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Diego Forlán, la hora del adiós

Pocas veces en la historia del fútbol uruguayo el retiro de las canchas de un jugador generó tanta repercusión en los medios informativos como el del gran número 10

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09 de agosto de 2019 a las 05:00

Con los avances en la medicina y en las formas de entrenamiento, los deportistas profesionales han logrado alargar su vida útil. Por consiguiente, no es extraño ver a treintañeros destacarse por encima de otros deportistas una década más jóvenes que ellos. Obviamente, solo consiguen destacarse a esa edad, considerada tardía en los deportes, aquellos profesionales que supieron cuidarse y no tuvieron lesiones graves.

Hoy en día no hay un solo deporte en el cual no brille una estrella con treinta y pico de años de edad. Pruebas al canto. Días atrás el basquetbolista Vince Carter anunció que a los 42 años de edad acaba de firmar un nuevo contrato con los Hawks de Atlanta para jugar una temporada más en la NBA. Carter será el primer jugador en la historia de esa liga en jugar en cuatro décadas diferentes. Llegará a 22 temporadas y, por ende, superará el récord de Dirk Nowitzki, Kevin Garnett, Kevin Willis y Robert Parish, quienes jugaron 21 temporadas.

Carter, elegido “el mejor novato del año” en su temporada debut, en 1999, demostró que aún tiene nafta en el tanque como para marcar una diferencia en los minutos que le toque jugar. Con la misma edad que el anterior, 42, Tom Brady, considerado por muchos el mejor mariscal de campo (quarterback) en la historia de la NFL (la liga profesional de fútbol americano), firmó una extensión de contrato de dos años por US$ 70 millones, el cual lo mantendrá vinculado a los Patriotas de Nueva Inglaterra hasta 2021.

A los 42 años de edad, alguien que escribe es considerado todavía “un escritor joven”. Un deportista profesional, en cambio, es considerado casi un viejo. Aunque, verdad obliga, la edad del retiro de los deportistas se ha ido prologando y en todas las ligas profesionales del mundo vemos ejemplos similares a los de Carter y Brady, transformándose en algo así como estrellas de la ‘vejentud’, y convirtiendo a la experiencia que cargan encima en su moneda de cambio y distinción. La experiencia, cuando viene acompañada de buena salud, vale oro, y no solo en los deportes.

Con el estilo sobrio que lo caracterizó a lo largo de su carrera como futbolista, Diego Forlán anunció su retiro de las canchas. Comentó: “Me pareció un buen momento de parar y de poder seguir disfrutando de otras cosas que vengo disfrutando”. En verdad, es un buen momento para irse, aunque, a los 40 todavía tenía energía y talento para emular a W. S. Abreu y continuar un par de años más, claro está, no como titular de un equipo de primera línea. La merma física se notó durante su pasaje por Peñarol, de ahí que sus últimos tres clubes hayan sido en ligas de nula visibilidad, como son las de Japón, India y Hong Kong. La edad comenzó a pasarle factura. Forlán fue a la liga japonesa, y su club terminó descendiendo. A futbolistas brasileños de renombre les pasó lo mismo.

Los japoneses, amantes del sigilo, hacen casi todo en silencio y de esa manera avanzan, en cualquier aspecto de la realidad. Primero copian a otros, y luego perfeccionan lo que han copiado. Así hicieron con los autos, camionetas y electrodomésticos (televisores, radios y sistemas de sonidos), importando ideas de todo tipo de Estados Unidos y Alemania, y después introduciendo mejorías que los han posicionado como líderes en cualquier cosa que hacen, ahora con los surcoreanos pisándole los talones. Sin embargo, no han encontrado aún la pócima para garantizarle la eterna juventud a un futbolista.

No obstante, con todos sus años encima, y así hubiera terminado su carrera jugando en Basáñez o Canadian de la Segunda División Amateur, la imagen de futbolista histórico que define a Forlán no habría quedado comprometida o dañada. Para nada. La felicidad que trajo al ciudadano uruguayo y al amante del fútbol con sus actuaciones en el Mundial de Sudáfrica 2010 y en la Copa América de Argentina en 2011 permanecerá blindada, envuelta en teflón.

Diego Forlán se va de las canchas por la puerta grande y por esa misma puerta entra ahora en la eternidad del recuerdo, donde quedan guardadas las imágenes del mito que pasan oralmente de una generación a otra; de una que lo vio jugar, a otra que solo lo verá jugar en la imaginación, en la reconstrucción de goles y jugadas que lo tuvieron de protagonista. Aunque haya dicho que es “un buen momento de parar”, sabemos bien que nunca es fácil dejar de hacer lo que ha definido la vida de alguien.

Nada más difícil para un deportista profesional que saber retirarse a tiempo. Cuando alguien elige practicar algún deporte como forma de vida, ya sea porque tiene talento o porque la insistencia lo llevó a desarrollar ciertas condiciones innatas, sabe que puede hacer dinero en forma más rápida que en otras labores, pero al mismo tiempo es consciente de que la ventana de la oportunidad es más pequeña. En los deportes, la vida activa del profesional es breve. Cuando se acaba, para peor, en muchos casos debe enfrentar las consecuencias físicas del entrenamiento agotador y la competición constante. Hemos visto a muchos ex deportistas luciendo a los 50 como si tuvieran veinte años más.

Forlán ha demostrado inteligencia dentro y fuera de la cancha, habiendo sabido retirarse a tiempo de la selección uruguaya, en la cual brilló y dejó un recuerdo imborrable. Para alguien que ha tenido esplendor físico y ha repartido exuberancia debe ser difícil aceptar que la cuenta regresiva terminó, aunque en verdad, Forlán se retira antes de que el conteo haya llegado a cero.

El año pasado, trabajando de comentarista para la cadena estadounidense Telemundo durante el mundial de Rusia, Diego Forlán dio cátedra sobre cómo ver el fútbol de alta competitividad, analizándolo con rigor y profundidad. Por lo tanto, su futuro como entrenador luce muy promisorio. Ojalá pueda algún día darnos tantas alegrías al borde de la cancha como nos dio dentro del perímetro de juego, en tardes y noches que la memoria tiene archivadas en la sala vip del recuerdo colectivo.

 

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