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El 2018, un mal año para Wall Street

Un período para el olvido para el gigante financiero 

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25 de enero de 2019 a las 05:04

El año pasado fue el peor de la última década para el mercado accionario mundial. 

El índice S&P 500 de Wall Street registró una pérdida de un 6,4%, el peor resultado desde la crisis del 2008. Aunque con fluctuaciones, en un día del mes de diciembre la cotización de las acciones bajó más de un 20 % con relación al pico máximo de septiembre, un descenso sorprendente.   

Pero no sólo Wall Street tuvo un mal año. En el mismo período el índice bursátil europeo bajó un 15%, el de Japón un 12% y el de Shanghai un 25%.  

Hay que remarcar que el resultado negativo del año se gestó básicamente en el mes de diciembre. Hasta entonces, la cotización de las acciones reflejó el buen momento de la economía americana, con un ritmo muy dinámico de crecimiento y una tasa de desempleo en su mínimo histórico. Pero al fin del año, varios factores empujaron a la baja del mercado.

Wall Street tiene una cierta aversión a la suba de la tasa de interés, en tanto abre opciones alternativas para la inversión financiera. En diciembre, la casi certeza de que la FED iba a disponer un nuevo aumento de la tasa de interés instaló por ello un ambiente de cautela entre los inversores bursátiles. En el mismo sentido operó la incertidumbre sobre el desenlace que tendrán las negociaciones iniciadas algunas semanas atrás para buscar una solución a la guerra comercial entre Estados Unidos y China. 

También fue importante la expectativa negativa de esos días sobre las ganancias de algunas empresas de gran importancia, en especial Apple por su proyección de un menor dinamismo de sus ventas en China. Pero también la baja del precio del petróleo incidió en la cotización de las acciones de las empresas del sector. En adición, los bancos se vieron afectadas por el enfrentamiento entre la Comisión Europea y el gobierno de Italia y la industria automotriz registró un efecto negativo como consecuencia de una menor demanda y de las nuevas normas para prevenir la contaminación ambiental.

En este escenario de alta volatilidad, el Presidente Trump irrumpió para agregar otro importante motivo de desconcierto. Primero, cuando volvió a insistir en que la Autoridad Monetaria no debía disponer una nueva suba de la tasa de interés. Después, cuando la FED hizo caso omiso de este pedido y decidió un aumento de la tasa de interés y una política restrictiva para el 2019, Trump dejó saber su intención de despedir a su presidente Jay Powell, que finalmente no concretó. 

Ante ambos desaciertos, el Secretario del Tesoro Steven Mnuchin intentó de inmediato calmar a los mercados, asegurando la permanencia de Powell en su cargo. Pero Mnuchin también agregó que los presidentes de los principales bancos del país le habían confirmado que disponían de un alto nivel de liquidez para financiar las necesidades del consumo y de las empresas, un asunto que no había estado en el debate económico de esos días. Como consecuencia, los mercados tuvieron un nuevo  motivo de inquietud.  
En adición, desde fines del año pasado el enfrentamiento de Trump con los demócratas a propósito de la construcción de un muro en la frontera con México, derivó en el cierre de algunas oficinas del gobierno, que duró hasta principios de esta semana. Ello no sólo puso en duda a la racionalidad de la relación política en Washington. También proyectó el temor de una falta de crecimiento de la economía, al menos en este primer trimestre del año.   

No es extraño entonces que esta sucesión de errores presidenciales  haya desencadenado el desconcierto de los inversores. Por eso el 24 de diciembre el mercado accionario tuvo su mayor descenso histórico en una víspera de Navidad pero en registrar en la primera sesión posterior la mayor recuperación de los diez últimos años. 

De todos modos, al fin del 2018 el resultado fue negativo en comparación con el cierre del año anterior. 
En el mes en curso el mercado parece haber retornado a una evolución al alza, al punto que hasta fines de la semana pasada, el índice accionario había alcanzado su mayor nivel en seis semanas. A ello ha contribuido el tono positivo que parece presidir a la negociación entre Estados Unidos y China, el reciente anuncio de Powell sobre su posición más “paciente” para decidir nuevos aumentos de la tasa de interés y en nivel de ganancias anunciado por varias empresas de importancia. De a poco parece que Wall Street está volviendo a la normalidad, aunque ya se sabe que toda predicción sobre el futuro del mercado accionario es muy riesgosa.  

Pero más allá de estas idas y vueltas, las sacudidas de fines del año pasado muestran el daño que la conducta errática de Trump causó sobre la evolución de los mercados financieros y la expectativa de los inversores.  

Hay que agregar, sin embargo, que esta oscilación reciente de Wall Street no se ha contagiado a los valores públicos, que mantienen su atractivo pese al aumento incesante de la deuda pública.  Por ejemplo, la demanda en  ascenso de los títulos a diez años de plazo provocó a fines del año pasado su menor rendimiento desde el pasado mes de febrero, con un 2,71% anual, en baja desde el 3.24 % de noviembre.  

Es una prueba más de que por ahora, y pese a Trump, los mercados mantienen su confianza en el dólar como moneda mundial de reserva. 

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