Es curioso el devenir de la carrera de Baltasar Kormákur.
Dos tipos armados hasta los dientes
Dos armas letales homenajea al género "buddy movies" de los años de 1980
Dos armas letales homenajea al género "buddy movies" de los años de 1980
Es curioso el devenir de la carrera de Baltasar Kormákur.
De los dos, probablemente el mejor actor sea en condiciones normales Washington, pero aquí la partida (exagerado sería decirle “duelo actoral”) la gana Wahlberg con uno de esos personajes maleducados, mala onda y pasados de rosca que le salen tan bien (los únicos que le salen bien, de hecho). Washington se mueve entre hacer de taquito el rol de recio que hace hasta dormido y cierta apatía que podría ser producto del desinterés. Con todo, un Wahlberg inspirado y un Washington en piloto automático, apoyados además en un seleccionado elenco secundario: Paula Patton, James Mardsen, Fred Ward, Edward James Olmos y Bill Paxton en uno de sus más siniestros personajes.
Elenco que alcanza y sobra para impulsar la acción y la trama, ayudándonos a olvidar inverosimilitudes varias (lo rápido que se recupera un personaje de una herida de bala) o giros evidentes del argumento (hay una traición que de ve desde bien lejos).
Para cierta franja de público (me atrevería a decir masculino y entre los 30 y 50 años) Dos armas letales le remitirá (ya desde su título en castellano, incluso) a los centenares de buddy movies que se hicieron en décadas pasadas (y no nos engañemos, son los años 1980 su momento de oro, con sagas como Arma Mortal o 48 horas) y que actualmente parecen estar viviendo un “revival” asociadas con cierto aire de parodia o comedia (tal es el caso de la reciente Chicas armadas y peligrosas o inclusive Ladrona de identidades).
No es este el caso que nos ocupa, ya que si bien hay rasgos de humor o comedia, lejos está de la intención de parodiar el subgénero.
Por el contrario, Kormákur, Wahlberg y Washington se proponen realizar un honesto y entretenido filme de acción, con mucho tiro, explosión y diálogo veloz, rápido y mordaz.
Y si bien no le va a cambiar la vida a nadie, Dos armas letales entrega exactamente aquello que se propone.