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14 de septiembre 2023 - 13:04hs
Archivo newsletter mundial de rugby

El martes iba camino de Lille a París en el tren TGV, que une todo Francia en unas pocas horas. El presidente de la República Luis Lacalle Pou estaba llegando a la capital para un evento organizado para el Mundial de Rugby. El jueves va a entrevistarse con su par francés Emanuel Macron en el Palacio de los Elíseos, y de ahí se van juntos a Lille para el partido entre Francia y Los Teros a las 21 local, 16 de allá de Montevideo.

En la estación de Lille Europe compré L’Equipe, el principal diario deportivo francés, y hablaban de los cambios que va hacer el entrenador Fabien Galthie, de la colaboración que le está dando al equipo el referee internacional Jerome Garces.

Ahora es miércoles a la noche en Lille, mientras termino de armar esta newsletter del Mundial de Francia para que te llegue a tu casilla. Y por un momento pienso: ¿cómo llegamos hasta acá? ¿Por qué el rugby uruguayo, pequeño incluso em su escala competitiva para el pequeño Uruguay en número de jugadores y clubes (mil jugadores mayores, 20 y pico de clubes en todo el país) está disputando, por quinta vez y tercera consecutiva, la Copa del Mundo de rugby, uno de los eventos deportivos más importantes del planeta?

Los que estamos cerca del deporte tenemos la historia clara. Pero este evento suele acercar a muchos, uruguayos o extranjeros, que no tienen por qué seguir de cerca la evolución de Los Teros o del rugby uruguayo. Por eso te quiero hablar, a 24 horas del partido, de las razones que explican lo que veremos mañana.

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¿Amateurs? Lindo, pero pasó

Archivo La histórica victoria ante Fiji marcó un quiebre

A esos que se suman por estos días al rugby les puedo contar que aquel cuento romántico de los valientes amateurs que pelean contra los super profesionales ya no corre más. Era una hermosa narrativa, fácil de entender, especialmente en el país de Maracaná. Y no es que Los Teros se hayan convertido en súper profesionales, en una potencia mundial. Pero hoy sí, por primera vez, son un equipo 100% profesional.

 En 2019 había alrededor de 18 profesionales, algunos de los cuales jugaban en Europa y otros habían sido contratados un año antes por la Unión de Rugby del Uruguay (URU) para poder dedicarse full time en ese tiempo hasta el Mundial. Otros recibieron viáticos en los últimos tres meses previos  a aquel torneo. Difícilmente se podía calificar a ese grupo profesional, pero así y todo era lo mejor preparado que había estado un equipo en la historia. Y esa preparación alcanzó para shockear al mundo, ganándole a Fiji 30-27, en uno de los golpes más sorprendentes en la historia de los mundiales.

La transformación: Super Rugby Américas y Peñarol

Archivo Peñarol rugby es bicampepón del Super Rugby Américas

Pero lo de los últimos cuatro años fue un paso más. Lo hicieron con el proyecto Peñarol Rugby, que fue la herramienta con la que la Unión de Rugby del Uruguay (URU) pudo darle competencia a esos 30 o 40 jugadores que no tenían contratos en ligas profesionales europeas. Para poder ser profesionales tenían que tener un equipo, una competencia, y un sueldo.
 
Todo eso se terminó concretando en la Superliga Americana de Rugby (hoy Super Rugby Américas). Fue la estrategia regional para que Sudamérica tuviera por fin un torneo regional profesional. No es algo extraño en el Rugby: salvo el Top 14 francés o la Premiership inglesa (que sufre una crisis tal que llevó a la quiebra a dos equipos esta temporada) el resto de los principales torneos del mundo son Crossborder, o sea, de más de un país.

La estrategia Peñarol ha dado sus frutos hasta ahora, sobre todo adentro de la cancha, donde el equipo ha sido campeón dos años consecutivos y finalista el anterior. Afuera de la cancha aún le falta para convocar como era la idea original, aunque es indudable que ha aumentado el radio de llegada del rugby.
 
Pero más allá de títulos o finales, el profesionalismo ha hecho florecer jugadores. Algunos se han transformado físicamente en estos últimos de forma muy visible. Dicen los que saben que el trabajo del Centro Charrúa  no tiene mucho que envidiarle a las potencias.

 ¿Eso significa estar palmo a palmo con Francia o Nueva Zelanda, o que sea favorito ante Italia? No, el rugby es un deporte muy lógico en ese sentido,  y los escalones son difíciles de subir. En este tiempo, Uruguay ha hecho todo lo que puede para acercarse, en lo físico, y en el tiempo que los jugadores le pueden dedicar a la alta competencia, que no solo es jugar y entrenar si no tener el suficiente tiempo para que el cuerpo descanse y se reponga. Aunque profesionales, sigue siendo un David vs Goliath.
 
