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Daniel Scioli y Mauricio Macri<br>

Mundo > ARGENTINA - ANÁLISIS

El debate dejó la idea de que Scioli no podrá revertir la tendencia

Los candidatos eligieron ignorar las preguntas del oponente y usar el mensaje armado

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17 de noviembre de 2015 a las 05:00

Como las grandes finales, el debate presidencial argentino del domingo de noche cumplió todos los puntos previstos: una gran expectativa previa, un desarrollo trabado y deslucido, jugadores más preocupados en defenderse que en atacar y, en definitiva, el convencimiento de que ganaría el que cometiera menos errores.

Mauricio Macri y Daniel Scioli, para continuar con la analogía deportiva que en los últimos días ha sido la tónica del periodismo político, empataron en un 0 - 0 de escasa calidad técnica. Esto equivale a decir que ganó Macri, porque quien tenía la obligación de marcar una diferencia que le permitiera revertir su desventaja era Scioli.

Desde el inicio, se notó que los dos candidatos habían llegado al debate después de largas sesiones de "coaching" con sus equipos de asesores. Se los notaba a ambos excesivamente "guionados", con frases repetidas de memoria y con más intento de generar golpes de efecto que de argumentar.

Lo más pobre y decepcionante para la audiencia récord –53 puntos de rating- fue la negativa a responder las preguntas. Macri eludió afirmar qué ocurriría con la cotización del dólar una vez levantado el cepo cambiario. Y también ignoró a Scioli cuando éste le marcó su contradicción de apoyar la continuidad estatal de YPF, Aerolíneas Argentinas y el sistema jubilatorio, a cuya estatización se opuso en su momento.

Scioli, por su parte, no respondió una sola pregunta de las planteadas por Macri. Ni lo referente a la estadística de pobreza, ni la exigencia de definición sobre política internacional y el alineamiento con Venezuela, ni las alusiones respecto de cómo pretendía mejorar la educación pública quien en sus ocho años de gobernación no había logrado terminar un año con 180 días de clases.

Sin cambios de tendencia

¿Quién ganó? A esta altura, hay tantas respuestas como gente haya visto el debate. En las redes sociales, los partidarios de cada candidato afirman de manera categórica que el suyo argumentó mejor y desenmascaró la ineptitud del otro.

Esto reafirma la vigencia de lo que venían advirtiendo los politólogos: es difícil que un mano a mano entre candidatos pueda volcar la intención de voto y hacer cambiar de parecer a alguien que ya tiene decidido por quién sufragar.

Más bien al contrario, los debates suelen ser vistos, principalmente, por la gente más politizada, que ya tiene decidido de antemano a quién votar, y de esa forma reafirma su postura.

Scioli necesitaba seducir a los votantes que en la primera vuelta habían elegido a Sergio Massa, ese 20% de centro-derecha que tiene una simpatía por el peronismo histórico pero un profundo rechazo por el kirchnerismo.

Se hizo evidente que tenía la misión de transmitir un mensaje simple y claro: con Macri vienen la devaluación, el tarifazo y el ajuste. Lo repitió al comienzo, en el medio y en el final.

En el caso de Macri, la estrategia fue la misma mostrada por sus militantes en las redes sociales en las últimas semanas: ironizar sobre las exageraciones de las desgracias que podrían ocurrir en un gobierno de Cambiemos, y todo el tiempo incomodar a Scioli por su pertenencia al kirchnerismo.

Los momentos en que Scioli estuvo más nervioso fueron, justamente, cuando Macri lo "chicaneó" respecto de lo más cuestionado del gobierno de Cristina, y le recordó la presencia de Carlos Zannini, de Aníbal Fernández y de Milagro Sala en sus listas de candidatos.

Scioli estuvo un poco más agresivo, pero no siempre sus argumentos fueron los adecuados para captar al votante moderado al que estaba obligado a seducir. "Acusar" a Macri de querer poner a un gerente de Shell a dirigir la política energética es un argumento efectivo para el núcleo duro del kirchnerismo, pero no necesariamente sea algo malo para un votante de centro que está harto de los apagones.

Otros aspectos defendidos por Scioli, como la política de derechos humanos y la asistencia a las mujeres víctimas de violencia, parecieron dirigidas a captar el voto de los partidos de centro-izquierda, que mayoritariamente están a favor del sufragio en blanco.

Lo que ha ocurrido es la demostración del gran problema de Scioli: esa ambigüedad que tanto rédito político le había dado, se le volvió en contra. Se ofendió cada vez que Macri le recordó que él fue parte del kirchnerismo en los dos cargos más importantes después del de presidente, pero a su vez terminó argumentando a favor de esa gestión kirchnerista de la cual tiene que despegarse.

Con tensión, sin fe ni esperanza

Finalmente, estuvo el otro debate, el que va más allá de las palabras y que mide toda la comunicación no verbal.

Como saben los expertos desde hace muchos años, allí se juega la mitad del partido. Quien se muestra agresivo, quien titubea, quien eleva el tono de voz, quien no puede controlar sus gestos o hace ademanes agresivos o despectivos, puede perder incluso cuando pueda argumentar mejor que su rival.

En ese sentido, Macri lució mejor. Parecía sereno, por momentos hasta "canchero", sonriendo ante las respuestas de su adversario, sin traslucir nervios ni contrariedad.

Scioli, en cambio, no pudo evitar que se trasluciera cierta frustración en sus intervenciones. Trasgredió varias veces el minuto asignado para hablar y transmitió una evidente ansiedad.

No podía evitar sus característicos gestos de tensión y los movimientos de mandíbula que denotan incomodidad en los momentos en que su rival hablaba. Y cuando miró a la cámara, apuntó con los dedos índice y pulgar juntos para subrayar lo que decía, se lo notaba excesivamente "libretado".

El Scioli que se vio, en definitiva, pareció muy lejano al de los spots en los que, sonriente, prometía que el país iba a tener una vida mejor "con fe y con esperanza". Ni siquiera las alusiones al papa Francisco lograron cambiarle su gesto tenso por un esbozo de sonrisa.

La apuesta final: el "debate editado"

Si el parámetro para decir quién ganó son las repercusiones en medios y en redes sociales, parecería que Macri ganó por una leve ventaja. Todas las encuestas difundidas por los canales de noticias lo dieron ganador.

Pero eso no significa necesariamente que pueda esperarse una ampliación de la ventaja que las encuestas vienen marcando en los últimos días. De hecho, Scioli todavía tiene una chance final.

Porque claro, ahora viene "el debate después del debate". Lo de ayer fue apenas la primera instancia, y aunque 53 puntos de rating pueda parecer mucho, todavía puede haber millones de argentinos a los cuales convencer y que no quisieron dedicar la hora y media de su noche del domingo para ver el encuentro.

De manera que ahora viene la puja por ver quién gana la versión editada de la discusión. Ambos bandos seleccionarán las mejores frases de su candidato y los peores momentos del rival. Las presentarán con el mejor "packaging" posible en las redes sociales, en los programas políticos y en la publicidad electoral.

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