Hace 12 años Megan Peacock trabajaba en una oficina en California, Estados Unidos, con archivos de grandes empresas. Pero con gusto por el trabajo artesanal y habiendo estudiado arte en la universidad un día decidió hacer un curso de hilado, que sin saberlo, cambiaría su vida por completo, llevándola de los edificios de California a los campos de Garzón.
El curso de hilado duró dos horas, allí, con una rueca, aprendió cómo trabajar con la fibra de lana, con tinturas y datos sobre la producción lanera. Ese día le enseñaron la técnica pero lo que le quedó claro es que para perfeccionarla solo hacía falta práctica, por eso se compró su propia rueca y comenzó lo que sería su camino en el mundo de la lana.
Cumpliendo un sueño
Según contó a El Observador, siempre había soñado con poder tener un campo y vivir en el medio rural, las ovejas siempre le gustaron pero hasta el momento no las había pensado como una realidad productiva.
Un día convenció a su familia y con la mira puesta en hacer realidad ese sueño, empacó sus maletas, su rueca y un cardador mecánico con el que peina la lana, y se mudó a Uruguay. De eso ya pasaron 10 años, hoy Megan dirige junto a sus padres el establecimiento La Piccolina, donde producen olivos y aceite, crían ovinos Criollos y cerdos.
Analía Pereira
Junto con la rueca, Megan compró un cardador mecánico.
En un predio de 43 hectáreas la producción agropecuaria de esta familia comenzó guiada por los principios de la permacultura, en busca de desarrollar un ecosistema natural que fuera diverso. Con ese objetivo, experimentando y aprendiendo en la práctica fue que la producción comenzó a crecer.
Analía Pereira
En La Piccolina producen lanas, cerdos y olivos.
Aprendiendo sobre la marcha
Cuando llegaron al campo, en el predio había un bosque de eucaliptos y un pequeño olivar, pero los árboles de olivo estaban cubiertos de malezas y “casi abandonados”. Por eso, la familia invirtió y realizó un arduo trabajo para recuperar lo que hoy “es la piedra angular” de La Piccolina, explicó.
Analía Pereira
La Piccolina está ubicada en Garzón.
“Yo quería un campo, me mudé con la idea de trabajar del campo porque era lo que yo quería y ahora lo puedo hacer”, añadió la ahora productora rural, que ha ido aprendiendo sobre la agropecuaria uruguaya con la ayuda de técnicos, amigos productores y mucha práctica. Al principio parte del trabajo fue a prueba y error.
En la cría de ovinos probaron varias razas, pero en el proceso algunos animales murieron. La primera raza con la que trabajaron fue Romney, luego Corriedale, pero la humedad que tenía el campo en el suelo no ayudó a su desarrollo, por lo que comenzaron con la cruza. Primero probaron con Corriedale, luego con Ideal, hasta que conocieron la raza Criolla y Megan entendió que esa era la mejor para ella.
Analía Pereira
En La Piccolina trabajan con ovinos Criollos.
Hasta el momento nunca había trabajado con animales, por lo que el apoyo de veterinarios y técnicos fue muy importante, con ellos fue tomando experiencia, aprendiendo sobre lo que necesitan las diferentes especies y razas y entendiendo detalles de la producción que se adquieren en la práctica.
Actualmente la majada de La Piccolina tiene 87 ejemplares Criollos. También hay 5.000 árboles de olivo, de las variedades Arbequina y Picual, y varios cerdos ibéricos, de una población que comenzó en 2015 con tres vientres y un macho. También hay un gallinero en el que crían pollos que, según detalló, ayudan a manejar las tareas de compostaje.
En el predio también hay una huerta en la que la familia produce varias hortalizas, como tomates, zanahorias, papas y frutillas. Las cosechas de la huerta, que está próxima a la casa, se destinan para el consumo familiar y según indicó la productora, “aprender a cultivar sobre la marcha ha sido una auténtica aventura”.
Analía Pereira
Megan Peacock aprendió a trabajar la lana en un curso que realizó en Estados Unidos.
El hilado es de las tareas que más disfruta. La esquila la hace un trabajador del establecimiento y ella se encarga del lavado, el secado y todo el proceso para que la lana esté pronta para comercializar, en madejas o en productos que ella misma hace.
Según confesó, en el tejido encuentra relajación y su estado de ánimo se refleja en los puntos que une. El crochet, por ejemplo, es algo que ha intentado hacer pero con lo que no ha tenido éxito, “me pongo nerviosa y los puntos quedan todos apretados”, contó, porque de cierta forma somatiza en el tejido.

Un blog rural
La vida de Megan en el campo es muy diversa, las tareas son varias y la experiencia, según expresó, ha sido muy enriquecedora.
En la página web del establecimiento, esta mujer rural ha compartido sus vivencias en el campo desde que llegó a Garzón, en un blog en el que escribe, en inglés y en español, los mejores momentos, las buenas cosechas y los días de disfrute, así como también los errores y las dificultades a las que se ha enfrentado.
Analía Pereira
El hilado es de las tareas que Megan disfruta más.
En el blog de La Piccolina se puede conocer la historia de esta familia, contada desde lo más íntimo, con la alegría, la sorpresa y hasta la frustración de lo que ha sido su día a día desde que llegaron de California. Los seguidores del emprendimiento han podido leer y aprender de sus experiencias, por ejemplo, cómo construyeron su primer gallinero; el cuidado que debieron hacer de unos lechones a los que la madre aplastó con el cuerpo cuando eran recién nacidos; cómo enfrentaron su primer déficit hídrico o la vez que llovió tanto que el corral para los cerdos, que ellos mismos habían costruido, “se transformó en un lago”; también cuando cosecharon sus primeros tomates; cómo hicieron para que las hormigas no se coman las plantas de olivo; o cuando debieron viajar a Montevideo a comprar cajones y elementos para la cosecha de olivos porque la producción fue tan grande que no bastaba con las herramientas que tenían.

Su vida rural está reflejada en la pantalla, en una especie de diario digital que además de compartir con quienes quieran conocer el establecimiento, le recordará en el futuro sus primeros pasos en el campo.
Junto a El Observador reflexionó sobre su vida en Uruguay y expresó que está segura de que mudarse al campo es de las decisiones más acertadas que ha tomado. “Yo quería mi campo y mis ovejas y ahora lo tengo”, dijo.
Compartir experiencias Hoy Megan es socia de la Cooperativa Agraria Limitada de Maldonado (Calima), una gremial que nuclea a los productores rurales de Maldonado y que forma parte de las Coopertivas Agrarias Federadas (CAF). Junto a Calima Megan ha aprendido a comercializar sus productos, tejidos y lanas, con la marca La Piccolina.
Analía Pereira
En la Expo Rural San Carlos Megan explicó cómo trabaja la lana en su establecimiento La Piccolina.
En el marco de la Expo Rural San Carlos Calima le dio a Megan la oportunidad de enseñar su trabajo al público, y fue una de las grandes novedades del stand de la gremial. Durante la exposición, con mucha tranquilidad, buena disposición para explicar y descalza, la productora hiló en vivo, lo que llamó la atención de muchas personas, que la rodearon atentos a cómo trabajaba la lana.