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El día que Chiquito tiró víboras en el banco de Peñarol

Andrés Vismara tiene 91 años, de los cuales trabajó 34 como kinesiólogo de Bella Vista

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26 de febrero de 2018 a las 05:00

No había forma. Bella Vista no ganaba. La mala racha preocupaba. Y se venía Peñarol. Aquel equipo que conducía técnicamente Dino Sani arrasaba.

Los papales llegaron al Centenario y alguien entendió que debían hacer algo para cambiar la mala racha. Se arrimaron a Chiquito Vismara, el eterno kinesiólogo de los papales y por lo bajo le preguntaron: “'Bo, Chiquito, ¿te animás a tirarle un sapo ahí y unas víboras muertas?'. 'Sí', respondió el hombre que hoy tiene 91 años.

“En el Estadio había un foso y ahí se sentaba Dino Sani. Los brasileños son religiosos. Yo no sé de dónde juntaron las víboras. Terminó el preliminar y me dieron una bolsita. Entré como buscando algo que se me perdió. Cuando llegué al foso tiré todo ahí. Llegó Sani, se sentó, y saltó. Fue increíble, ese partido lo ganamos".

Dicen que los ojos son el reflejo del alma. A este hombre se le nota en la mirada. Lo ratifica cuando habla. "Yo sé lo que es el dolor. Trabajé en el hospital Saint Bois y me tocó ver gente llegar caminando desde Las Piedras porque no tenía para el boleto. A esa gente la tenés que atender. Te puedo asegurar que no hay mejor recompensa en la vida que te digan gracias".

Compinche, observador, consejero de palabra justa. "A los botijas cuando venían al club lo primero que les decía era: 'Acá tenés que ser honesto. Primero ser gente, después jugador. Y si triunfás tenés que arreglar a los viejos".

El hombre se llama Andrés Vismara. Pero su nombre eterno es Chiquito. Trabajó 34 años en Bella Vista, club que lleva adherido en la piel. El marco de la puerta de su casa tiene los colores azul y amarillo. Es el ingreso a una especie de paraíso del club.

A los 91 años Chiquito Vismara no pierde la costumbre de aparecer por la cancha de su Bella Vista. Y cuando el cuadro va perdiendo no duda en ingresar al vestuario a arengar a los botijas que lo miran con los ojos grandotes.

No es para menos. Este hombre trabajó con el Profe De León, Julio Pérez, Óscar Tabárez, Miguel Basílico, Sergio Markarian, Julio Ribas. Sanó a Ostolaza, Revelez, Laclau, De Jesús, Satriano, el Pocho Navarro, Giacomazzi, Darío Rodríguez, Lembo, entre muchos otros. Y el premio más grande que se llevará a su tumba será un simple "gracias".

Su historia con el fútbol comenzó como kinesiólogo en El Tanque, donde coincidió con Tabárez, que por esos días era jugador.

"En ese entonces teníamos un técnico, Eloy García, que daba la charla con un vaso de whisky. Yo miraba a los jugadores y te podés imaginar. Se le terminaba el whisky y Eloy me miraba como diciendo 'andá a buscar más'", recordó Vismara a Referí.

"Luego fui a Cerrito y salimos campeones. ¡Sabés lo que es salir campeón con Cerrito! La locura del barrio. Después de eso dejé y vienen a hablarme para ir a Bella Vista. Empecé a trabajar con Sergio Markarian como técnico. Salimos campeones de la B. Había cada jugador... Y me afinqué ahí 34 años".

"Mirá, un vestuario es un confesionario. Si vos jugaste al fútbol ya conocés un vestuario. De repente un jugador que es un fenómeno al otro partido no anda, y vienen las críticas. Y no es así, hay que ver por qué. A lo mejor tiene siete hermanos, a la madre enferma, no hay que apresurarse a decir las cosas. Un vestuario te da una psicología importante".

Y pone como ejemplo aquella famosa frase del pasto de JR. "Por ejemplo Juan Ramón Carrasco tiene razón, el olor a pasto te marca. Te marca con qué zapatos entrás, la cancha, todo. Eso lo sabe el que jugó al fútbol". Chiquito acotó que "el Loco Julio", como llama a Ribas, le mandaba a hablar con los botijas. "Vos tenés que enseñarles, decirles lo que es la vida, no es 'vestite y andá'. Acá hay otra cosa, vos estás haciendo un camino y primero tenés que ser honesto", le decía.

