6 de junio 2015 - 5:00hs

Se cumplían 50 años de Clarín y el diario argentino hizo una fiesta en la que actuaban el Polaco Goyeneche, Fito Páez y Julio Bocca. El bailarín estaba llegando al ensayo cuando el tanguero le preguntó: "¿Cuándo llega Julio Bocca?". "Soy yo", le contestó quien ya en ese entonces era una figura consagrada del ballet y el mayor bailarín argentino de todos los tiempos. Quizá esperaba más glamour o menor timidez, no se sabe. Lo cierto es que Goyeneche creyó que ese joven era simplemente el que le llevaba el bolso a Bocca.

El intérprete se consagró durante 20 años como primer bailarín del American Ballet, creó su propia compañía, el Ballet Argentino, y concretó su sueño de acercar esta danza a un público masivo, como lo demostraron las más de 300 mil personas que colmaron en 2007 la avenida 9 de Julio para despedirlo de los escenarios. Bien conocidos son los despliegues de pasión de las multitudes en el país vecino. Pero hasta la llegada de Bocca nadie esperaba tales demostraciones, más propias de la política, el rock o el deporte (un fenómeno parecido había sucedido con Guillermo Vilas) que de una disciplina artística en puntas de pie.

De hecho, no sería arriesgado profetizar que el día en que Bocca se retire como director del Ballet Nacional del Sodre (BNS) pudiera ocurrir un fenómeno similar en la Plaza Independencia.

Más noticias

Pero en esta ocasión, la noticia no es el retiro sino los cinco años del argentino al frente del cuerpo de baile del Sodre, que este año cumple, además, 80 años. Los números son apabullantes: 500 mil espectadores en este período, 30 nuevas obras estrenadas y un promedio de 160 localidades vendidas a diario. Con su presencia, además, el BNS tuvo acceso a coreógrafos prestigiosos a nivel mundial, salió de gira internacional por numerosos países y ha conseguido hitos únicos en su historia, como bailar por primera vez en el Teatro Colón de Buenos Aires.

En estos cinco años, la compañía ha vuelto a su época dorada, como en los tiempos de bailarines como Tito Barbón y Margaret Graham, y se ha convertido para muchos en una de las mejores (sino la mejor) de América Latina. Pero acaso lo más impresionante que Bocca ha logrado con su gestión es volver a hacer de esta disciplina un tema de conversación, una expresión cultural accesible por lo cotidiana. Así lo demuestran los cientos de uruguayos de todas las edades que acuden a las funciones del ballet.

Pasaron cinco años desde que Bocca se convirtió en una figura pública en Uruguay, pero sin embargo, su persona continúa siendo inefable. Es que siempre detrás de un gran éxito se encuentran repiqueteando las preguntas sobre el cómo y el por qué.

De vestir campechano y ánimo de andar de incógnito por la vida. Detallista al extremo, exigente, reservado, humilde y deslumbrante son algunas de las cosas que se dicen de él, pero si hay algo en lo que todos coinciden al hablar de Bocca es su enorme capacidad de trabajo.

Rutina de sacrificio

"Él es alguien que exige el máximo, que te pide que trabajes sobre tu techo no sobre tu piso, porque siempre que te des la cabeza sobre el techo un día va a ceder. Él piensa esto: 'Si yo lo pude hacer, cualquiera puede'. Nosotros que lo vemos de afuera sabemos que es un ser excepcional, pero él no se siente como tal", comentó a El Observador Gerardo Bugarín, gerente del BNS, quien comparte diariamente oficina con Bocca. "Él es alguien que exige el máximo, que te pide que trabajes sobre tu techo no sobre tu piso, porque siempre que te des la cabeza sobre el techo un día va a ceder. Él piensa esto: 'Si yo lo pude hacer, cualquiera puede'. Nosotros que lo vemos de afuera sabemos que es un ser excepcional, pero él no se siente como tal", comentó a El Observador Gerardo Bugarín, gerente del BNS, quien comparte diariamente oficina con Bocca.

Dice el refrán que "lo que se hereda no se roba", y si hay algo que Bocca mamó de su familia fue el sentido del trabajo y el sacrificio. Hijo de una madre soltera (su padre no lo reconoció), la niñez de Bocca estuvo marcada por la fuerte presencia de su madre, Nancy, bailarina y docente, y sus abuelos, Teresa y Nando, un inmigrante italiano amante de la ópera y el ballet, quien estaba convencido de que su nieto sería bailarín. "Aprendí a colgarme de la barra antes que a caminar y mi debut a los cuatro años en el Teatro del Globo fue con chupete", contó Bocca en una entrevista.

