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18 de julio de 2011 22:25 hs

Unidad, compromiso y respeto fueron las tres palabras que empleó don Sergio cuando desembarcó en Perú. El país enteró se embanderó bajo un mismo proyecto.

La unidad partió desde uno de los sectores más complejos del fútbol peruano: el periodismo. Todos respetaron su palabra. Las críticas disminuyeron y ya no trabajaron más en base al sensacionalismo.

Claro, el Mago, como lo llaman a Sergio Markarián, inspira respeto. Se lo ganó allá por 1993 cuando llegó por primera vez a ese país. Tomó la conducción de Universitario, uno de los grandes peruanos. La misión era imposible. El equipo crema estaba penúltimo en la tabla de posiciones de la liga local. Lo sacó campeón.

Cuatro años más tarde metió a Sporting Cristal en la final de la Copa Libertadores formando un equipo basado en la disciplina, el profesionalismo y la organización que inculcó.

Desde entonces su palabra inspira respeto. Pocos son los que lo contradicen cuando habla porque lo hace desde la convicción y, lo que es más importante, con fundamentos.

De la unidad pasó al compromiso. Exigible para todo proyecto que se precie de tal. Markarián citó y luego observó la conducta. Y algunos equivocaron el camino. Se fueron, o mejor dicho, fueron excluidos por quebrar un código del grupo.

Pero claro, había jugadores importantes y en este momento el fútbol peruano no se puede brindar ciertos lujos como prescindir de jugadores de determinada calidad.

Fue así como los referentes del plantel –Vargas, Guerrero y Pizarro– lo encararon pidiendo por el regreso de Jefferson Farfán, uno de los sancionados por actos de indisciplina. Markarián no respondió esa primera noche. Se tomó tiempo y al otro día, ante la insistencia, contestó: “Voy a hacer una excepción pero si alguno de ustedes me falla renuncio. Aunque Perú vaya primero en la Eliminatoria, yo me voy”.

Se ganó el respeto de los referentes del grupo, lo que llevó a todos a unirse bajo la bandera del respeto.

Pero asumió otros roles que marcaron cambios en el fútbol peruano. Una de las primeras cosas fue llevar a un psicólogo al que le paga el salario de su propio bolsillo. Esas cosas pesan.

A la hora de salir a la cancha a trabajar también marcó pautas apoyándose en sus colaboradores directos.

Una de sus preocupaciones era el juego aéreo. Y recomendó la tarea al Vasco Óscar Aguirregaray: “No puede ser que ante una pelota parada en contra, el país tiemble porque los jugadores no se despegan del piso”, expresó Markarián. Y claro, completó la tarea con un especialista de pelota quieta como Pablo Bengoechea, el ex ídolo aurinegro, que comenzó a transmitir sus secretos a la hora de la pegada.

Cuando le preguntaron por las razones de su éxito respondió mostrando una base de datos de todos los jugadores peruanos.

Sergio tiene un compromiso asumido: “Me he metido de lleno a analizar el libro Deuteronomio, de la Biblia, que narra lo que vivieron los judíos para llegar a la tierra prometida. Algo muy parecido a lo que estamos viviendo; para nosotros, el Mundial en el país de Pelé es la tierra prometida. El gran objetivo es clasificarnos”.

Y la palabra del Mago es respetada a muerte en todo el Perú. Cómo serán las cosas que a través de Internet se lleva adelante una campaña para colocar la imagen de Markarián en los billetes de 100 soles.

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