en más.
Bottinelli remarcaba que estos niveles de desaprobación obedecen a una caída de “intensidad similar” entre los votantes del FA y los de la coalición.
¿Es posible revertir la situación?
Tanto Pomiés como Bottinelli en sus análisis consideraron que ya se advierte un cambio de actitud del presidente. Por ejemplo, cuando marcó que era él quien decidía en el caso de los blindados militares —ante las críticas dijo que la decisión estaba tomada— y también con el mensaje que pasó tras la Rendición de Cuentas, con anuncios que buscan atacar las demandas de los votantes del FA en economía y de la población en general, en seguridad.
También vimos a un presidente que dejó de responder sobre cuánto tema se le preguntara en las ruedas de prensa —terreno en el que metía la pata a menudo—, para pasar a ser más selectivo. Y volvió a comunicarse a través de videos, intentando ser más asertivo.
“Invertimos en la población que la está pasando peor”, dijo y agregó que el gobierno buscará “uno a uno a los que duermen en la calle”. Destacó también que entraron “a los barrios, para reconstruir el entramado social”, en alusión al Plan Más Barrio.
“Me comprometí y estamos cumpliendo. Sé que mucha de estas cosas aun no se sienten o no se ven”, admitió desde su escritorio de la Torre Ejecutiva, con un impecable traje gris y porte de presidente (aunque para quienes están en ese 56% a 65% que lo desaprueba pueda no resultar creíble).
Esta semana vimos a Orsi asumiendo la presidencia pro témpore del Mercosur, donde dio un discurso correcto y republicano. Allí, Orsi destacó el “semestre histórico” del bloque, tras la firma y la entrada en vigor del acuerdo con la Unión Europea (UE) que ahora “toca consolidar”.
También destinó un espacio de su discurso a la seguridad (llamó a fortalecer “la coordinación regional en la lucha contra el crimen organizado transnacional” mediante “una mayor integración” y “nuevos mecanismos de cooperación entre fuerzas de seguridad, especialmente en zonas de frontera”) y ahí se enfrenta a uno de los grandes desafíos.
En la cumbre del Mercosur participó el presidente chileno José Antonio Kast, quien llevó su propuesta del Compromiso Regional de Santiago. Ese acuerdo, que Kast también trajo el miércoles a Montevideo —donde fue recibido por Orsi en la residencia de Suárez— es un acuerdo entre ministros y cancilleres de Argentina, Bolivia, Ecuador y Perú que se firmó el 28 de mayo en Santiago, para enfrentar coordinadamente la delincuencia organizada, el narcotráfico y el crimen transfronterizo.
Uruguay aún no firmó la adhesión y el ministro de Relaciones Exteriores, Mario Lubetkin, afirmó que “seguramente” Uruguay se sume “para empezar a actuar”.
Ya dediqué una columna a la importancia de que exista un trabajo coordinado entre países para empezar a ponerse a la altura del accionar del crimen organizado que siempre va un paso por delante de las autoridades y el trabajo que se viene realizando entre agencias del Mercosur para crear una Agencia Regional Especializada que facilite la cooperación entre justicias de la región.
Kast, que disertó también en un desayuno de ADM, dijo que “si no hay seguridad, no hay crecimiento económico” y destacó el valor de que Uruguay se sume. Se refirió también al vínculo directo con Orsi. “Si bien no somos de la misma línea política, ambos estamos defendiendo la democracia y ahí se han hecho pronunciamientos muy claros de que la democracia no se puede ver afectada por la violencia”, sostuvo.
El chileno llegó a la presidencia después de tres intentos y lo logró poniendo a la seguridad como eje central, con propuestas de mano dura (“necesitamos más Bukele y menos Boric” repitió en la campaña) y mayores controles migratorios.
José Antonio Kast y Yamandú Orsi
Foto: Presidencia de la República
Así se debate Orsi, consciente de que el presidente de El Salvador es el líder internacional que genera mayor simpatía entre los uruguayos (según una encuesta de Equipos de hace unos meses), entre pedidos de mano dura internos y sumarse a compromisos regionales de presidentes de una derecha que se impuso en 14 de 17 elecciones presidenciales en Latinoamérica.
El Compromiso de Santiago es, aparentemente, el brazo ejecutor del Escudo de las Américas para el Cono Sur, una alianza continental de seguridad impulsada por Estados Unidos (a la que Trump no invitó a Uruguay) para coordinar acciones contra el narcotráfico y el crimen organizado, que recibió críticas de la izquierda y cuestionamientos a intentos de la soberanía de los países.
El guiño a sus votantes
En otro gran desafío se juega en el Parlamento y es conseguir los dos votos que le faltan en la Cámara de Diputados para la aprobación de la Rendición de Cuentas.
El proyecto con el que se intentó contentar al votante desanimado busca priorizar la primera infancia, la seguridad, las personas en situación de calle y la educación.
Para ello se previeron reasignaciones por US$ 46 millones y un aumento del gasto de US$ 31 millones. Esos fondos se consiguen con un recorte de US$ 10 millones en el Instituto Nacional de Colonización y otro de US$ 5 millones en tres años en el rubro viajes y protocolo, a lo que se sumará la aplicación del Impuesto Específico Interno (IMESI) a los autos eléctricos de determinado valor con lo que, según el ministro de Economía Oddone, se conseguirán US$ 16,5 millones. El resto se completa con los impuestos que fueron votados en 2025 (el "impuesto Temu", el Impuesto Mínimo Global y el gravamen de IRPF a los incrementos patrimoniales derivados de activos en el exterior).
La esperanza de todo el oficialismo está puesta en las transferencias para la primera infancia, ya que todos los partidos la tuvieron entre sus promesas de campaña electoral pasada, y en la seguridad, que también fue prioridad pero en la que se prevé una ardua negociación.
En el video que publicó Orsi decía tener “plena conciencia de lo que falta y de los problemas que siguen golpeando duro”.
Falta que, de una vez, los resultados se empiecen a ver y que se reduzcan los errores. Para eso, el presidente necesita un trabajo más coordinado con sus ministros. Y aunque toda vez que se ha cuestionado a un ministro ha optado por respaldarlo y atornillarlo... ¿no habrá llegado el momento de hacer cambios en el gabinete?