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Dron: el nuevo señor de los cielos en Uruguay que crece con usos comerciales

Cada vez hay más dispositivos en el mercado y se utilizan para diferentes actividades empresariales; privados piden mayor regulación y Dinacia trabaja en actualizar la normativa vigente 

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26 de octubre de 2018 a las 05:03

El mate voló por el aire. Un hombre mayor de edad participaba de un acto público masivo que se desarrollaba en un departamento del interior cuando un dron le cayó entre las piernas y generó el pequeño incidente. Entre el ruido y el susto el termo también se fue al suelo.

Un operador registrado para trabajar con drones cubría el evento. Eran varios que hacían la misma tarea de tomar imágenes aéreas con sus equipos de manera coordinada, a diferentes alturas y con los permisos correspondientes. Sin embargo, en un momento, el piloto dejó de ver las imágenes a través de la pantalla de su dispositivo y cuando miró hacia el cielo vio que su dron venía en picada enredado con otro. El segundo, manejado por un menor, cayó en la espalda de una mujer y la lastimó. El del operador autorizado fue el que terminó entre las piernas del hombre, sin causar más inconveniente que la yerba desperdiciada. Quienes manejan drones señalan que se encuentran con ejemplos de estos en muchos de los trabajos profesionales que realizan.

Según datos de la Asociación Uruguaya de Drones, hay 10.000 equipos activos en el país de los cuales 1.000 se dedican a tareas profesionales. Pero en la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (Dinacia) hay solo 33 empresas registradas y unos 80 pilotos con licencia para operarlos. El resto son de personas que les gusta volar por diversión y desconocen la poca normativa vigente o de otras que realizan actividades profesionales pero de manera informal. 

A su vez, información proporcionada por el instituto Uruguay XXI, entre enero de 2017 y los primeros días de octubre de este año se importaron 1.060 dispositivos por US$ 1 millón.  Ingresaron al país bajo la nomenclatura arancelaria donde se incluyen helicópteros, y demás aeronaves con peso igual o inferior a los 2.000 kilos. Pero otros, llegan por una subpartida arancelaria que corresponde al rubro “los demás juguetes, con motor eléctrico”. Por tanto, allí además de drones se puede incluir muchos artículos sin demasiada especificación. Por último, también se pueden comprar en el exterior, luego de realizar un trámite en la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones (Ursec), a través de la franquicia de encomiendas internacionales que autoriza operaciones por un valor de hasta US$ 200 cada una que no excedan los 20 kilos.

Preocupa la escasa regulación

La facilidad para adquirirlos y la poca regulación para el uso de drones es algo que preocupa a los empresarios que dedican su actividad con estos dispositivos, que se quejan de la informalidad y aseguran que la gran mayoría de esos 1.000 que trabajan no están adecuadamente registrados. Piden mayor fiscalización y normas y eso genera desafíos impensados por la Dinacia hace algunos años. La única resolución sobre drones que hay en el organismo es de agosto de 2014. Para redactarla se consideró que el uso indiscriminado de estos dispositivos podía llegar a comprometer la seguridad de la actividad aeronáutica en el país. Fue un marco general y se trabaja en una actualización, aunque viene demorada.

José Palermo, asesor en normas técnico aeronáuticas de la Dinacia, explicó a El Observador que lo que ofrece la resolución es un “marco básico para brindar seguridad operacional y separación con las aeronaves tripuladas” y está orientada especialmente a las empresas. Aclaró que la normativa vigente no difiere mucho a la que, por ejemplo hay en Argentina.

“Es tan amplia la cantidad de cosas que se pueden hacer con los dispositivos  y está muy poco regulado a nivel internacional; van 100 años de aviación y cinco de drones”, sostuvo.

Palermo indicó que esta nueva realidad plantea un desafío importante para la Dinacia. Por eso se trabaja en modificaciones normativas, que tendrán mayores requisitos y más regulación. Se piensa, por ejemplo, establecer que haya calificaciones médicas para determinados operadores, más allá del carnet de salud. “No es tan fácil porque la idea es que la industria se siga desarrollando y que la legislación no sea un freno a las oportunidades de negocio, porque se puede estrangular a la industria”, afirmó el técnico.

Profesionales, precios e informalismo

Hace dos meses se creó la Cámara de Empresas de Drones. Su  presidente, Daniel Regueira, dijo a El Observador que el objetivo de la gremial es mejorar la situación laboral de las empresas que los utilizan para trabajar. “Es disparatado la poca cantidad de empresas registradas que hay, al menos deben faltar registrarse unas 500 y una cantidad similar de pilotos”, expresó

El informalismo y quienes usan los drones como recreación son los principales problemas para los profesionales. “Nos pasa a diario. Estás con el tuyo y con el de otras empresas trabajando y aparecen dos o tres que nadie sabe de dónde salieron y qué van a hacer; tenés que andar esquivándolos para poder cumplir con el trabajo para el que te contrataron”, relató Regueira.

Los precios de los dispositivos varían según las tareas. El empresario informó que uno con una calidad mínima para trabajar en casamientos o fiestas puede valer entre US$ 800 y US$ 1.000.

Para hacer trabajos publicitarios con otro tipo de filmaciones el equipo cuesta mínimo US$ 8.000. Para efectuar inspecciones de ingeniería, de líneas de alta tensión o relevamiento agropecuario el costo oscila entre US$ 15.000 y US$ 20.000. Y hay otros que valen bastante más que eso.

Por su parte, Alejandro Ferrari, vocero de la Asociación Uruguaya de Drones —conformada  por pilotos— contó a El Observador que también se utilizan equipos para inspecciones de motores y aspas de aerogeneradores de energía eólica. En el sector agropecuario, se realizan diversas actividades. “Se les pone una cámara multiespectral y se hacen vuelos en el campo; allí se puede determinar si hay falta de agua que afecte plantas y brotes en determinadas superficies”, explicó.

La idea es que el dron cada vez más será una herramienta de trabajo para diferentes actividades y una unidad de negocio. “Una de las cosas que va a tener que tener un fotógrafo en su bolso va a ser un dron, para poder sacar una foto aérea cuando la precise”, mencionó. “Hasta una persona que arregla techos le va a resultar mucho más barato hacer una inspección de una casa elevada, sacar 20 fotos con uno en vez de armar toda una estructura y que se suba una persona”, complementó  Ferrari.

Requisitos

Para trabajar profesionalmente con un dron la empresa debe estar registrada en la Dinacia. Como cualquier firma debe estar registrada ante los organismos estatales y cumplir con los aportes correspondientes. A su vez, tiene que matricular el equipo en el organismo, el piloto del dispositivo tiene que dar una prueba técnica y obtener un permiso. Además, la empresa debe con un seguro de responsabilidad civil. Tanto para trabajos profesionales como de recreación la altura máxima permitida a un dron para volar es de 120 metros desde el lugar donde el operador lo esté piloteando.

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