Rusia 2018 > COMENTARIO

El corazón de una familia, eso es Uruguay

La selección juega como vive, sin sobrarle nada pero con un amor propio que lo hace capaz de todo

El festejo de Suárez y Godín

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30 de junio de 2018 a las 18:33

Enviado a Rusia

¿Viste tu familia? ¿Viste eso tan especial que los une para disfrutar los momentos únicos y para sobrellevar las adversidades? Bueno, eso es este Uruguay. El que redefinió su identidad hace 12 años. El que ahora está entre los ocho mejores del Mundial de Rusia 2018 a pesar de que enfrente estaba el campeón de Europa y el estelar Cristiano Ronaldo.

Ganó la celeste en Sochi. Con el corazón en la mano. Con categoría pero también con sufrimiento, cómo no. Dos a uno a Portugal con ese fenómeno de la sencillez que es Edinson Cavani y que hizo parir la victoria con dos golazos memorables.

Arrancó torcido el partido porque Portugal mostró sus dientes de entrada. El lateral izquierdo Raphael Guerreiro llegó al fondo y metió un centro limpio que Adrien Silva cabeceó forzado. Después rompió líneas por el medio y posibilitó que Cristiano retrocediera para intimidar con su portentosa pegada.

¿Pero viste que en tu familia siempre tenés un primo grande que saca la cara por vos contra el grandote que se la da de guapo? Ese fue Martín Cáceres. Que le cerró los caminos a Guerreiro y que lideró el escalonamiento de las marcas cuando Cristiano caía por la banda izquierda, en una defensa notablemente articulada por Nahitan Nández y Lucas Torreira.

Entonces pasó lo imprevisto. Que en realidad, con Uruguay, siempre es lo previsto. ¿Viste ese que en la familia corre por todos y siempre está para dar una mano? Para una mudanza, para prestar plata sin plazo ni interés, para ponerle el hombro a una desgracia. Ese es Edinson Cavani. Un clase A mundial.

A los 7' recibió de Cáceres y metió un cambio de frente apto solo para cracks. Luis Suárez la mató y encaró. Sacó un centro perfecto. Cavani lo conectó con un cabezazo de antología. Golazo: 1-0.

Uruguay, el rey de la defensa, el rey de achicar espacios, el rey de controlar el pulso de los partidos se acomodó el trámite a pedir de boca.

El primer tiempo ejecutó todo su despliegue de recursos para cerrarle el camino del gol a Portugal.

¿Viste que en Uruguay las personas mayores suelen ser objeto de burla, que el paso del tiempo parece que los transforma en una carga, en una molestia? Bueno, en esta familia, se venera la sabiduría, la experiencia y el conocimiento de Óscar Tabárez. Y por eso todo marcha como marcha. Por eso, la celeste de antes es un difuso recuerdo donde se entremezclan palabras como repatriados, contratistas, robar la plata o falta de actitud.

El plan venía a la perfección cuando en el segundo tiempo Pepe empató de cabeza a la salida de un córner. Justo a Uruguay, el rey de la pelota quieta. ¿Viste esos momentos en que una familia se encuentra frente a un sacudón? Un desempleo, un robo, una tragedia. Vos sabés que se sale adelante como salió Uruguay ante los portiugueses. Yendo al frente. Poniéndole pecho y lomo al asunto. Amor propio. Porque caerse no está permitido. Porque podés esperar de todo menos compasión ajena.

Y así recuperó Rodrigo Bentancur y vio un pase que solo ese tío que mete trucos de magia en las fiestas puede meter. Lo dejó solo a Cavani para su perfil preferido. ¡Qué importa que ante Rusia se le haya ido bien afuera! El que tenía que entrar era ese. Y cómo entró. Como un golazo con gusto a bendición.

Después llegó el momento de sufrir. Portugal tiró toda su artillería al ataque. Pero Lucas Torreira bancó todo, como ese hermano que sabés que nunca, pero nunca, te va a dejar tirado a pesar de que te podés pelear todos los días con él. Diego Laxalt corrió con un pulmón extra. Como ese diablo escurridizo que no para de corretear jamás por la casa.

Y qué decir de Diego Godín. El padre del hogar. El patrón. Ese que impone sus ideas por su vocación de líder y porque no necesita infundir temor. Respeto por la causa, reto al desviado, motivación al caído. El primero en entregar su pellejo por la camiseta. El ejemplo.

Aguantó Uruguay cuando salió Bentancur y el Cebolla conformó una línea de cuatro volantes pasando Matías Vecino al doble cinco.

Quedaban 20' cuando se fue lesionado Cavani, pero eso no fue razón para alarmarse. Esto es así. Cada pieza encaja a la perfección para cumplir un rol. Carlos Sánchez no le pudo dar el aire que el equipo necesitaba para quemar los segundos finales. Cristhian Stuani tampoco pudo hacer daño sobre el espacio abierto.

Pero una vez tomada la ventaja nuevamente, Uruguay, la familia, se dio cuenta que el partido no se escapaba. Que no había lugar para otra distracción. Y así fue.

A este equipo no le sobran recursos en ofensiva. Nadie lo puede negar. Contra Portugal jugó en largo para Suárez sin ruborizarse en toda la noche. Pero su sentido vertical y la calidad de sus intérpretes lo hacen un equipo temible.

¡Y cómo defiende! ¡Cómo se entrega! Eso ya conmueve. Porque este Uruguay refleja lo mejor que aún tenemos como sociedad. O lo que no deberíamos perder. La solidaridad, la lucha, la entrega, la empatía. El amor propio. La vida vivida al límite de sus posibilidades. Por eso estamos en cuartos de final. Y por eso cuando te abrazás con tu familia frente al televisor, con la garganta marchita y los ojos llenos de lágrimas, sentís que te estás abrazando con ellos en el medio de la cancha.

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