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Cuidado con el sindicalista

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario

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01 de diciembre de 2017 a las 05:00

Por Pablo Carrasco, especial para El Observador

El acuerdo entre el gobierno y UPM para la instalación de una segunda planta de producción de celulosa ha unido a personas de diferentes bandos detrás de una misma pregunta: ¿Qué sucede si UPM finalmente no hace la planta luego que el Uruguay hizo toda su tarea? Creo humildemente que no es la pregunta correcta.

El Uruguay sin prisa pero sin pausa se ha ido transformando en un país hostil a la inversión no solo extranjera sino principalmente nacional. Para empezar compite desde el Banco Central por aquellos que tienen dinero para invertir, ofreciendo cual un drogadicto, deuda a una tasa de retorno indecente en sus diferentes opciones en pesos o unidades indexadas.

Para seguir, durante años ha abandonado la infraestructura necesaria a la producción agropecuaria y a la vida del interior del país de tal manera, que el Uruguay profundo se parece más a Angola que a cualquiera de sus competidores.

Ocupa el lugar 94 en el mundo en la facilidad para hacer negocios, aprueba un "artículo 15" en la última Rendición de cuentas que le otorga el derecho de pagar sus deudas cuando le venga bien y aplica tasas consulares que dinamitan su vocación por el comercio. Es uno de los países más burocráticos del hemisferio sur y acosa a sus productores de materias primas con impuestos ciegos.

La pregunta pertinente parece ser: ¿qué lleva a UPM a instalarse en Uruguay?

Un gobierno que ha alimentado el crecimiento de una dictadura sindical, asistiendo pasivamente y de manera casi cómplice, al vilipendio de la propiedad privada cuando se le pide al empresario que invierta, asuma de manera exclusiva los riesgos pero que al momento de decidir se sujete al veto de minorías sindicalizadas, a la invasión de su propiedad y la paralización de su actividad.

La pregunta pertinente parece ser: ¿qué lleva a UPM a instalarse en Uruguay? En Brasil los árboles crecen 45 metros cúbicos por año y en Uruguay 25. La zona franca para nuestro vecino norteño incluye los montes y la tierra y aquí no; el aprovechamiento de la tierra plantada es el 90% y en Uruguay el 65%; la distancia planta-montes es la mitad que en Uruguay. ¿Por qué se quiere transformar en el responsable de un río Uruguay que recibe hace años 5.000 kg de fósforo por día siendo que la planta verterá solo 120 kg?

Es probable que lo quiera hacer porque ha invertido ya millones de dólares en producción forestal para esta eventualidad. Esto lo hizo durante los mismos años en que el gobierno abandonaba a su país productivo.

Parece claro entonces que la parte poco confiable de este acuerdo no es UPM. Ya hicieron una planta que en su momento fue la mayor del mundo y ya probaron que no contaminan produciendo.

La empresa está dispuesta a esperar que el Uruguay vuelva a ser un país normal para invertir y marca la agenda sobre lo que necesitamos todos los uruguayos para poder volver a creer en nuestro futuro. La empresa está dispuesta a esperar que el Uruguay vuelva a ser un país normal para invertir y marca la agenda sobre lo que necesitamos todos los uruguayos para poder volver a creer en nuestro futuro.

Cuando usted quiere hablar con alguien que se encuentra en su casa pero para ello debe saltar un canal servido y arriesgar la vida con un pitbull suelto en el patio, es probable que antes de empezar la conversación pida un tablón para cruzar el canal y que aten al perro. Pues UPM necesita un tren como tienen los países normales y que aten al sindicalista para ingresar a nuestro domicilio.

La empresa está dispuesta a esperar que el Uruguay vuelva a ser un país normal para invertir y marca la agenda sobre lo que necesitamos todos los uruguayos para poder volver a creer en nuestro futuro. Esto lo hace porque aun con todos sus problemas este es un país de un gigantesco potencial. Sus antecedentes solo ayudan en nuestros reclamos y muestran el camino para aplicar en el desarrollo de la granja, en la educación y en tantos otros temas. No lo desperdiciemos adoptando una actitud de resentimiento que suena más a celos adolescentes que a la advertencia sobre un peligro real.

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