De pequeño el argentino se despertaba sobre las cinco de la mañana para salir de su casa en Munro, en el Gran Buenos Aires, y tomarse al tren a la Escuela Nacional de Danza. Luego acudía a la escuela de tarde (Bocca no cursó el liceo) y de noche iba a la Escuela del Teatro Colón. Al terminar se dirigía al trabajo de su madre para volver a Munro sobre las once de la noche.

Rodolfo Braceli, escritor de la biografía Julio Bocca / Yo, príncipe y mendigo (1995) resume en una anécdota la personalidad de Bocca. Después de cumplir los 10 años, el bailarín hacía solo ese recorrido diario. Una mañana oscura en la que se dirigía a la Escuela de Danza, un hombre lo amenazó con un arma para asaltarlo. Finalmente no le robó nada y Bocca salió corriendo y regresó a su casa. Tras el shock, tomó algo caliente y volvió a enfilar para el tren. "Si me perdía una clase en el Colón me moría y no de un balazo", dijo el bailarín.

A los 14 años Bocca se fue solo a bailar a Venezuela y cuatro años después llegó uno de los hitos de su carrera: ganó la medalla de oro en el 5º Concurso Internacional de la Danza de Moscú, el certamen internacional de ballet en Moscú, lo que hizo que Mikhail Baryshnikov lo convocara como primer bailarín para el American Ballet.


Un hogar

Durante todos esos años, Bocca no paró y bailó en los mejores escenarios de todo el mundo. Pese a estar solo unos 80 días al año en Buenos Aires, según sus cálculos, su madre siempre lo alentó a seguir. "La necesidad de cumplir siempre, como sea, fue algo que mi abuelo y mi madre me inculcaron", contó el bailarín en otra ocasión.

El único período de descanso fue el que lo trajo a Uruguay, país en donde había conocido a su pareja y donde Bocca se tomó un año y medio sabático. El artista se encontró entonces con un nuevo desafío y con una ciudad en la que, por primera vez desde su infancia, pudo calificar como un hogar. En vez de saltar de hotel en hotel, de ciudad en ciudad, pasó a tener una casa y una persona a la que volver todos los días, pudo disfrutar de las mañanas, de caminar por la rambla, de sentir la cercanía del mar.

Pero era casi imposible que su talento pudiera descansar mucho más y en 2010 el entonces presidente José Mujica lo convocó para estar al frente del BNS. De allí comenzó el proceso de reorganización del ballet que todos conocemos, desde sus comienzos en una oficina a medio construir y sin luz, hasta el nuevo teatro y la renovada época de oro del BNS.

La "máquina de trabajo" Bocca volvió a activarse. Incluso cuando su madre falleció el año pasado, en Buenos Aires, por un ataque al corazón, Bocca tampoco paró. "Mi madre no me hubiera dejado que me quedara llorando. Ella siempre me enseñó que hay que salir adelante. Y eso es algo que a todos nos va a pasar", dijo durante una rueda de prensa en el Sodre.

Embed


Nada al azar

Otra de las características de Bocca que una y otra vez nombran las personas que lo conocen es su perfeccionismo al extremo y la necesidad de controlar todo lo que sucede con la compañía.

Sara Nieto es coreógrafa de Giselle, obra del BNS actualmente en cartel, y conoció a Bocca cuando era adolescente. Ya en aquel entonces previó que él se convertiría en el "nuevo Baryshnikov". Nieto lo describe con una anécdota: "Julio lo decide todo. Cuando estaba en la compañía de él, teníamos un sonidista que era nuevo y me preguntó: '¿Lo chequeaste? ¿Estás segura? Chequeá bien'. Llegó la función y el sonidista en lugar de poner la música correcta, puso otra, la cambió y tampoco era esa. Y Julio, en vez de ponerse furioso, me miró y me dijo: '¿Viste?'. Siempre tiene razón. No deja nada al azar y todo lo quiere ayer".

Trabajar con Bocca "es una experiencia de mucho vértigo", señala Bugarín. "Se te abren los ojos a otros mundos. Es poder ver el futuro". Pero a la vez, "es un rompehuevos como no te lo podés imaginar", dice sin tapujos. Trabajar con Bocca "es una experiencia de mucho vértigo", señala Bugarín. "Se te abren los ojos a otros mundos. Es poder ver el futuro". Pero a la vez, "es un rompehuevos como no te lo podés imaginar", dice sin tapujos.

