31 de enero de 2012 11:53 hs

Siempre es la misma historia. Las calificadoras de riesgo coquetean con la deuda uruguaya, retocan sus percepciones –siempre de forma favorable–, elogian las políticas del gobierno, dicen que el país va bien encaminado. Pero ese camino hacia el grado inversor parece no terminar nunca.

Las principales agencias están en una encrucijada. Ya no quedan argumentos de peso para mantener a Uruguay en una posición especulativa. Los fundamentos macroeconómicos dan cuenta de un país estable, con capacidad para hacer frente a sus obligaciones en el largo plazo. No hay factores económicos, financieros ni políticos internos que pongan en duda la capacidad ni la voluntad de pago de las autoridades uruguayas, sea cual sea el gobierno de turno.

La incertidumbre se encuentra en el exterior y afecta a la calificación uruguaya de dos maneras. La primera es inmediata. Si el mundo ingresa en una nueva recesión, Uruguay tendrá que enfrentarse a un mercado internacional más hostil. Si se desacelera aun más el crecimiento de las economías emergentes por un efecto contagio de la zona euro, las posibilidades de comercio se verán reducidas y la inversión extranjera enfrentará un freno.

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Pero aun en el peor escenario Uruguay seguirá creciendo, como señalan las proyecciones de los principales expertos del país. Al mismo tiempo, la política de prefinanciamiento de la deuda llevada a cabo por la actual administración, junto con los sucesivos canjes realizados en los últimos años que permitieron estirar los vencimientos, hacen que las obligaciones del Estado no sean una carga para el país de cara a un mercado de capitales menos amistoso.

¿Dónde está el problema de las calificadoras? ¿En una inflación por encima del rango meta? ¿En la dolarización del sistema financiero? ¿En el ratio de deuda sobre PBI? En ninguno de esos elementos. Simplemente las calificadoras prefieren esperar. En medio de una crisis financiera es fácil dar malas noticias. Rebajar la calificación de Bélgica o de Francia es sencillo cuando los déficits fiscales aumentan y la deuda no disminuye. Pero pasar a un país de la lista de posiciones especulativas al grado inversor genera un riesgo mayor.

Las principales agencias cargan con grandes errores en su haber. La pésima evaluación de los activos hipotecarios, que profundizó la crisis en 2008, y la sobrecalificación de las economías periféricas de Europa son los más recientes.

Mientras que la incertidumbre siga dando vueltas en los mercados financieros, las agencias seguirán agregando plazos y excusas al grado inversor uruguayo. Solo resta armarse de paciencia.

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