9 de enero 2024 - 5:03hs

Iba a ser el año del metaverso. Las grandes tecnologías se preparaban para un universo en el que —lentes y auriculares mediante— la realidad física se fundiera con la virtual. Pero, de pronto, un chat y los modelos de inteligencia artificial generativa acapararon el 2023. Y a su paso —no exento de dilemas éticos— sacudieron las estanterías de escuelas y liceos.

Al principio la discusión fue trivial: cómo evitar el plagio de los estudiantes, cómo evaluar, cómo limitar su uso, cómo resguardar los puestos de trabajo, cómo…

Hasta que las barreras empezaron a ceder ante la innovación. Fue así que Ceibal cambió el nombre de uno de sus principales programas que, a partir de ahora, pasa a llamarse “Pensamiento Computacional e Inteligencia Artificial”.

Es probable que, para parte del imaginario colectivo, Ceibal sea sinónimo de la entrega de una computadora de antenas verdes por escolar. Pero esa imagen quedó obsoleta. No solo porque los dispositivos han cambiado —de hecho las portátiles verdes están fuera de stock—, sino porque el proyecto estatal fue focalizándose en la alfabetización digital, el acceso al saber, el aprendizaje mediado por tecnología, la construcción de algoritmos, de robots, de drones y, a fin de cuenta, la comprensión del “razonamiento” y los sesgos de las máquinas.

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Por eso en la educación media inició —y se extenderá este año— el proyecto “La vaca es una buena mascota de apartamento”. Es un juego de Ceibal en que los estudiantes reflexionan sobre los sesgos que existen en la computación, en especial en la inteligencia artificial. Sucede que una computadora que “aprenda” que las maestras son casi todas mujeres y los ingenieros varones, devolverá en las búsquedas resultados con ese corte de género. Y eso puede llevar a errores, como suponer que una vaca es una mascota de edificio urbano. O, como aconteció en el comienzo de las pruebas de identificación facial en Estados Unidos, el sistema confunda a los afrodescendientes con los monos.

Las instrucciones que recibe un sistema —como si fuera la receta de un plato de comida— son dadas por humanos y, por tanto, arrastran los sesgos propios de esos “creadores”. No solo eso: según la magnitud, variedad y composición de las base de datos, la predicción de la inteligencia artificial se verá afectada. Y es así que en el juego los alumnos entrenan un modelo de enseñanza automático que clasifica imágenes (escenarios ficticios de mascotas), de las cuales analizarán los sesgos.

Este pensamiento crítico —una de las competencias centrales de la llamada reforma educativa— es clave en un momento en el que, según el presidente de Ceibal, Leandro Folgar, “Uruguay puede liderar en inteligencia artificial”. Eso supone no solo saber programar, sino entender qué hay detrás de esa programación.

Es un trabajo que va sedimentándose, ya cuenta con 15 proyectos en la enseñanza pública, y que comienza jugando para ir tomando una real dimensión. En la escuela, por ejemplo, algunos escolares uruguayos aprendieron en 2023 a programar un videojuego sencillo, al que adicionaron un módulo de inteligencia artificial desarrollado en Teachable Machine.

Es una herramienta que permite el aprendizaje automático. Por ejemplo: una máquina arroja al azar números del uno al cien. El reconocimiento de izquierda o derecha de la mano, mediante identificación de las características (si el pulgar está hacia un lado u otro), hace que el alumno comande cuándo el número que salió sorteado es par o impar. Es decir, la persona que está jugando responde si el número que salió sorteado es par o impar levantando una de las dos manos y eso es reconocido por la inteligencia artificial

Esa misma lógica puede usarse para cuando el acceso a un sitio web se quiere restringir a quienes no sepan identificar bicicletas, o semáforos, o…

“En 2023, 73.000 estudiantes trabajaron sobre las bases de la IA y unos 5.000 estudiantes, que alcanzaron el tercer nivel del programa Pensamiento Computacional, realizaron trabajos específicos de IA, entrenaron un modelo de machine learning, aprendieron conceptos técnicos de la tecnología y reflexionaron sobre los sesgos de los datos”, explicó Ceibal en un comunicado en el que reconoce que ya cuenta con el primer marco referenciar sobre la temática.

¿Y los colegios privados qué?

Muchos de ellos ya usan las plataformas de Ceibal. Otros estuvieron discutiendo las bases e incorporando el tan extendido ChatGPT. Pero una de las innovaciones más jugadas se dio en un pequeño colegio de Atlántida: Rosarinos.

Allí usan desde agosto Imagine Learning. Es el nombre de una plataforma para aprender inglés que es usada en el 80% de los colegios de Estados Unidos y está avanzando en Chile y Costa Rica.

¿En qué consiste? La plataforma se nutre de miles de “libros de inglés”, de ejercicios, juegos y les va proponiendo a los alumnos actividades que se adaptan a su nivel y sus intereses. “En inglés hemos venido observando que el desafío de los múltiples niveles dentro de un mismo grupo es cada vez mayor y por lo que un mismo libro de texto para todos los niños de un grupo no viene resultando lo mejor”, explicó el director José Castro.

¿Cuál es la ventaja además de que se adapta a cada estudiante y en un mismo grado pueden convivir niveles distintos? Los docentes tienen un tablero de control desde el que van monitoreando la evolución de cada alumno. Entonces, el profesor puede ir directo a cada estudiante y trabajar según su necesidad, tomar algunos ejemplos para compartir en colectivo, dividir en subgrupos e ir evaluando de manera permanente sin necesidad de un examen tribunalizado.

¿La contra? Este tipo de plataformas todavía no se adaptan a la acreditación de exámenes internacionales, como Cambridge, que siguen la vieja lógica de las pruebas estandarizadas.

Es solo un ejemplo más de la apuesta que, este 2024, promete entrar todavía con más fuerza a las aulas.

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