Ese perfeccionismo y control también le ha generado críticas a Bocca. "Entre los bailarines se comenta que si vos bailaste y no dijo nada significa que lo hiciste bien. Y si te dice 'bien' es porque lo hiciste excelente", sostiene la experta en ballet Lucía Chillibroste, quien hasta el año pasado estaba al frente del perifoneo de las obras del BNS. "A veces les gustaría (a los bailarines) que él los felicitara", comenta Chillibroste.

Desde que Bocca está al frente del BNS, por otro lado, cambió totalmente el esquema de trabajo, ya que se hacen concursos todos los años, la competencia es mucho mayor porque el crecimiento del nivel implicó la llegada de postulantes extranjeros y los sueldos surgen de un fideicomiso que los contrata en régimen privado y por un año. Eso, sumado a la queja de algunos bailarines de que Bocca se negó a que se sindicalizaran y de otros, que no fueron integrados en el nuevo modelo de trabajo del argentino, le ganó detractores al director artístico del BNS.

También surgieron problemas con la orquesta del Sodre (OSSODRE), cuyo primer violinista, Daniel Lasca, calificó al argentino de "dictador". Los conflictos con la OSSODRE implicaron que en varios espectáculos de 2011 a 2014 el BNS se presentara sin orquesta. Recién este año, por el 80° aniversario de la compañía de baile, todos los espectáculos se realizan con música en vivo, de la OSSODRE y la Orquesta Filarmónica de Montevideo.

Más allá de las críticas, Bocca ha logrado cosas que muy pocos imaginaban. "En 2011 o 2012 era imposible hacer una gira por España de un mes. Hoy se transformó en algo normal", destaca Bugarín. Otro aspecto es la cantidad de artistas de renombre y de obras de coreógrafos consagrados que llegan al país. "Me llama la atención el cariño y reconocimiento que le tiene la gente de afuera. Cuando vino Natalia Makarova, que es una de las diosas del ballet, me contó que no quiso ir al Colón porque no le gustaba la compañía y cuando le pregunté por qué vino acá me dijo: 'Porque Julio me lo pidió'", comenta Chillibroste.

Embed


Estrella distante

Tímido y distante son dos adjetivos que también suelen utilizarse para describir a Bocca y solo hace falta acudir a una rueda de prensa con él para notar que el argentino no se siente cómodo hablando con los periodistas (El Observador consultó para entrevistarlo, pero de momento Bocca no está hablando con la prensa). Hay anécdotas del exbailarín escapándose por las puertas traseras de los teatros o usando capuchas para no ser reconocido o incluso ha comentado su gusto por ir al supermercado temprano por las mañanas para evitar miradas.

Bocca, no obstante, ha negado esta fama en varias ocasiones. "Solamente hice la primaria. Cuando empecé a viajar por el mundo y a conocer franceses, estadounidenses, rusos, ellos tenían una preparación que yo no tenía. Y me daba cuenta. Yo tenía más calle capaz, pero ellos hablaban de cosas que yo no entendía. Creo que un poco de ahí sale mi fama de tímido: era preferible callarse a decir cualquier boludez", sostuvo en una entrevista con la revista Gente.

Seguramente en estas vivencias se encuentra el origen de su sueño de una escuela integral de danza. Quizás este proyecto pueda ejecutarse en Uruguay, ya que en marzo Bocca dijo que intentará concretar con este gobierno la creación de una Escuela Nacional de Danza que incluya Primaria y sea de tiempo completo.

Sería otro logro para este artista excepcional, que consiguió meter la danza clásica en estadios y sacarla a la calle, que volvió a popularizar el ballet en Uruguay y que, a la vez, sueña con ir a la Antártida, para estar en un lugar donde no haya nada.

El año pasado, cuando recordaba su retiro, Bocca pronunció una frase que conmovió a todos en el programa de Mirtha Legrand: "Es muy duro cuando, después de las 300 mil personas, volvés a tu casa y te das cuenta de que estás solo".

Quizá por eso se llama estrellas a determinadas personas: tienen una luz propia que brilla para que todos la vean, pero que, pese a ello, no dejan de estar solas y lejanas.




Embed


Temas:

Sodre ballet Julio Bocca Recomendadas

Seguí leyendo

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos