En el 2003 el Colegio y Liceo Elbio Fernández cumplía 135 años. La directiva decidió inscribir a la institución en varias disciplinas de la Liga Universitaria de Deportes. Una de ellas, el fútbol.
En el primer partido de la sub 18 el juez abandonó la cancha antes de cumplir con los 90 minutos reglamentarios por incidentes. Una vergüenza para un colegio ícono de la educación nacional. “Fue espantoso”, recuerda Julio Jakob, actual presidente de la Liga Universitaria y vicepresidente del Colegio, que en ese entonces había trabajado desde la directiva de la institución privada para que ingresara a la competencia de la Liga. “Fue todo el mundo a ver el partido y los chicos armaron lío. Especialmente los compañeritos que estaban afuera. Claramente faltaba cultura de Liga Universitaria”.
Juan Pedro Quagliata es hoy el capitán del equipo principal del Elbio. En ese entonces era un jugador de la sub 18. “Fue un primer partido agitado, con mucha gente afuera, mucho griterío. El juez avisó varias veces y en una se fue y no volvió más”, recuerda.
Fair Play.
La categoría mayor que hoy integran varios jugadores de aquella sub 18, el año pasado logró el ascenso a la divisional E y, además, le fue otorgado el premio Fair Play por ser el equipo de mejor comportamiento (determinado por la cantidad de sanciones y tarjetas amarillas y rojas recibidas) durante la temporada.
“Aquellos incidentes fueron por falta de disciplina. A partir de ahí se empezó a trabajar con las categorías más chicas, sub 13 y sub 14”, relató a El Observador Álvaro Regueira, coordinador deportivo del Elbio y ex técnico del equipo y de la selección de la Liga. “Ante una actividad nueva y competitiva los chicos querían ganar como fuera. Les importaba mucho lo deportivo y muy poco lo moral, lo ético”, dice.
“En aquel entonces nos juntamos con los directivos y los coordinadores deportivos y comenzamos a diseñar estrategias”, agrega Jakob. “Y se empezó a bajar la línea de cómo se debía actuar. Básicamente mandamos un mensaje: hay que ganar pero no de cualquier forma, y si te toca perder, hay que saludar, siempre”.
Marcelo Sosa, de 27 años, es uno de los más experimentados del plantel y fue el capitán del equipo durante cinco años, antes de pasar la cinta a Quagliata. “No es que tengamos charlas grupales, somos como cualquier cuadro. Somos un gran grupo de amigos”, dice. Pero afirma también algo más sobre la consecución del premio el año pasado: “Podría decir que fue casual porque no fue algo buscado. No era uno de los objetivos del año. Nunca miramos esa tabla. Pero también creo que es el fruto de una maduración de un grupo que comenzó con botijas de 20 años en 2003”.
Coincide con la visión del equipo que tiene su actual técnico, Rafael Bianchi, ex jugador profesional de Nacional y Cerro, entre otros, que desde que llegó al Elbio en 2006 consiguió tres ascensos y un campeonato.
“Se logró que entendieran que jugando al fútbol podían conseguir las cosas. Es algo que se viene pregonando año a año y que se coronó el año pasado con una alegría doble”, dice Bianchi.
Algo que tanto Sosa como Quagliata mencionan como ejemplo de la maduración del equipo es una iniciativa que surgió de algunos jugadores el año pasado. “Organizamos una recolección de juguetes para llevar a distintos hogares en el día del niño”, cuenta Sosa.
“Una vez a la semana, además de las prácticas, nos juntábamos a seleccionar los juguetes y ponerles nombre. No quiere decir nada, capaz que el domingo íbamos y nos matábamos a patadas con todo el mundo durante el partido. Pero muestra cierta madurez”.
Premio ambiguo
El premio Fair Play es unaq distinción a la buena conducta y por esto a veces causa recelo entre los competidores: es visto como un premio a la sumisión más que al respeto a los rivales y los jueces. Quagliata confiesa que “algún comentario irónico siempre hay. Pero se sabe que es algo bueno”, y agrega: “No se precisa que te echen de la cancha para ser más hombre”. Y en esto coincide con Sosa, que redondea el tema: “Hubo gente que por hacerse la ruda decía que no lo merecíamos, pero creo que es en broma. Por más que algunos digan que es un premio para blanditos, demuestra que logramos el ascenso por buenos medios. Que fue un ascenso limpio”.