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El sector financiero llamado a ser protagonista de otro "Maracanazo"

El sector financiero llamado a ser protagonista de otro "Maracanazo". Opinión de Bárbara Mainzer

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11 de agosto de 2022 a las 05:03

Por Barbara Mainzer

En estos días se conmemoran los 20 años de los momentos de mayor intensidad vividos en la crisis del 2002. Las acciones realizadas y las decisiones tomadas en esa época condicionaron las décadas venideras, y cimentaron la reputación de Uruguay como un país que cumple con sus compromisos. La gesta que emprendieron los integrantes del equipo económico en el 2002 para lograr los apoyos requeridos e implementar el plan trazado fue tan desafiante, que su logro se llegó a denominar “un nuevo Maracaná”.

Una fuerte institucionalidad, una oposición responsable, y una gran articulación entre los diferentes actores, fueron ingredientes clave para el resultado a la postre logrado.

Veinte años después, Uruguay tiene la oportunidad de conseguir otro logro muy relevante: consolidar un crecimiento inclusivo y sustentable, y cimentar su posición como uno de los líderes globales en lo que a sustentabilidad refiere.

Uruguay se destaca

El país tiene un punto de partida privilegiado en lo que a factores medioambientales, sociales e institucionales (ESG por su sigla en inglés) refiere. Se encuentra dentro de los países mejor rankeados del punto de vista ambiental, en parte fruto de la reconversión energética que llevó a que más de 95% de la energía producida provenga de fuentes renovables. Tiene una de las mayores redes de contención social del mundo -y la mayor en América Latina-, con 94% de la población cubierta con al menos una prestación de seguridad social, según la Organización Internacional del Trabajo. Uruguay, la única democracia plena de América Latina, según The Economist, se destaca por su estabilidad institucional, social y política.

Pero aún hay muchos desafíos por delante. Por nombrar algunos: inversiones en una nueva planta potabilizadora, en saneamiento, gestión de residuos, biocombustibles, hidrógeno verde, entre otros. Y las tan necesarias inversiones en el área social, incluyendo nuevos centros educativos y penitenciarios. Estas inversiones requieren de cuantiosos fondos.

También el sector privado requiere de inversiones para reducir la huella de carbono de sus operaciones y los productos y servicios que ofrece, y aumentar la eficiencia y sostenibilidad de sus operaciones.

El sector financiero tiene un rol clave a jugar en esto, canalizando fondos a proyectos viables y que, a su vez, cumplan con objetivos ligados a aspectos relacionados a factores ESG.

El sector financiero uruguayo deja huella

Al juntar fondos de ahorristas y canalizarlos hacia obras de infraestructura, productivas e inmobiliarias, el sector financiero posibilita el crecimiento económico, la generación de empleo y el bienestar social. A los tradicionales criterios de riesgo y retorno a la hora de tomar decisiones de crédito y de inversión, se está incorporando una tercera dimensión: el impacto de dichas inversiones.

En Uruguay tenemos varios ejemplos. Para empezar, las AFAP, los mayores inversores institucionales de nuestro país, han invertido US$ 5.500 millones en el sector productivo a lo largo de 26 años. Estos fondos fueron destinados a más de 100.000 hectáreas forestadas, a parques eólicos, más de 100 centros educativos y un centro penitenciario, entre otros. Un verdadero ejemplo de impacto con derrame en todo el territorio nacional.

Las cuatro administradoras de fondos consensuaron un formulario de solicitud de información conjunta – detallado y a medida de cada entidad receptora - enfocada en aspectos ambientales, sociales y de gobierno corporativo, que es enviado a emisores y administradores de fideicomisos. Quien reciba este cuestionario recibe mensaje inequívoco de que es una temática muy importante. Es algo que mueve al cambio. Las cuatro AFAP compiten. Pero han mostrado que cuando hay que cooperar, cooperan. Un brillante ejemplo de liderazgo.  

El sector bancario lo vislumbro con la misma vocación y voluntad de contribuir, colaborando, movilizando recursos hacia proyectos sustentables y liderando el cambio.

A la uruguaya

Con el objetivo de conformar una agenda financiera pública y privada que incorpore criterios de sustentabilidad en las decisiones de crédito, inversión y regulación de todos los actores del sistema financiero uruguayo, el Banco Central del Uruguay (BCU) y el Ministerio de Economía (MEF) convocaron a una Mesa de Finanzas Sostenibles.

A su vez, el MEF está alineando la política económica y la estrategia de financiamiento del país con la consecución de objetivos climáticos que Uruguay ha comprometido. Compromisos ambiciosos asumidos por el gobierno anterior en el marco del Acuerdo de París, y que el gobierno actual hizo propios.

En otro ejemplo de colaboración que tanto caracteriza a nuestro país, el MEF; en coordinación con cuatro ministerios y con el asesoramiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), está diseñando un bono soberano que incorpora explícitamente objetivos climáticos a los que el país se comprometió.

Los beneficios de estas acciones seguramente vayan más allá del financiamiento al gobierno. Podría repercutir en beneficios reputacionales, mayor visibilidad, y atraer capitales que priorizan aspectos ESG.

Volviendo a la analogía del comienzo de esta columna: las acciones de 2002 derivaron en un manejo de la deuda que hoy es una verdadera política de estado. Cambiaron las administraciones, los partidos políticos se sucedieron en el poder y el respeto a honrar los compromisos asumidos se mantiene intacto. Esto tiene un importante derrame sobre el sector privado y la sociedad en su conjunto.

Algo similar entiendo que puede pasar con la política de ESG que el gobierno está llevando adelante.

A diferencia del anterior, para el éxito de este objetivo es clave la participación público privada. Al igual que fue fundamental para lograr tener una vacuna contra el covid-19 en tiempo récord, será clave para lograr enfrentar los desafíos climáticos y sociales.

Tenemos los incentivos alineados. Estamos en un país en el que el compromiso, la reputación, la escala y la vocación por cooperar nos permiten llevar adelante iniciativas para consolidarnos como un país sostenible. En el que las políticas de cuidado ambiental han tenido una continuidad a lo largo de los gobiernos, y no han sido motivo de diferencias ideológicas, como en otros países.

Tenemos por delante una gran oportunidad. Todos podemos hacer una diferencia. Y, dada su escala y rol estratégico, el sector financiero está llamado a ser un actor fundamental.

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