“Mentira”, "mentiroso", "delincuente", "ladrón", "insano", "abortista" fueron algunas de las palabras que los candidatos Jair Bolsonaro y Lula da Silva se lanzaron como dardos durante el último debate antes de las elecciones presidenciales del domingo en Brasil emitido la noche del viernes por televisión.
Lula, favorito en las encuestas y vencedor de la primera vuelta, se mostró más tranquilo y con un perfil menos agresivo, buscando y preguntando a su rival sobre sus programas de gobierno. Trajeado y con corbata roja, se dirigió directamente al espectador en tres ocasiones para “pedir disculpas” por la ausencia de propuestas en el debate.
Bolsonaro optó en cambio por agitar las habituales acusaciones de “corrupción” en los gobiernos de Lula y en defender su gestión, mientras caminaba continuamente por el plató de la TVGlobo, con un perfil más agresivo y nervioso que su oponente. Vestido con traje y corbata azul, revisaba constantemente anotaciones en su mano izquierda.
El debate tuvo un tono áspero, que alcanzó su pico cuando Bolsonaro invitó a Lula a quedarse a su lado durante una réplica y el exmandatario, con un gesto de desaire, dijo que no quería estar cerca de él y volvió a su atril, del que casi no se movió.
Pese a ello, ambos candidatos parecieron más centrados que en los anteriores cruces, con respuestas y actitudes más calculadas en temas como la economía, el aborto, la pandemia y hasta el viagra.
Esto fue cuando Lula le cuestionó el mal manejo del presupuesto de salud por la compra de la droga para la disfunción eréctil destinada a las fuerzas armadas. Bolsonaro -un ex capitán del ejército- se defendió diciendo que se usaba para otras enfermedades y preguntándole provocadoramente a su rival: “¿Usted usa viagra, Lula?
El candidato del Partido de los Trabajadores arrancó echándole en cara al presidente el empobrecimiento de la población en los últimos cuatro años. Insistió una y otra vez que unos 30 millones de brasileños padecen hambre, un flagelo que dijo haber eliminado durante las gestiones de su partido.
"Durante cuatro años, este señor (Bolsonaro) gobernó el país y no dio ningún aumento real de salario, esa es la verdad", espetó Lula después de que el mandatario prometiera que reajustará el salario mínimo vigente, de 1.212 reales (US$ 229) a 1.400 reales (US$ 265).
Bolsonaro no negó el tema del hambre, pero se jactó de haber incrementado un 50% el monto de las asignaciones a las familias más vulnerables. También en haber disminuido la inflación en un contexto mundial de alza de precios.
Lula le recordó que días atrás el ministro de Economía, Paulo Guedes, había anticipado que tras las elecciones y antes de fin de año, las pensiones dejarían de actualizarse para retornar al equilibrio fiscal alterado por las mejoras económica electorales.
La pandemia, que ubicó a Brasil en segundo lugar mundial por cantidad de muertos -- 690.000 –, no podía estar ausente del debate.
"Algún día usted tendrá que pagar por las cerca de 300.000 personas que murieron por el atraso en el proceso de inmunización contra la Covid en Brasil", achacó Lula a Bolsonaro. Le reprochó demoras en la compra de vacunas y que se resistió a reconocer la gravedad de la enfermedad.
Bolsonaro negó la acusación y provocó a su rival diciendo que debía agradecerle porque si se vacunó fue gracias a las compras de vacunas que hizo su gobierno.
Uno de los momentos caldeados del debate giró en torno a la detención el pasado domingo del exdiputado Roberto Jefferson, un aliado de Bolsonaro que lanzó granadas y disparó decenas de tiros de fusil contra los policías que trataban de detenerlo.
Lula aprovechó ese tema para cuestionar la política de liberación de ventas de armas que promueve el líder de la ultraderecha, asegurando que "quien se beneficia de esa política es el crimen organizado".
Bolsonaro usó el tema de la seguridad para decir que Lula visitó una favela de Río de Janeiro para hacer un mitin "con el permiso del narcotráfico", una idea que el equipo del actual jefe de Estado ha repetido incontables veces durante la campaña.
Lula se jactó por su parte de ser "el único jefe de Estado con moral para entrar en una favela", para encontrarse con la "gente extraordinaria" que vive en las zonas pobres.
En su minuto final, Lula pidió el voto para "restablecer la armonía" en el país, asegurando que Brasil "probablemente" vivió su mejor momento durante su gestión. "No había odio. La cultura funcionaba, la educación funcionaba, el salario aumentaba.... podemos reconstruir este país", dijo Lula.
Bolsonaro aprovechó su alegato final para defender los valores más conservadores, afirmando que sus adversarios y sus ministros defendieron la liberación de las drogas y la legalización del aborto. Lula lo negó y acusó a Bolsonaro por un discurso de 1992 en el que el actual mandatario defendió en el Congreso como diputado el uso de pastillas anticonceptivas, llamadas "pastilla de aborto" por el candidato del PT.
"Usted es abortista convencido. No tiene ningún respeto con la vida", respondió Bolsonaro, visiblemente nervioso tras la acusación. Más tarde, levantó los brazos y aludió a Dios en un guiño al electorado evangélico.
Bolsonaro concluyó repitiendo su lema de campaña "Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos".
En el último sondeo de Datafolha, publicado el jueves, Lula recuperó una ventaja de seis puntos al reunir 53% de los apoyos contra 47% del mandatario, considerando los votos válidos, sin nulos ni en blanco.
Ambos candidatos cerrarán hoy sus campañas, Bolsonaro en Belho Horizonte, capital de Minas Gerais, y Lula en San Pablo.