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19 de enero 2024 - 5:00hs

Rodeado de prótesis, plantas y dinosaurios en 3D, Roly Mamani revisa el brazo que diseñó para un joven amputado por una descarga eléctrica. Desde hace unos años, este ingeniero electrónico volcó su creatividad como juguetero para reparar la vida de los mutilados pobres de Bolivia.

Hijo de agricultores, Mamani creció entre privaciones en Achocalla, una comunidad ubicada a 15 kilómetros al norte de la ciudad de La Paz bañada por dos lagunas y dedicada al pastoreo y la siembra de hortalizas y tubérculos.

A falta de juguetes, a los seis años empezó a construir sus propios autos de cartón y plástico. Ya en el colegio fabricó su primer modelo a control remoto y antes de ingresar a la universidad pública trabajó dos años en un taller automotriz.

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“Fueron las primeras máquinas reales que vi", evoca a los 34 años. Elocuente, de pocas sonrisas, representante tímido de la cultura emo, Mamani abrió su laboratorio en Achocalla hace una década, con la idea inicial de fabricar robots con fines lúdicos o educativos.

"Podría decirse que en ese momento tenía todos los juguetes que nunca había tenido", apunta. Sin embargo, la historia de un campesino sin manos lo hizo reflexionar. "Yo se las puedo crear", se dijo al conocer ese caso y el de otras personas sin extremidades ni recursos para una prótesis.

En 2018, el juguetero de Achocalla se lanzó a fabricar soluciones en sus impresoras 3D. "La ciencia es como un superpoder. La robótica es una tendencia, pero si no ayuda a concretar cosas importantes de nada va a servir", comenta Mamani.

Una valiosa donación

Con el sonido de fondo de las impresoras, Mamani señala que puede llegar a crear seis piezas al mes. “En todo este tiempo hemos implementado más de 400 prótesis", explica. La mitad las ha entregado gratuitamente o al costo de producción.

En promedio, cada prótesis en 3D tiene un valor comercial de US$ 1.500 en un país donde el salario básico equivale a US$ 323 dólares. En un comienzo, para elegir a los beneficiarios se guiaba por avisos televisivos de ayuda.

Hoy, Mamani es conocido, principalmente en las redes sociales, y él mismo elige a los destinatarios de su donación entre los muchos pedidos que recibe, incluso de otros países, luego de visitar los hogares para cerciorarse de la condición social de la persona.

"Las personas con más necesidad se exponen a trabajos precarios sin seguridad y por eso tienen estos accidentes donde pierden una extremidad", afirma. Su hermano Juan Carlos es fisioterapeuta y conduce el proceso kinésico de los pacientes.

En Bolivia el sistema público de salud no cubre las prótesis, que si son funcionales pueden costar hasta US$ 30.000 en el sistema privado. Ello en un contexto en el que según el Comité Nacional de Personas con Discapacidad, adscrito al Estado, existen alrededor de 36.100 personas con diversos grados de discapacidad física y motora.

Rediseñando vidas

Uno de los beneficiarios del otrora juguetero de Achocalla es Pablo Matha, de 59 años, quien hace siete perdió la visión y la mano derecha mientras manipulaba dinamita en una mina. Luego del accidente se las arreglaba para rasgar una guitarra con el sujetador de dientes para el pelo que utilizaba su esposa.

"Salía todos los días a la calle para pedir unas monedas. Ahí me han encontrado el amigo Roly y su hermano", cuenta Matha. Con la prótesis que le donaron, dice haber perdido la vergüenza. “Antes sentía que la gente me miraba y se reía. Pero ahora que tengo la prótesis, por un rato siento que soy como cualquiera persona común", dice.

A Marco Antonio Nina, de 26 años, una de las prótesis de Roly también le reconstruyó la vida. Cuando era adolescente, mientras trabajaba en una obra de albañilería, una descarga eléctrica le cercenó el brazo izquierdo y le atrofió la mano derecha.

"Me gusta cantar, pero sin la prótesis era casi imposible. Me tenía que ayudar con los hombros para tomar el micrófono, y eso me provocaba dolores. Ahora, con la prótesis, eso cambió. Es una bendición”, expresa el joven.

El trabajo de Mamani trascendió las fronteras de su país. El año pasado, el gobierno de Estados Unidos lo designó como uno de los líderes de América Latina y le concedió una beca en robótica. Ahora, planea crear un centro de rehabilitación.

En su laboratorio, con pósteres de Ironman, una réplica en tamaño natural del superhéroe de Marvel, vitrinas con diversas piezas y prótesis, dinosaurios y una lámina del videojuego Súper Mario Bros, Mamani dice que no dejará de lado su propósito.

"Mi objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas. Quiero generar mi propia tecnología, tengo que mejorar. ¿Mi mayor sueño? Tener un centro de rehabilitación biónica y brindar soluciones en miembros inferiores y superiores, e incluso llegar a crear exoesqueletos para personas con parálisis”, confiesa Mamani.

Antes de volver al trabajo, nos acerca una última reflexión. “Para mí lo más cercano a la magia es la tecnología porque con conocimiento podemos hacer muchas cosas y el tener ese tipo de conocimiento, de herramientas, me hace sentir bien”, concluye.

(Con información de AFP)

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