20 de septiembre de 2013 20:39 hs

La Sao Paulo Companhia de Dança entró no solo con el pie derecho en su primera visita a Uruguay, sino que lo hizo de la mano de tres coreografías desafiantes que demostraron el excelente nivel de sus bailarines. Lo que es notable, además, es que la compañía creada por el gobernador del Estado de San Pablo y dirigida por Inés Bogéa, haya logrado en tan solo cinco años de existencia ejecutar con soltura tres obras muy diferentes entre sí, pero que comparten la particularidad de exigir una gran musicalidad, velocidad y plasticidad de movimientos.

Este jueves, la agrupación brasileña presentó a sala llena en el auditorio del Sodre tres obras contemporáneas: Bachiana Nº 1, del coreógrafo de Belo Horizonte Rodrigo Pederneiras; Supernova, del alemán Marco Goecke, y Por vos muero, uno de los trabajos más destacados del español Nacho Duato. Las dos últimas funciones de este programa se realizarán hoy y mañana.

La noche comenzó con Bachiana Nº 1 (2012), obra del exbailarín del Grupo Corpo. La música fue compuesta por Heitor Villa-Lobos en 1930 para un conjunto de ocho violoncellos, y es una fusión del folclore brasileño con un estilo que toma como base a Johann Sebastian Bach. La pieza destacó por el movimiento ondulante y entrecortado de los cuerpos de los bailarines, en una mezcla de lo autóctono con lo contemporáneo, y por el bello pas de deux en el que una pareja vestida con enterizos color piel exploró sus cuerpos a partir de una coreografía de encuentros y desencuentros de gran dramatismo.

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La segunda pieza Supernova (2009) –el nombre que se le da a la explosión de estrellas– fue la más destacada de la noche, tanto por la originalidad de Goecke, actual director del Stuttgart Ballet, como por el increíble repertorio de movimientos de los que hizo gala el cuerpo de baile brasileño, desde los dedos de las manos hasta las puntas de los pies.

El auditorio expresó su sorpresa con el efecto de la lluvia de sal que desparramaron los bailarines al inicio de la Supernova. Alternando el silencio, con el sonido de los cuerpos y música de jazz, la obra dejó un sinfín de imágenes impactantes, con movimientos espasmódicos, pasos cortos y la vibración de los cuerpos. Por momentos los bailarines parecían estrellas fulgurantes, que despliegan su luz con la intensidad y el desazón de quien conoce su pronta finitud, pero por otros parecían emular a insectos, autómatas e incluso a los extraterrestres con fisonomía de cangrejos de Space invaders. Especialmente destacable fue el trabajo de manos hecho por los bailarines, los fundidos a negro con el escenario y la estética entre futurista, apocalíptica y absurda.

El final llegó de mano de Por vos muero (1996), de Nacho Duato, coreografía que se presentó en el Teatro Solís en 2009 cuando el actual director del Teatro Mijáilovski de Moscú vino junto la Compañía Nacional de Danza de España. La obra es un bello homenaje del valenciano a la danza tradicional española y usa música del Siglo de Oro español y versos de Garcilaso de la Vega recitados por Miguel Bosé. Duato realiza un trabajo notable en su manera de reinterpretar lo antiguo desde lo moderno. La compañía ejecutó con agilidad y fluidez esta obra nacida desde la alegría atemporal que brinda la danza.

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