La idea inicial comenzó como la tesis de ingeniería industrial de Alejandro Rodríguez (29) y tres compañeros más, en 2008. El padre y el tío de Rodríguez son productores frutícolas en San José. El estudiante notó que la comercialización de las manzanas era un trabajo complejo. “Es muy complicado trabajar con este producto porque es muy perecedero y hay que cuidarlo muchísimo”, señaló Rodríguez. Además mantenerlas en buen estado para exportar es muy difícil, y a lo largo del año los precios van cambiando , agregó el emprendedor. El proyecto de industrializar rondaba sus cabezas desde hacía tiempo.
La idea quedó como un proyecto final de carrera hasta que, en el año 2011, Rodríguez y su esposa hicieron el viaje de Ciencias Económicas. Mientras estaban en Alemania, visitaron una feria de productos deshidratados y se dieron cuenta de que ahora algo que en Uruguay no existía. “Les pregunté cómo se producían esos productos, y como nadie me contó tomé el desafío de hacerlo por mi cuenta”, recordó Rodríguez.
Al regresar, desempleado y con la idea en mente, Rodríguez armó un proyecto de inversión y comenzó a investigar los productos que podía hacer con la manzana. “Vi que había muchas opciones, y en función de un estudio de mercado internacional vimos que lo mejor era el deshidratado”, comentó Rodríguez. contaba con la materia prima: se decidió exportar lo premium y deshidratar lo que tiene algunos detalles de color o tamaño que lo hacen poco atractivo. “Después de todo lo que interesa es que la pulpa esté bien”, apuntó. Fue así que nacieron los snacks de manzanas deshidratadas Delichips.
Desafíos en el camino
Conseguir apoyo técnico no fue tarea fácil. “En los laboratorios el tema de deshidratados suena bastante porque saben que es un buen producto y que se conserva bien. Me contacté con el LATU como el Foro Tecnológico, que fueron los laboratorios,porque ayudan a desarrollar proyectos innovadores”.
Por cuestiones de infraestructura Rodríguez comenzó a trabajar con el LATU, usando el laboratorio para probar las diferentes formas de preparar el producto, y trabajando con diferentes asesores que lo ayudaron a trabajar las áreas del negocio.
Conseguir el apoyo financiero fue más complicado. “Primero busqué un préstamo por parte del BROU para comprar la maquinaria, pero no lo conseguí porque pedían la garantía de un campo, entre otras cosas, y esos trámites demoraban demasiado tiempo”, recordó.
Rodriguez quedó “indignado” con las dificultades del financiamiento, porque se topó con que si no se tiene un respaldo muy grande en efectivo o bienes que se puedan hipotecar es muy difícil llevar adelante un proyecto, sobre todo uno que implica desarrollar algo de cero.
“Al final, el banco Santander accedió a un préstamo personal que nos dio para comprar la maquinaria, y el resto del dinero lo puso un inversor privado”, apuntó.
Viento en popa
Si bien Delichips comenzó hace dos meses, y es un proyecto a largo plazo, Rodríguez ve el futuro con optimismo. “Nuestro producto tiene la ventaja de no tener competencia en el mercado, es sano y está bien elaborado”, comentó.
A comienzos de año se dedicó a montar la planta y a ajustar el proceso. Delichips comenzó a producir tras generar un pequeño stock a partir de la cosecha de la zafra del verano.
“Lo que hacemos es a pequeña escala, pero nos está yendo muy bien”, agregó Rodríguez, “nosotros nos encargamos de todo, cosechamos la fruta, la procesamos y nos encargamos también de la distribución”.
El emprendedor reconoce haber incurrido en un error al principio de su proyecto: “en verano salió la ley de alimentación saludable en colegios, y pensamos que eso nos podía servir, entonces empezamos a trabajar en colegios y liceos, pero no nos funcionó. Después decidimos a cambiar el público objetivo, buscamos gente mayor que quiere contar con opciones saludables y naturales. En ese segmento sí se empezó a vender bien”, amplió.
Según Rodríguez todos los días conquistan cuatro o cinco puntos de venta nuevos, y a partir de esta semana se comenzarán a ofrecer los productos en Tienda Inglesa.
“Nos están llamando de muchos lugares, incluso desde el exterior. Estamos negociando para exportar a Paraguay, ya se llevaron el producto y están evaluándolo”, adelantó.
Aunque por ahora la escala que la empresa puede manejar es relativamente pequeña, cuenta con ocho personas y una planta industrial.
Gracias a la recepción que ha tenido el producto, Rodríguez planea montar una planta de mayor escala para el 2014.