Nacional > Prepara demanda al Estado uruguayo

El relato del chileno que estuvo 47 días preso por error de la justicia uruguaya con pandilleros y sin saber por qué

Mauricio Cortez dijo que desde el inicio pensó que lo que le hacían "era ilegal y que iba a demandar a Uruguay”

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20 de julio de 2018 a las 05:00

Pasó más de medio año y Mauricio Cortez recuerda a la perfección el ruido de las puertas de hierro cerrándose detrás de él. El 16 de enero de este año, este antropólogo chileno de 34 años, fue detenido en el aeropuerto de Panamá sin entender la razón, acusado de haber integrado una red de contrabando de misoprostol en Montevideo y por una orden de captura de la Justicia uruguaya, que resultó ser un error, pues lo único que lo vinculaba era que al visitar Uruguay –para exponer en un congreso de Ciencia Política– había compartido hotel con otro chileno que sí estaba involucrado en el delito. En la cárcel, Cortez, que fue extraditado por la jueza Julia Staricco y prepara una demanda contra el Poder Judicial uruguayo, convivió con pandilleros panameños y con el miedo a flor de piel. Fueron 47 días en celdas sin camas donde no podía moverse mucho porque el calor sofocaba y en los que tuvo que luchar para dejar de sentir que le estaban arrebatando su identidad.

¿Cómo recuerda el día que llegó a Panamá por una escala?
Había juntado dinero y me iba de vacaciones con un amigo a Cuba. Tuve escala en el aeropuerto de Panamá y cuando íbamos saliendo del avión veo gente de la policía que pidió que los hombres tuvieran el pasaporte en la mano. Les di el mío muy tranquilo hasta ese momento y me dijeron que esperara en un lado. Pensé que era algo de rutina pero no lo era.

¿Lo trasladaron a algún lado?
Primero a una oficina en donde me pidieron la computadora y el celular y se fueron a otra oficina y yo me quedé esperando. Me preguntaron si había ido a Uruguay y les dije que sí. También me preguntaron por qué no aparecía ese viaje a Uruguay en mi pasaporte y les expliqué que se puede ir con la cédula.

¿Usted les hacía preguntas también o solo se limitaba a responderles?
Hasta ese momento respondía solo lo que me preguntaban y les decía que podía perder el avión. Ellos me dijeron que me quedara tranquilo, que se encargarían de ese tema. Después de esa oficina me llevaron a otra en el aeropuerto que era como una sala de espera. Había varias personas y me enteré de que casi todas iban a ser deportadas. Ahí me pregunté: ¿Qué está pasando? Pedí para hacer una llamada pero me dijeron que el teléfono estaba roto.

¿Cuánto tiempo estuvo ahí?
Pasé todo un día y toda una noche en ese lugar. Eran los típicos asientos donde uno espera en el aeropuerto. Luego me llevaron a una oficina que creo que era de Interpol y ahí vi que tenían todas mis cosas, pero no me decían nada y aún no me habían dejado hablar por teléfono. Había perdido total contacto con cualquier persona. Era bien angustiante. Luego vino alguien de la policía y me dijo que desde ese momento estaba detenido por el delito de contrabando.


¿Qué reacción tuvo?
Quedé en blanco. No tenía idea de cómo podía estar involucrado. Me puse a pensar y me acordé de que en Uruguay en el hotel una vez había dejado los documentos para salir a cenar o pensaba con quién había conversado y nada calzaba. No le podía dar coherencia a la historia. Solo pensaba qué podía haber pasado. Me esposaron, me pusieron grilletes y un chaleco antibalas. Recuerdo que había muchos policías, como unos ocho y me metieron en un auto que iba junto con otro auto todo el camino.

¿Adónde lo llevaron?
A una especie de consultorio médico donde me preguntaron si tenía alguna enfermedad preexistente y después a un lugar de la policía donde pude llamar a mi familia por teléfono.

"No tenía idea de cómo podía estar involucrado. Me puse a pensar y me acordé de que en Uruguay en el hotel una vez había dejado los documentos para salir a cenar o pensaba con quién había conversado y nada calzaba. No le podía dar coherencia a la historia".
¿Qué les dijo?
"Estoy detenido en Panamá y no sé por qué. Me acusan de contrabando". Les pedí por favor que se contactaran con el cónsul de Chile en Panamá, Francisco Sepúlveda, y que buscaran a un abogado. Era la primera vez que esto pasaba en mi familia. Yo seguía sin tener idea de qué estaba pasando. Me imaginaba que me iban a llevar a algún lugar con inmigrantes o algo así.

¿Y adónde lo trasladaron?
A la Dirección de Investigación Judicial. Me preguntaron si integraba una pandilla y como tengo tatuado un árbol quisieron saber qué significaba. Me trasladaron a otro sector con policías y me dejaron con una mochila con algunas cosas personales y otras me las quitaron. Me quedé con ropa interior, camisetas y una toalla. También preguntaron si había estado preso antes y les dije que no. Ahí abrieron una puerta, pasé por un pasillo, abrieron otra puerta de hierro, me dijeron que iba a la celda número uno y me encerraron. Adentro había como 40 personas que me estaban mirando, eran de pandillas panameñas.

¿Hasta ese momento no sabía qué era una cárcel?
No. El sonido de los hierros (de las puertas) es lo que más recuerdo. Me quedé mirando a esas personas de las personas todavía en estado de shock.

¿Estaba solo en la celda?
Había un espacio muy pequeño y éramos como cinco o seis personas por celda. El lugar me llamaba mucho la atención, porque era muy pequeño y tenía una luz muy tenue. Adentro de la celda estaba oscuro, no se veía nada hacia afuera y no sabíamos si había pasado un día o dos. No había cucheta o colchón y por eso los primeros días dormí en el piso. Era tal el calor dentro que trataba de hacer muy pocos movimientos.

