Antes de que Uruguay sea la sede del partido inaugural del Mundial 2030, la humanidad tendrá que incorporar más de 60 millones de docentes para garantizar el acceso a una educación de calidad. Pero este campeonato —el de maestros y profesores para todos— viene perdiéndose por goleada: cada vez faltan más de estos profesionales y las proyecciones son desalentadoras. Es entonces que surge el nombre de una uruguaya: Denise Vaillant.
La oficina de esta doctora en Educación —la única en su disciplina en haber llegado al dream team de los investigadores locales— luce sin estridencias. Hay dos modestos escritorios en forma de “L”, tubos de luz de bajo consumo y unos papeles subrayados. Pero dentro de la computadora en la que se agenda las decenas de reuniones semanales, más precisamente dentro de la casilla de correo electrónico, hay un mensaje del mismísimo secretario general de Naciones Unidas: “bienvenida al Grupo de Alto Nivel sobre la Profesión Docente”.
Vaillant, junto a otras 14 figuras mundiales, tiene la responsabilidad de presentar antes de fin de año “una serie de recomendaciones, basadas en evidencia empírica, acerca de cómo cumplir con el objetivo de que cada estudiante cuente con un docente profesionalmente capacitado y calificado”. Y el desafío supone dar respuesta a la acuciante escasez de maestros y profesores para los próximos años.
En Uruguay, donde cada vez nacen menos niños y el sistema de enseñanza camina a reducirse una cuarta parte antes de ese Mundial de 2030, el déficit docente no es —paradójicamente— una excepción. Casi la mitad de los profesores de Secundaria dicta clases este año en liceos distintos a los que trabajó el año anterior. Más de una cuarta parte de los docentes tienen repartidas horas en varios centros educativos a la vez. La mitad de los profes de Física no cuentan con título y en Informática más del 60%. Y estos ejemplos uruguayos, en otros países escalan a cifras todavía más preocupantes.
“El Grupo de Alto Nivel sobre la Profesión Docente es un espacio privilegiado para debatir y definir estrategias que fortalezcan el papel de los formadores a nivel mundial”, había declarado la educadora uruguaya al portal del Instituto de Educación de la Universidad ORT Uruguay, del cual es decana. Ese “espacio privilegiado” de debate lo comparte con representantes de sindicatos de docentes, empleadores, organismos multilaterales, políticos y académicos.
Pese al nombre del grupo (Alto Nivel), Vaillant prefiere el bajo nivel de exposición en un debate educativo uruguayo que encuentra “estancado” y permeado “por intereses”. Ella ocupó cargos en la Administración Nacional de Educación Pública, fue formadora de formadores e incluso militante partidaria (antes en el Frente Amplio y ahora en el Partido Independiente). Pero, para el día a día, se siente “más cómoda” en sus zapatos de académica. Lejos de la coyuntura local. Fuera del ruido político.
Qué nivel
Cuando el profesor de Historia Germán Rama lideró su intento de reforma educativa, en la segunda mitad de los 90, se rodeó de un grupo de jóvenes —casi su mayoría de izquierda y no votantes del gobierno de turno— a quienes les encomendó la búsqueda de soluciones “fuera de la caja”. Entre esos jóvenes estaba Vaillant, quien puso el foco en los docentes.
Ya en sus estudios de grado, la hoy doctora en Educación se enfocó en la “formación de formadores”. Ella vivía en Suiza, a donde se había ido en medio de la dictadura, y conoció a un uruguayo exiliado. De regreso siguió con esa línea investigativa en Uruguay, más tarde en Canadá y ahora es parte de las referentes para una decena de países.
De eso se trata el tercer nivel de los investigadores activos. Si los científicos que se inician están haciendo sus primeras armas, si los de primer nivel son los que han desarrollado una línea de investigación propia en algún área del conocimiento, si los de segundo nivel han formado a otros investigadores, los de tercer nivel, como Vaillant, lograron que su trabajo cuente con un notorio prestigio internacional. Y ella es la única entre los cientistas sociales en haber alcanzado ese dream team en educación.
“Hay una tremenda contradicción entre el valor y la importancia que se asigna al docente en pro de una educación de calidad, que es el motor del desarrollo humano y económico de los países, la escasa valoración social de su trabajo e inadecuadas condiciones laborales para una ocupación con alto nivel de responsabilidad”, viene insistiendo Vaillant respecto a la profesión que acunó como objeto de estudio.
Una responsabilidad que, según las proyecciones de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto de Uruguay convierte a los docentes en uno de los sectores laborales con menor riesgo de automatización: no los sustituye un robot, un ChatGPT, o un curso enlatado que se dicta por YouTube.
De hecho, parte de los estudios que el equipo de Vaillant lideró durante la pandemia demostraron que la educación a distancia no es la panacea: “sirve, pero tiene sus falencias”.
Y ahora, ante este desafío, la uruguaya enfrenta una cuenta contrarreloj para darles una respuesta al mundo.