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El primer año de la economía de Trump

Si bien la economía americana pasa por un buen momento, no es cierto que éste siga a un período de estancamiento

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23 de febrero de 2018 a las 09:15

Por Alberto Bensión

A principios de mes, un año después del inicio de su gobierno, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expuso su visión sobre el estado actual de la economía en el Foro Económico Mundial de Davos y en su mensaje al Congreso de su país. Tal como era de esperar, en ambas ocasiones presentó una visión pletórica de satisfacción por sus realizaciones y una desbordante confianza hacia el futuro. Según Trump, "después de años de estancamiento, Estados Unidos está experimentando nuevamente un fuerte crecimiento económico".

Es una verdad a medias. Si bien la economía americana pasa por un buen momento, no es cierto que éste siga a un período de estancamiento. Durante los últimos cuatro trimestres, el crecimiento de la economía fue de un promedio del 2,5%. Pero entre el segundo trimestre de 2009 y el final de 2016, la economía creció a una tasa del 2,2%.

La tasa de desempleo ha caído bajo el mandato de Trump del 4,7% de diciembre de 2016 al 4,1 % del pasado mes de enero de este año, un registro que se viene manteniendo por cuarto mes consecutivo en un nivel que es extremadamente bajo en términos históricos. Pero de nuevo, estos registros son una continuación de la fuerte tendencia a la baja registrada desde 2010.

En todo caso, si hay una novedad es que los salarios privados han subido 2,9% en el último año, que es el mayor crecimiento registrado desde el 2009. Pero es un dato que hay que evaluar como una consecuencia de la dinámica iniciada años atrás en el mercado de trabajo.

Un cambio que corresponde reconocer a favor de este período de Trump es el de la mayor confianza empresarial, medida por ejemplo a través del aumento de la inversión privada. Es muy posible además que en el futuro inmediato ella se refuerce aun más como consecuencia del importante recorte de impuestos de fin del año pasado.

En este sentido, el proyecto de presupuesto presentado por el gobierno hace pocos días para la próxima década anuncia una tasa de crecimiento promedio de la economía del 3% anual, superior a la del pasado, basada en la baja de los impuestos. Es una proyección con la que no coincide toda la opinión especializada.

Pero el mensaje de Trump cayó en el exceso de afirmar que el auge del mercado accionario durante su gobierno era consecuencia del dinamismo que su gestión había aportado a la economía. Porque poco después, Wall Street registró una baja importante de sus cotizaciones que mostró, una vez más, la cautela con la que hay que interpretar siempre a la relación entre ambas variables.

En adición a estos comentarios, hay que repasar a los principales cambios de política que el nuevo gobierno ha traído con relación al pasado.

Trump abandonó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y está en vías de renegociar el Nafta. En el mismo sentido, ha adoptado algunas medidas de protección arancelaria a favor de la industria doméstica, que parece que serán seguidas por otras con la misma orientación. Idéntica posición de rechazo ha tenido con relación a los acuerdos internacionales sobre cambio climático. Son todas decisiones de corte aislacionista, que aunque anunciadas, son contrarias a una evolución dinámica de la economía internacional.

También están en marcha otros cambios de orden interno, de más difícil evaluación desde fuera de Estados Unidos. Está en marcha un intento para desmantelar al menos una parte del seguro de salud aprobado por el gobierno anterior. En materia de regulación, la política más bien ha sido la de abstenerse de aprobar nuevas normas que de derogar las ya existentes.

A partir de esta apreciación de carácter general, hay que referirse también a otro asunto no menos importante, que es el manejo de las cuentas públicas. Porque pocos días después de sus mensajes en Davos y al Congreso, el presidente Trump y más en general los republicanos se apartaron notoriamente de su posición tradicional a favor del equilibrio fiscal.

En acuerdo con los demócratas, Trump y el Congreso aprobaron una ley que extendió hasta el próximo 23 de marzo el financiamiento del gobierno federal, elevó el límite de gasto por dos años y suspendió el tope de la deuda por un año. Más en particular, en los dos próximos ejercicios el gasto en defensa habrá de aumentar en US$ 165.000 millones y en sectores sociales en unos US$ 131.000 millones, todo ello con cargo a un aumento de la deuda.

Sobre esta base, y después del reciente recorte de impuestos, la proyección de déficit para el año que viene es de 5,7 % del PIB, muy alta para una economía en pleno empleo y en el marco externo más favorable de la última década. Ello sin desconocer que el nivel del déficit de los próximos años también dependerá de otros factores, tales como el dinamismo de la economía y eventuales nuevos acuerdos de orden político sobre las cuentas públicas.

Trump inició su mandato con un nivel de deuda del 77 % del PIB, que es el más alto desde la segunda guerra mundial, y está en camino de aumentarlo. Por eso el mercado ya muestra una suba del rendimiento de los valores públicos, que en los títulos a diez años ya ha alcanzado en estos días su nivel más alto de los tres últimos años. La agencia Moody´s acaba de anunciar que en los próximos años la calificación crediticia de Estados Unidos podrá ser revisada a la baja.
Hasta ahora, un año favorable, pero con cambios de orientación muy discutibles.

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