¿Cuántos días estuvo ahí?
En ese espacio estuve 10 días pero al tercero me fue a visitar el cónsul en persona y me llevó colchonetas, agua y un libro de antología de poemas de Pablo Neruda en el que me refugié.

¿Hablaba con los otros reclusos?
Sí, con todos. Ellos me decían "Chile".

¿Qué fue lo que más sintió en esos días?
Un miedo muy profundo que era agotador psicológicamente porque no sabía si iba a estar meses, días, años.

¿Cómo lidiaba con esa incertidumbre?
Una confianza un poco ciega: un poco en Dios, otro poco en que iba a haber justicia y en que se iba a aclarar este malentendido.

¿Y como fue la convivencia con pandilleros?
A pesar de tener mucho miedo y andar siempre con mucho cuidado, ser antropólogo me ayudó a observar, a entender los códigos lo más rápido posible para saber qué decir, cómo expresarme. Eso me permitió no ser objeto de violencia de manera directa. A otra persona sí la golpearon y yo lo vi. Había una sensación de intentar apoyarnos entre nosotros pero había tanta tensión que eso podía cambiar. Era como una bomba de tiempo. Construí un personaje, logré hacerme parte un poco de esa pandilla. Pero era cuestión de que el grupo de pandilleros decidiera hacer y ya no había nada que hacer.

Estuvo 10 días ahí, ¿luego adónde lo trasladaron?
El problema fue que golpearon a una persona que por lo que entendí era de una pandilla rival, yo fui testigo y los otros presos me preguntaban "¿Chile vio algo?". Por eso le pedí al cónsul que por favor hiciera algo y me cambiaron a otra celda. Me fui a la celda siete y era otro el escenario.

¿Qué escenario recuerda?
Al principio estuve como tres días solo, que era muy duro porque no podía salir pero tenía una ventana y por lo menos podía ver el cielo. Las horas son eternas en la cárcel, más estando solo. Fueron espacios de soledad fuertes. Seguía la incertidumbre pero había desaparecido el miedo de que me fueran a hacer algo. Estuve con unas personas de los Balcanes y después llegaron algunos políticos y profesionales ligados a casos de corrupción en Panamá.

¿Por qué aceptó la extradición a Uruguay si sabía que no era culpable?
Me lo recomendó el abogado y conversando con un preso, me dijo que él había ido por hábeas corpus (un proceso más largo) y esperaba su extradición desde hacía tres meses. Él me decía "sal de aquí". Habían pasado 15 días.

"Yo todo el tiempo pensaba que todo lo que me estaban haciendo era ilegal y que iba a demandar a Uruguay. Tenía mucha rabia contra la policía y la Justicia uruguaya".

¿Qué pensó cuando se enteró de que lo acusaban de integrar una red de contrabando?
Lo primero que pensé fue qué tan grave sería. Me daba la impresión de que era posible que lograra demostrar mi inocencia porque estaba seguro que no había pruebas en mi contra. No veía cómo me podían vincular con ese caso. Los demás presos me decían que como era una red con la que me vinculaban no iba a ser fácil demostrar mi inocencia porque me iban a involucrar de alguna manera. Ellos nunca creyeron que yo era inocente. "Chile es muy fuerte", me decían porque yo siempre les dije que era inocente.

¿Cuándo se enteró de que lo estaban por extraditar?
Eran días muy tensos porque ya no quedaba nada (del plazo legal) y de repente me dicen "Cortez, te vas". Al día siguiente o dos días después ya me estaba yendo. Yo todo el tiempo pensaba que todo lo que me estaban haciendo era ilegal y que iba a demandar a Uruguay. Tenía mucha rabia contra la policía y la Justicia uruguaya.

¿Y una vez en el juzgado en Uruguay?
Me llevaron al sector de reconocimiento de personas y no me reconocieron. Luego declaré que no tenía idea de qué estaba pasando. Declaré en esa audiencia, me llevaron a la celda y a los pocos minutos me dijo un policía: "Te vas". Yo pensé a qué cárcel me podían mandar, pero cuando pregunté adónde me iba me dijo que a Chile. Ahí me iba a emocionar pero me contuve.

¿Siempre pensó en demandar al Estado uruguayo?
Desde que me metieron a la cárcel y empecé a conversar con los otros presos.

"...He tenido que volver a empezar. Estoy yendo al psicólogo y tuve que dar explicaciones porque algunas personas con las que había trabajado me dijeron que habían tenido dudas. Se generó una gran incertidumbre"

Pasaron poco más de tres meses, ¿cómo se está recuperando?
Había llegado a un buen momento laboral y he tenido que volver a empezar. Estoy yendo al psicólogo y tuve que dar explicaciones porque algunas personas con las que había trabajado me dijeron que habían tenido dudas. Se generó una gran incertidumbre. Estaba haciendo clases y no pude empezar el semestre pero la Universidad Tecnológica de Chile me mantuvo el contrato aunque estaba preso. También estoy tratando de volver a Plataforma Nisa Consultores, la empresa de la que soy cofundador.

¿Piensa mucho en lo que le sucedió?
Pienso todo el día. En la cárcel hay un proceso de quita de tu identidad. No sos inocente, sos culpable, no sos un profesional o un profesor, sos un delincuente. Por eso empecé a repensar todo. Sentí que intentaron arrebatarme mi identidad pero fui resiliente para no dejarme someter a eso. Pero si me decían que iba a seguir preso en Uruguay, no sé si hubiera podido seguir con esa actitud.

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