16 de junio de 2011 19:25 hs

Lo que comenzó en 1954 siendo un pequeño homenaje en forma de paseo en carruaje por Dublín es hoy, 67 años después, un evento mundial de escala global, un megahomenaje que ya traspasó las fronteras meramente literarias y se transformó en un auténtico leviatán.
Estamos hablando del llamado Bloomsday, el 16 de junio de cada año, que recuerda aquel otro 16 de junio pero de 1904, cuando un personaje flaco y tímido llamado Leopold Bloom salió de su casa dublinesa para realizar una recorrida casi casual por diferentes puntos de la ciudad, hasta que regresó a su hogar en la madrugada siguiente, cuando su esposa Molly, acostada en la cama y entresueños lo escuchó llegar y reflexiona sobre eso y el resto de su vida. Todos estos hechos quedaron estampados en las páginas de Ulyses, la más famosa obra del escritor irlandés James Joyce, publicada en París en 1922.
Para el “cincuentenario” de la odisea de Bloom por Dublín, un tal John Ryan, escritor y crítico, junto a otros amigos (incluido Tom Joyce, un sobrino del autor) decidieron organizar un mínimo homenaje.
Casi sin saberlo, estaban inaugurando lo que es hoy el mayor festejo literario del planeta. Las actividades se suceden a lo largo y ancho del mundo, con el obvio epicentro dublinés. Cada año arriban a la capital de Irlanda miles de personas de las más diversas procedencias, con el fin de recorrer las calles, las plazas, las esquinas, los pubs, los museos y otros edificios públicos y privados nombrados en la novela. Pero la pretensión de los fans no solo queda limitada al aspecto geográfico del asunto.
En Dublín, desde hace unos años que se lleva al extremo la mímesis entre ficción y realidad, y entonces muchos restaurantes organizan desayunos como los que se describen en la novela (Bloom antes de salir de su casa en la ahora archiconocida calle Eccles se prepara unos riñones y entrañas de ave fritas), la gente alquila trajes y disfraces que simulan las prendas vestidas a principios del siglo XX en la ciudad y hasta en el hipódromo dublinés se corre una carrera donde los caballos llevan los nombres de los que inventó la pluma de Joyce.
Lo festejó el mundo
Cada año se produce la buena costumbre espejada de que la realidad busque asemejarse a la ficción. Más de 40 ciudades en distintos puntos del mundo rememoraron al escritor irlandés y a su obra más conocida. Desde Estocolmo, pasando por Nueva York, Sevilla, París, Seattle, Canberra y decenas de pueblos de Irlanda hasta Lisboa y Kansas City. Incluso los chinos festejan el Bloomsday en Shanghái. Todas, de alguna manera, lograron el milagro de ser Dublín por unas horas.Las más cercanas a nosotros fueron Buenos Aires, Porto Alegre y Santa María, que no es la de la ficción de Onetti sino una ciudad universitaria de Río Grande del Sur. A no preocuparse, uruguayos joyceanos, porque por suerte siempre queda el eterno refugio de volver a sumergirse en las aguas de esa novela-río.

¿Y acá, qué onda?
Consultado por El Observador, Carlos Liscano, director de la Biblioteca Nacional, dijo que no estaba al tanto de los festejos mundiales. “Lamento no haberme enterado; si no la Biblioteca hubiera organizado algo. Reconozco mi ignorancia”, se excusó Liscano. “Así como somos ineficaces en otros temas, aquí pasó lo mismo”, agregó. Recordó que el año pasado se colocó una placa en homenaje al poeta franco uruguayo Jules Laforgue.

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