El Foro Económico Mundial (WEF) de Davos que terminó el sábado rezumó este año conciencia ecológica y da cada vez más cabida a contenidos sociales, pero sigue siendo un punto de encuentro reservado a la élite económica mundial.
Los actores, unos 2.400 invitados de 90 países, la mayoría jefes de multinacionales pero también 24 jefes de Estado y de gobierno, 85 ministros, dirigentes de organismos internacionales, estudiosos y miembros de la sociedad civil, sólo pueden acudir por invitación del fundador del WEF, el alemán Klaus Schwab, y este año han tenido que abonar 28.000 dólares para asistir.
Además empezó con el optimismo que insufló el anuncio del presidente estadounidense, George W. Bush, de que pretende sustituir el 20% del combustible utilizado por etanol, lo que fue alabado por el primer ministro británico.
Brasil se alegró porque esa decisión beneficiará a su país, según el ministro de Industria, Fernando Furlan, que asegura que él fue quien trajo a Davos el tema de los combustibles ecológicos, ya que "antes no había cultura de biocombustibles" en la escena internacional.
"Ha habido un proceso de transformación del WEF que se percibe por el hecho de que Karl Schwab haya creado una fundación para apoyar a los emprendedores sociales", estima el brasileño Rodrigo Baggio, que describe que "en muchos debates hay un representante social, hay temas medioambientales y sociales".
El elitismo de Davos provocó hace unos años la reacción de las organizaciones sociales, que fundaron en 2001 el Foro Social Mundial (FSM) en Porto Alegre (Brasil).
Lula "trajo el foro social a Davos" cuando en 2003 pronunció el mismo discurso en Davos en Porto Alegre, asegura su ministro Furlan.
"Estamos hablando del cambio climático" pero los invitados al foro "vienen en avión privado, en helicóptero o en grandes todoterrenos", lamenta.
(AFP)