10 de abril de 2012 13:04 hs

Con la llegada del grado inversor comenzó el llevaitrae. Twitter se llenó de comentarios de políticos y politizados que reivindicaban para su fracción el logro de haber recuperado el favor de Standard & Poor’s. El circo empezó el mismo martes en que la calificadora de riesgo anunció la noticia.

La alerta en la terminal de Bloomberg poco antes de las seis de la tarde hizo conocer a analistas, corredores y gobierno las buenas nuevas. Los portales en internet y las redes sociales hicieron lo suyo para que en cuestión de minutos fuera vox pópuli en el ciberespacio. Uruguay retornaba después de 10 años a la categoría de inversión segura. No es poca cosa, pero muchos entendieron lo que quisieron entender.

Todas las figuras del ala astorista en la conducción económica mostraron la cara en los medios de comunicación. Resaltaron la importancia del grado inversor, recriminaron a Standard & Poor’s por no haber hecho antes el ajuste e hincharon el pecho por ser ellos quienes están donde están a la hora de recibir el reconocimiento.

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Al fin y al cabo, la caída histórica de la pobreza y el restablecimiento del grado inversor, con una semana de diferencia, son dos noticias que le dan margen a los sectores más moderados de la fuerza de gobierno frente a la amenaza que suponen para su permanencia en la conducción económica los sectores más radicales del Frente Amplio.

En el desfile de rostros y voces, atrás del gobierno siguió la oposición. Claro, el mérito no es solo de la actual administración. La salida ordenada de la crisis de 2002 fue un mérito compartido. Todos los partidos tuvieron que ver con las decisiones que permitieron restablecer la confianza de los mercados financieros.

Luego, los comentarios de siempre. Analistas y de los otros aportaron sus peros: que la deuda sigue siendo elevada, que el gobierno hizo una fiesta de gasto público en los últimos años, que la responsabilidad fiscal es una farsa, que la inseguridad, que la crisis en la educación, que el maltrato animal en las criollas del Prado.

La opinión pública se aferró al grado inversor e hizo de él lo que le vino a cuento. Quizá sea momento para dejar de lado los discursos políticos y darle al tema su real magnitud.

El grado inversor es un logro importante que le permitirá al país acceder en mejores condiciones al mercado de capitales, reducir su vulnerabilidad a los embistes de la crisis mundial y, sobre todo, contar con una mejor referencia a la hora de ofrecer a los inversores realizar emprendimientos productivos en el país. ¿Eso redunda en una mejora en la calidad de vida de la población? De forma directa, no. Pero sí le brinda al país mayores oportunidades. En el gobierno y el sector privado está el saber aprovecharlas.

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