27 de febrero de 2012 18:20 hs

Hay dos escuelas al respecto. Quienes ven en el precio del dólar el único –o el principal– determinante para las exportaciones, ven con ojos bien grandes y llorosos una baja sostenida del tipo de cambio y se apresuran a corregir sus modelos econométricos. “Ahora no nos va a comprar nadie”, se lamentan entre lágrimas.

Y los hay de los otros. Quienes no se cansan de decir, con aire de desenfado, que el tipo de cambio real –entendido como la relación entre los precios de dos economías, medidos en una misma moneda– no es sinónimo de competitividad y que la cosa pasa por otro lado. Hablan de infraestructura, de capacitación de la mano de obra, de libre acceso a los mercados, de la facilidad para hacer negocios.

Los economistas que reniegan de los efectos del tipo de cambio en el comercio exterior tienen la mirada fija en el largo plazo. Las empresas mejorarán su inserción en los mercados internacionales siempre y cuando puedan ofrecer un mejor producto que sus competidores y que su producción sea más eficiente.

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Sin embargo, eso no echa por tierra la visión de los economistas más sensibles. Es cierto que los exportadores producen hoy para colocar sus productos mañana y cobrarlos pasado. Eso quiere decir que el tipo de cambio de referencia a la hora de producir no es el efectivo sino el esperado.

Los exportadores, a la hora de anticipar sus ventas necesitan certeza de que el tipo de cambio no va a sufrir variaciones bruscas y si lo hace –si es inevitable–, que sea en línea con sus principales competidores, de manera que los precios medidos en una misma moneda, de los agentes locales e internacionales, no se vean desfasados.

Pero si eso sucede, si el productor planifica con un dólar a $ 20 y termina cambiando $ 18 por dólar vendido, es innegable que va a haber un problema. La rentabilidad de las empresas es una variable fundamental a tener en cuenta en una economía saludable y la baja del tipo de cambio constituye un determinante fundamental.

En un contexto de costos crecientes y una mayor participación de la masa salarial en la ecuación de las empresas, el mantenimiento de la competitividad medida a través de los precios es fundamental. Porque si los costos aumentan y los ingresos disminuyen, lo que se ve afectada es la capacidad de las empresas para sostener el crecimiento de los salarios.

¿Y qué pasa con las nuevas empresas? Uruguay no tiene un mercado interno que ofrecerle a los inversores, sino una buena plataforma para realizar sus negocios de cara al exterior. Mantener un tipo de cambio competitivo no es un capricho simplista ni un pataleo de los exportadores, debe ser una prioridad.

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