5 de junio 2015 - 5:00hs

"El ballet es el diálogo con el cuerpo, no ser un gimnasta. La gente que se destaca es porque tiene algo que le brota de adentro". La frase, dicha por la exbailarina y coreógrafa Sara Nieto, en una entrevista concedida a El Observador previa al estreno de Giselle, resulta justa para describir los que requiere interpretar esta pieza cumbre del romanticismo. Giselle es un hito de la danza no solo por la técnica y teatralidad que implica, sino por la dificultad de corporizar un universo que se convirtió en la quintaescencia del ballet.

En el estreno, el viernes pasado, de la última producción del Ballet Nacional del Sodre (BNS), con María Noel Ricetto y el brasileño Gustavo Carvalho en los roles principales, ambos bailarines, así como todo el cuerpo de baile, demostraron estar a la altura de este clásico. Pero por la magnitud de su papel es Riccetto, de 35 años, la que tuvo el peso de la obra sobre sus hombros, y quien logró conferir a Giselle de una expresividad y entrega conmovedoras.

No obstante, el cuerpo de baile dirigido por Julio Bocca tiene un nivel que le permite gozar de varias figuras, que se van alternando los roles protagónicos de la obra hasta su última función, el 12 de junio.

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La historia

Como su antecesora La sílfide (1832), Giselle narra un amor trágico entre un hombre y una joven bella y fantasmal. Estrenada en 1841 en la Ópera de Paris, con libreto de Théophile Gautier y Jules-Henri Vernoy, basada en De l'Allemagne (1835) de Heinrich Heine, la obra cuenta la historia de una campesina de salud delicada, quien conoce a un conde que la engaña y la enamora, pese a estar prometido en realidad a la hija del príncipe.

Al descubrir la mentira Giselle enloquece y se convierte en una Willy, nombre dado a los espíritus de mujeres que mueren sin haber sido correspondidas en su amor. Las Willys viven en el bosque con sus vestidos de novias y sus velos espeluznantes, y vagan eternamente en busca de hombres para hacerlos bailar hasta morir.

Riccetto estuvo lejos de los movimientos gimnásticos que preocupaban a Nieto. Esta, además de estar a cargo de la coreografía, según el original de Jules Perrot, Jean Coralli y Marius Petipa, interpretó el rol de la madre de la protagonista, el único de la obra que le quedaba por hacer en su carrera. La primera bailarina del BNS logró trasmitir mucho más que movimientos bien ejecutados.

Riccetto condensó el amor, la locura y finalmente su lucha entre el perdón y el dolor como Willy con la suavidad y fineza de su baile. Pero lo realmente perdurable fue que transmitió el pesar de ese amor torturado en escena, en uno de los roles más complejos e icónicos del repertorio del ballet, con el que recientemente se retiró Paloma Herrera del American Ballet.

En el marco del 80 aniversario del cuerpo de baile del Sodre y en coincidencia con los cinco años de Julio Bocca al frente de la compañía, también actuaron los exbailarines Julio Minetti y Rossana Borghetti.

Ballet histórico

A diferencia de la puesta de 2010 de Giselle, que representó la primera obra de Bocca al frente del BNS y en la que se utilizó escenografía y vestuario en préstamo del Teatro Colón, la de este año estuvo nuevamente a cargo de Hugo Millán. El ganador del Florencio en 2003 por El vampiro del jockey (El errante de Nod), otra vez ha vuelto a realizar una gran labor luego de sus puestas El lago de los cisnes y El corsario, entre otras. La iluminación de Claudia Sánchez fue otro de los logros del espectáculo, y en su trabajo destacaron detalles como los de las luciérnagas o los fantasmas que se movían y parecían evaporarse.

Ambos consiguieron que el primer acto en el bosque, los colores en tonos ocres y pastel parecieran fusionarse con el ambiente otoñal y festivo, en el que los bailarines se asemejaban a hojas en movimiento.

El segundo acto no goza del colorido y la alegría del primero, pero es sin dudas el más trágico y hermoso. Muy destacado fue también el desempeño de Gabriela Flecha como Mirtha, la reina de las Willys, quien logró combinar la fiereza y gracia propia de su personaje, y que junto a sus compañeras, enfundadas en sus tutús largos, protagonizó algunas de las escenas más inolvidables de la historia del ballet.

Giselle

Días: Martes a sábados a la hora 20 y domingos a las 17.

Localidades: de $ 150 a $ 790.

Coreografía: Sara Nieto, según original de Jules Perrot, Jean Coralli y Marius Petipa.

Música: Adolphe Adam, interpretado por la Orquesta Filarmónica de Montevideo.

Temas:

Giselle ballet Sodre Julio Bocca María Noel Riccetto

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