En 2014, se confirmó que la “nueva edad de oro” de la televisión todavía tiene tela para cortar y de distintos tipos. El año dio lugar para que viejos jugadores de la industria, como HBO y AMC, se luzcan con su programación, mientras que nuevos contendientes como Netflix, Cinemax y Amazon, se abren lugar con propuestas innovadoras.
La “pantalla chica” es un título que ya no le sienta a la televisión. Resulta degradante disminuir la dimensión semántica del actual proveedor de entretenimiento de calidad en lo que a materia audiovisual refiere. Estos 10 ejemplos lo demuestran.
La serie documental emitida en National Geographic es un relanzamiento del programa homónimo creado por el científico Carl Sagan en la década de 1980. Impulsado por la viuda de Sagan, Ann Druyan, y conducido por el astrofísico Neil deGrasse Tyson, Cosmos recurrió a un guión amigable y efectos especiales de punta para demostrar que la narración científica sobre temas tan complejos como la composición del Universo, la naturaleza de la velocidad de la luz o la posibilidad de vida en otros planetas podía ser tan adictiva como el más elaborado de los policiales.
Last Week Tonight with John Oliver
Como parte de la escuela estadounidense de programas que combinan periodismo y humor, John Oliver y su Last Week Tonight de HBO se convirtieron en uno de los fenómenos televisivos del año. Aunque, a decir verdad, el informativo ganó su popularidad gracias a Youtube. Con reportajes sobre temas tan diversos como la corrupción de la FIFA, las protestas de Ferguson o el concurso de belleza Miss América, el conductor británico se volvió la insignia de una solicitada renovación en este género televisivo popularizado por John Stewart y Stephen Colbert.
Mad Men
En una decisión que muchos seguidores vieron inicialmente con escepticismo, el creador de Mad Men, Matthew Weiner, decidió dividir la séptima y última temporada del drama histórico en dos partes. Sin embargo, los siete capítulos emitidos en 2014 tuvieron a los guionistas y reparto de la serie en lo más alto de su juego, adelantando que cada vez queda menos para la despedida de Jon Hamm y su Don Draper , el protagonista de una de las mejores seriales de la historia.
Orange is the New Black
La serie original de Netflix lanzó su segunda temporada en junio y bastó mirar unos pocos capítulos para confirmar que la continuación de la historia de Piper Chapman y el resto de las mujeres de una cárcel federal de Nueva York era una clase de cómo contar una tragicomedia entretenida y emotiva. Con historias más personales y un elenco tan diverso como talentoso, no sería arriesgado afirmar que a ningún espectador le molestaría ampliar su sentencia frente al televisor con tal de pasar más tiempo con estos personajes.
Orphan Black
Aunque esta serie canadiense de ciencia ficción todavía no ha logrado conquistar la audiencia que merece, basta con conversar con algún adepto a ella para conocer sobre el fanatismo que genera. Con dos temporadas ya realizadas, Orphan Black es la verdadera maestra en generar que un capítulo sea visto uno detrás del otro. Sobre su trama llena de sorpresas es mejor no revelar nada, solo que permite a la actriz y protagonista Tatiana Maslany lograr el mejor trabajo actoral de toda la televisión actual.
Rick & Morty
Basada en la trilogía clásica de Volver al futuro aunque desde un enfoque más ácido y vanguardista, Rick & Morty, de Cartoon Network, es una de las series más divertidas del año. El programa animado tiene como protagonistas a un niño cobarde y al científico ebrio de su abuelo quienes se embarcan en aventuras a través del tiempo y espacio, en las que pocas veces aprenderán una lección. Políticamente incorrecta, la serie logra romper todos los límites narrativos del género, mientras se gana el corazón de su audiencia.
Silicon Valley
Lo que en un principio parecía ser un programa de HBO sobre nerds para nerds, Silicon Valley resultó ser un sólido relato universal sobre la amistad. Creada por Mike Judge (Los reyes de la colina), la historia de un grupo de jóvenes que deciden emprender en el competitivo mundo del desarrollo de software es una comedia con una sensibilidad y simpatía necesaria en el oscuro reinado televisivo de Game of Thrones y Breaking Bad.
The Knick
Con el director de cine Steven Soderbergh detrás de las cámaras en cada una de sus entregas, la serie sobre los empleados de un hospital de Nueva York en el 1900 cuenta con algunas de las escenas más atractivas e interesantes del año. En The Knick no falta nada: sangre, drogas, sexo y un protagónico sobresaliente de Clive Owen como el despreciable doctor John Thackery. Imposible dejar de mirarla una vez que comienza.
Transparent
El drama producido por Amazon sobre una familia cuyo padre decide comenzar a vivir como mujer en su vejez fue una de las sorpresas del año. Protagonizada por Jeffrey Tambor en lo que muchos críticos han llamado “el papel de su vida”, los personajes de Transparent están cargados de una honestidad emocional que pocas veces se ha visto en la televisión al momento de discutir el verdadero peso del amor y la sexualidad en la vida de las personas.
True Detective
El policial de Nic Pizzolato estrenado en HBO a mediados de enero fue el verdadero responsable de demostrar el potencial narrativo de la televisión en 2014. Gracias a la combinación del trabajo de cinematografía del director Cary Fukunaga, las actuaciones de sus protagonistas –Matthew McConaughey y Woody Harrelson– y el guión de Pizzolato, la primera temporada de True Detective se convirtió en una obra esencial dentro del resurgimiento de un medio tradicional que se encuentra más vigente que nunca.