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Del romance a la grieta entre el campo y Mauricio Macri

Nuevos ruidos en torno a cambios impositivos continúan enrareciendo la relación de las gremiales del agro con el gobierno

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25 de octubre de 2018 a las 17:10

Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

El gobierno de Mauricio Macri abrió otro frente que sigue agriando la relación con un sector agropecuario que se va desilusionando con una administración que, desde el inicio, tuvo el apoyo del campo. La cada vez más activa Mesa de Enlace le volvió a marcar los puntos al Poder Ejecutivo, mientras la Sociedad Rural Argentina (SRA) destacó el aumento del peso impositivo sobre el agro en el último año.

Tras el mazazo de la reinstalación de las retenciones para los cereales y las exportaciones en general, se sumaron ahora idas y venidas con cambios impositivos en el proyecto de Ley de Presupuesto que encendieron nuevamente las luces amarillas en el campo.

El gobierno propuso eliminar la exoneración del pago del Impuesto a los Bienes Personales a los propietarios de campos.

En principio, subió el monto imponible de US$ 28.800 a US$ 54.800 subiendo la alícuota al 0,75% para los campos con un valor superior a los US$ 548.000.

Hasta ahora los propietarios pagaban el Impuesto de Ganancia Mínima Presunta que podía cancelarse a cuenta del pago del Impuesto a las Ganancias. Con el cambio, deberían pagar por ambos impuestos.

La Comisión de Enlace –que agrupa a las principales gremiales agropecuarias– puso el grito en el cielo porque este cambio “se combina con el aumento que tuvo la valuación de los campos que, en algunos casos, llegó a de entre 10 y 20 veces el valor fiscal original”.

Se advirtió porque este cambio pegaría de lleno en el mercado de arrendamientos, en la medida que los dueños trasladarían el aumento de la carga impositiva al precio de los alquileres.

En las últimas horas, desde el oficialismo se reaccionó y se establecería que se pueda descontar el Impuesto de Bienes Personales del pago de Ganancias.

Mayor peso de los impuestos

En medio del debate parlamentario, la SRA publicó un informe destacando el aumento del peso de los impuestos sobre el resultado económico de los principales cultivos con los últimos ajustes tributarios, especialmente con el cambio en las retenciones. Se tomaron los números en mayo –antes del cambio en las retenciones– y en octubre.

En trigo, el cambio en las reglas de juego encontró al productor con el cultivo implantado. En mayo los impuestos eran equivalentes al 72% del resultado y, tras el ajuste en las retenciones –que las llevó de cero al entorno de 10% para los cereales– el peso de los tributos se elevó al 84%. En soja el peso de los impuestos en el resultado del agricultor pasó de 83% en mayo a 90% en octubre. Y en maíz la carga impositiva subió de 79% del resultado en mayo a 91% en octubre.

Los ajustes en la política de retenciones hicieron perder a los cereales el atractivo frente a la soja. En un escenario de restricciones al financiamiento, estos cambios afectaron la intención de siembra del maíz, un cultivo que requiere una inversión superior a la soja. Ya en las proyecciones de las principales bolsas de cereales se corrigió a la baja la estimación sobre el crecimiento del área que tendrá el cereal para la campaña 2018/2019.

Si a esto se suma el déficit hídrico en provincias como Córdoba, es posible que una parte del área de maíz prevista pase a soja, interrumpiendo la tendencia a un mejor esquema de rotaciones.

Desde las gremiales hay alerta también por la facultad que se daría al Poder Ejecutivo para llevar las retenciones a la soja a un máximo de 33%. Los dirigentes cuestionan que –en pos de equilibrar las cuentas fiscales– el gobierno suma presión impositiva sobre la actividad agropecuaria sin ir a un recorte efectivo en el gasto del Estado. Y que los responsables del equipo económico asumen todas las decisiones sin el contrapeso necesario del Ministerio de Agroindustria. 

Algunos estan a tiempo de ajustar la inversión

En el caso de los cultivos de verano de siembra temprana los cambios impositivos se dieron en el momento que la decisión estaba tomada. Para las siembras tardías, el productor puede aún ajustar su inversión de cara al nuevo escenario.

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