Las locuras de Julio Ribas
A los 91 años su memoria va para todos lados. Sonríe cuando le viene un cuento a la memoria. Y no duda, con Ribas fue especial. "Julio las sabe todas (risas). Cuando agarró yo había ido a dar una mano a la Quinta que jugaba con Rentistas. Y al otro día me llama Julio al Círculo de Tenis, donde se reunían, y me pregunta: '¿Chiquito, vos viste algún jugador?'. Y le digo: 'Ah sí, yo vi dos jugadores: Lembo y Giacomazzi'. ¡Los dos para el primero!".

En la charla con Referí recordó cuando salían de noche en la camioneta de Ribas a ver si los jugadores estaban en la casa. "Y un día la quedó uno. El Julio me pedía que lo acompañara. Un día llamó a uno y no estaba en la casa, lo pelaron. No jugó. Ese fue el aviso. Llamaba a las 11 y estaban todos en la casa. Pero Julio llamaba dos veces".

No olvida un día que Darío Rodríguez se presentó tarde a entrenar y se lo cruzó: "Chiquito no digas nada". "¡Andá a vestirte ya!", le sugirió. "Pero Ribas sabía todo, se me arrimó y me dijo: 'No me hagas más esto Chiquito'.

"Julio era un infierno, vivo, motivador. Estudiaba hasta la barrera. Él decía que los cagones no podían ir a la barrera. Entonces en las prácticas entrenaba y los mataba a pelotazos. 'No se mueva nadie', decía".

De Julio Pérez a De León
Se para, trae una vieja camiseta firmada. Pese a la prótesis en su rodilla, Chiquito es un canto a la vitalidad. Tantos años en el fútbol lo llevaron a compartir vivencias con históricos.

"Un día estábamos practicando y me dice Víctor Púa: '¿no me juntás unas ramitas para hacer leña?'. 'Sí, cómo no'. Salieron todos a correr y empecé a juntar. Y siento un ruido atrás. Era Julio Pérez. Y le digo: '¿qué hacés Julio?'. 'Nada, te vengo a ayudar', me respondió. Y le digo: 'Con razón fuiste campeón del mundo'. ¡Una humildad!".

En ese entonces Pérez era ayudante del Profe De León. "Con el Profe De León te quedabas asombrado de escucharlo. Tenía confianza conmigo y me llamaba. 'Vení Chiquito, escuchá'. Y yo prestaba atención. Los jugadores quedaban con la boca abierta porque no solo te enseñaba de fútbol sino de cultura, de actitudes, de formas, era un fenómeno. En los partidos me anunciaba los cambios".

Revelez y Ostolaza, caudillos
A la hora de hablar de caudillos no olvida a Daniel Felipe Revelez. "Pah... el Zorro fue un fenómeno. Una vez había jugado contra Defensor, se sintió la rodilla, pero no decía nada. Al otro día lo veo que se tocaba. Y vos en esas situaciones no podés preguntar delante de todos. Me senté al lado, y ahí cortito le dije: 'Daniel, ¿qué te pasa?'. 'La rodilla. Si le decís al técnico te mato'. Quería guerra. Entonces le digo: 'Pará Daniel, mirá que las lesiones de rodilla son la tumba del jugador. Al final lo convencí. Le hicieron las maniobras y no jugó. Aquella tarde le venía a hacer una nota Julio Toyos. '¿Dónde está Revelez?'. Y le dije que en el vestuario del fondo. Se le caían las lágrimas porque no podía jugar. La nota decía: Lágrimas de varón".

Para hablar de Ostolaza, el eterno kinesiólogo dice: "El Vasco es un ejemplo". "Con Markarian recuerdo que fuimos a jugar un partido con Bella Vista de Dolores. Y veo un centrohalf. Voy y le digo: 'Sergio, me gusta cómo juega ese flaco'. ¿Y quién era? ¡Ostolaza! Llamaron a un dirigente, fueron a hablar con el padre que les dijo que ese año no pero que al año siguiente iba a Bella Vista. Fueron Nacional y Peñarol a buscarlo. Pero el padre cumplió con la palabra. El Vasco es un ejemplo. De persona, de jugador, era un líder. Extraordinario. Humilde, derecho a carta cabal, solidario con todos. Y guapo como pocos".