¿Qué es lo que falta? Lo principal es competencia regular contra los mejores. Ahí es dónde la parte deportiva se da contra un muro político. Y la fría política dice que las potencias, o como decimos en el rugby, los Tier 1, no quieren jugar contra los países más pequeños, o Tier 2.

Nos miran de reojo

AFP Raphael Ibañez

Ese mismo debate se está dando hoy durante el Mundial de Rugby. Algunas goleadas (Irlanda 82-8 a Rumania, Italia 52-8 a Namibia) han generado críticas sobre las diferencias en el torneo, e incluso han ido más allá, cuestionando la expansión prevista a 24 equipos (en principio para 2031).
 
El planteo de las potencias tiene lógica si se mira de forma aislada: el deporte se ha super profesionalizado en preparación de los jugadores y puesta en escena, pero a las Uniones les cuesta conseguir el suficiente dinero para bancar todo eso. Por eso necesitan más recursos. Lo que quieren es jugar más entre ellos, solo entre ellos. A Inglaterra recibir a Nueva Zelanda le significa agotar entradas y sumar mucho dinero en derechos de TV: jugando con Uruguay no cubre ni un 10% de todo ese dinero.

Mientras tanto, los países pequeños claman por competencia. Y miran con pavor como World Rugby está a punto de concretar una competencia que terminará de dejarlos fuera de la mesa: la Liga Mundial, o Copa de las Naciones, que se prevé disputar entre los seis equipos del Seis Naciones y seis del Rugby Championship (los cuatro de ahora más Japón y Fiji), sin ascensos ni descensos entre 2026 y 2030. Eso estiraría la brecha entre grandes y chicos aun más, y sería retroceder al menos 10 años.
 
No es que haya faltado batalla política. El tema fue uno de los grandes debates alrededor de la última elección de World Rugby, entre el inglés Bill Beaumont y el argentino Agustín Pichot, que tiene al uruguayo Sebastián Piñeyrúa, presidente de Sudamérica Rugby, como su principal socio político. Ganó Beaumont y con él llegaron algunos premios a las islas del Pacífico, que sumaron votos clave para su triunfo. Particularmente la nueva ley que permite que un jugador pase de una selección a otra si transcurren tres años sin jugar en la primera, siempre que tengan lazos de sangre con la segunda. Eso abre la puerta a cientos de jugadores de Australia o Nueva Zelanda, con descendencia tongana o samoana, que ahora pueden jugar por el país de sus padres, sin que esas federaciones hayan invertido medio dólar en ellos.
 
A ese convulso panorama del rugby Mundial llegan Los Teros. Con un solo antecedente ante un equipo top 10 en 4 años: un test match en noviembre de 2021 ante Italia, que fue derrota 10-17 en Parma

En el fondo todos saben que la mirada global  es la única sostenible a largo plazo. Como dijo Pablo Lemoine, uruguayo y DT de Chile, en esta entrevista: el mercado de galeses, ingleses o irlandeses no va a crecer. El rugby, si quiere crecer, tiene que buscar nuevos mercados. Y no es haciendo lo mismo de siempre, jugando entre los 10 de toda la vida. De hecho Chile, con un esquema casi espejo con el uruguayo, fue el mejor de los tier 2 hasta ahora: en su debut en los Mundiales le hizo partido durante 65 minutos a Japón, pero terminó perdiendo 42-12.
 
El miércoles le pregunté del tema a Guzmán Barreiro, director de alto rendimiento de la URU y asistente técnico del DT Esteban Meneses. Su respuesta fue muy clara.

Quienes miramos todo sabemos la importancia de ser competitivo contra los Tier 1, que vean un equipo con el que pueden competir. Y también que nos vean quienes toman decisiones, que un mundial de 20 es un poco corto, y que se debe seguir incrementando porque estamos preparados para presentar un espectáculo divertido, atrayente. Pero para llegar a eso necesitamos más competencia. Es la disyuntiva del huevo o la gallina. Si no tenemos más competencia es difícil ponernos a tiro cada cuatro años, y mucho para más quienes no llegan a esta instancia. Debemos levantar la bandera para que ellos puedan ganarse su lugar”.

Cuando le hice la misma pregunta a Raphael Ibañez, jugador histórico de Francia y hoy manager, desvió el tema:

Es un asunto muy delicado, los jugadores deben estar concentrados en el juego, en el rival. Ese es un asunto de la política. Uruguay está presente en el Consejo Mundial, es el mejor de las Américas. Eso es todo lo que voy a decir del tema.

Todos saben que jugar es la única forma de achicar diferencias. No debería ser heroico que Los Teros se planteen ganar a Italia, pero lo es en este esquema. Han hecho casi milagros para poder estar en posición de lograrlo.  Y si lo logran, serían un golpe al mentón del statu quo.

Más notas de la cobertura

Uruguay XXI Lacalle y el presidente de la URU, Santiago Slinger

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