Estados Unidos comprobó que es “real” que hubo un ataque con armas químicas por parte del régimen de Bachar al Asad. Barack Obama había dicho que esa sería la “línea roja” que definiría una intervención y que le tenía sin cuidado el parecer de la ONU. Los jefes de los ejércitos de 10 países comenzaron su reunión en Jordania para evaluar una posible cooperación militar en el caso de que sea necesario intervenir en Siria. Con estos elementos, la guerra parece estar servida en bandeja.
Como los expertos de Naciones Unidas que se encuentran desde la semana pasada en Damasco demoraban en obtener el permiso para estudiar la muerte de 1.300 personas la semana pasada por lo que se denunció que fue un ataque con armas químicas por parte del gobierno, Estados Unidos decidió comenzar a estudiar el asunto por su cuenta. Ayer, en una conferencia de prensa no planificada, el secretario de Estado de ese país, John Kerry, anunció que su país no tiene dudas del armamento usado en el ataque de la semana pasada.
“Pese a las excusas de que el uso de armas químicas contra civiles es algo inventado, es innegable”, declaró Kerry. La postura de EEUU es esperar el parecer de los expertos de la ONU, pero igualmente tiene un juicio ya tomado, “basado en los hechos, formado por la conciencia y guiado por el sentido común”.
“Por eso hay razones por las que dijimos que esa violación conllevaría consecuencias”, advirtió en seguida. El viernes el presidente Barack Obama había declarado a la CNN que no descarta una opción militar en Siria, incluso sin el consentimiento de la ONU. Su único reparo es que no enviaría soldados de EEUU al terreno. Ya el Reino Unido, Francia y Turquía se habían mostrado favorables a una intervención extranjera en el país, pese a la parálisis del Consejo de Seguridad de la ONU, donde se mantienen los vetos ruso y chino a una resolución contraria a Damasco.
Prueba de lo caldeados que están los ánimos son las tropas militares que ya están listas: los militares jordanos se están preparando y reforzaron la cooperación con Washington, que desplegó 900 soldados y expertos cerca de la frontera con Siria, además de cazas F-16 y dos baterías de misiles Patriot.
Bajo un estricto secreto, ayer los jefes militares de diez países comenzaron en Jordania una cumbre para evaluar las opciones disponibles. Participan en la reunión los representantes de EEUU, Jordania, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Turquía, Arabia Saudita y Catar.
Se calcula que esta tarde se divulgará un comunicado con los resultados del encuentro, que en un platillo de la balanza coloca la situación con las armas químicas y las promesas de atacar si se comprueba su uso (algo que para EEUU es oficial) y, del otro, ubica la advertencia realizada por Damasco de que cualquier intervención extranjera en Siria tendría “graves consecuencias” y podría encender la región.
En entrevista con la agencia EFE, el profesor de ciencias políticas de la Universidad de Jordania, Fares Fayez, destacó que la negociación deberá ser “muy cuidadosa”. “Va a ser complicado para Occidente atacar Siria sin autorización del Consejo de Seguridad, ya que esa conducta pone en peligro la futura cooperación con Rusia”, comentó.
Ya ayer, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó que los países de Occidente acusan sin pruebas al régimen de Al Asad y que la actual situación no hace más que retrotraer a 10 años atrás, cuando una coalición liderada por EEUU invadió Irak sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.
“La campaña del miedo ya ha empezado, y así empezaron los acontecimientos en Irak hace 10 años”, dijo el jefe de la diplomacia rusa. Habrá que ver si los militares reunidos en Jordania hacen caso de estas amenazas o si, por el contrario, deciden una incursión militar de algún tipo. Eso se podría definir hoy mismo.