Bella Vista, mi vida
Vismara no olvida y recita de memoria el cuadro papal de 1981. Tiene un recuerdo para los Bauzá. "El viejo era un fenómeno. Recuerdo que a fin de año llevaba pan dulce para todos. Una vez pasamos siete meses sin cobrar y levantamos una carpa en el Nasazzi como protesta. Don Bauzá vendió un terreno para pagarnos".

Denomina al Pocho Navarro como su hermano. Al Pocho Laclau como de los mejores jugadores que vio. No tiene vergüenza en decir que algunos jugadores lo ayudaron con dinero. "Pero yo no miro la plata. Lo importante que hice en mi vida fue tener amistad con todos ellos". Y cierra con un pensamiento que lo describe de forma perfecta: "Cuando me hicieron un homenaje en la Mutual había como 60 personas. Lo único que dije, lo único que me salió, fue decir que no sabía que tenía tantos amigos. Ese día pensé: caminé bien. Si vos caminás bien en la vida, tenés tu recompensa".


Rubens Navarro

"El Pocho estaba con los aspirantes. A mí los zurdos me encantan. Y me dice Markarian: 'Vaya a ver si ve alguno ahí'. Y veo un zurdito por la derecha que la enganchó. 'Que lo fichen', dijo Sergio. Rubens es algo especial, es parte de mi vida".

Alejandro Lembo

"Fuimos a La Paz a jugar por la Copa con aquella banda de Lembo y estábamos con un susto bárbaro por el tema de la altura. Llego yo y empiezo a arengar y jorobar. '¡Qué altura ni qué altura! Pah, a los pocos minutos se me nubló la cabeza'".

José Sasía

"No puedo olvidar un señor con el que me crié y jugué un poco al fútbol: Pepe Sasía. Un hombre derecho. Acá había 10 canchas, no quedan más. Vas al baby fútbol, no tengo nada contra ellos, pero no pueden los padres, mandan ellos porque ven al hijo como el salvador. Con el Pepe teníamos una amistad bárbara, fue algo especial para mí, fue grande, ídolo, amigo, era leal. Guapo guapo, ¡eh! Se peleaba".

Martín García

"Yo no sé si la figura de Nasazzi fue memorable y perdura porque todos los que se pusieron la camiseta de Bella Vista dieron todo. Nasazzi es una luz. Yo quería poner un mural de Nasazzi en el vestuario. Por ejemplo el Tato Martín García, todos saben que es de Peñarol, pero jugó con Bella Vista cuando le ganamos a Universidad Católica en la montaña y nunca vi un jugador que metiera tanto".

Jorge Fossati

"Fue un señor. Un día vinieron a pagarles a los jugadores y Jorge dijo: 'No, nosotros no cobramos, paguen a los funcionarios que necesitan el dinero'. A los dos días vinieron y nos pagaron a todos. No lo hace cualquiera".

Diego Alonso

"Tenía combados los pies, no sabía pegarle a la pelota. Un día me dice: 'Después que termines, ¿no venís que me tiran centros así nos alcanzás la pelota?'. Ese quería llegar. Y luego Julio le dio la vida. 'Sos un asesino', le decía, y empezó a hacer goles".

Álvaro Gutiérrez

"Yo iba al básquetbol también, me llevaron a Capitol. Un día voy y estaba jugando Alvarito en la reserva. Era malo para el básquetbol. Y me dice: 'Chiquito, yo quiero jugar al fútbol'. Le dije: 'Bueno, andá mañana y yo te presento'. Estaba Miguel Puppo de técnico y le pedí si lo podía ver. Entrenó y al otro día fui al club y me dijo Puppo: '¿Qué me trajiste?'. Y le digo: 'Esperá, esperá un poco más'. A los dos días fui y me dijo: 'Vos sabés que me está gustando porque se la pasan por los caños, se da vuelta y les quita la pelota'. Miren cómo se dan las historias. Ahí subió y salió campeón".

Óscar Tabárez

"Trabajé en El Tanque, donde estaba el Maestro Tabárez como jugador, un señor con mayúscula. Era flor de zaguero pero ya tenía la rodilla como la mía. Un día se fracturó el pómulo, lo llevamos al hospital y luego a la casa en la que vivía en el Cerro".

Bella Vista

"¿Qué es Bella Vista? Es mi vida. Ah sí, Bella Vista es mi vida. Conocí el mundo, algo que con mi salario no hubiera podido hacer, conocí amigos, y viví la vida".
Se murió toda mi familia".
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