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4 de agosto 2021 - 11:25hs

“Es un ejemplo tan de libro desde el punto de vista técnico de las características de un innovador que con él abro mis clases de innovación”, dijo a El Observador Emilio Oteiza, profesor de Innovación y Marketing en la Maestría de Marketing de la UCU Business School.

Oteiza se refiere al médico, investigador, docente y empresario uruguayo Orestes Fiandra, fundador de la empresa Centro de Construcción de Cardioestimuladores (CCC), eminencia de la cardiología y conocido por implantar de forma exitosa el primer marcapasos en el mundo. Este miércoles 4 de agosto se conmemoran los 100 años de su nacimiento y su legado sigue presente tanto en la cardiología como en el rubro de la ingeniería aplicada a la medicina.

“Lo que digo en mis clases es que no es necesario ir al extranjero y hablar, por ejemplo, de Steve Jobs para encontrar a un innovador. El doctor Fiandra manifestó desde muy chico las conductas típicas de una persona naturalmente innovadora. Según el libro Médico de Corazón, de su esposa María Élida de León, tenía facilidad para relacionarse con todo tipo de personas, era muy curioso e inquieto y realizaba experimentos”, dice Oteiza, quien se interesó en la historia de Fiandra cuando trabajó para su empresa.

Al profundizar en su persona, Oteiza detectó que Fiandra cumplía con los cinco hábitos que tienen las personas que nacen con el don de la innovación: “cuestionar la realidad, observar con mucho detenimiento las cosas, trabajar en red, experimentar y asociar todo lo que se aprendió para seguir aprendiendo”.

Médico de profesión, ingeniero de vocación

Orestes Fiandra nació en Montevideo pero pasó parte de su infancia en Nueva Palmira, donde vivían sus abuelos maternos. Estando de vacaciones allí, un tío médico le pidió que lo ayudara con una investigación sobre la enfermedad de Chagas, recolectando datos que luego llevó a Montevideo. En la capital, conoció a Rodolfo Tálice, director del Departamento de Parasitología del Instituto de Higiene, quien lo motivó a que estudiara electrocardiografía, ya que el instituto no tenía cardiólogo y no tenían quién interpretara los resultados que había llevado.

El adolescente Fiandra, decidido a estudiar ingeniería eléctrica, asumió el reto y descubrió en esa experiencia una nueva pasión, la medicina, pero nunca abandonaría su faceta de ingeniero, que aplicaría en sus investigaciones y en su vida empresarial.

Se graduó como médico en 1953 y luego asistió al Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia), para entrenarse en cateterismo cardíaco. “El Karolinska fue un paraíso como jamás había soñado. Además de la actividad médica teníamos dos veces por mes reuniones con ingenieros vinculados a la medicina. Allí contraje una gran amistad con el médico e ingeniero Rune Elmqvist, que era director del Departamento de electrónica de Elema Shönander. En el Departamento de Cardiología del Karolinska pude apreciar cómo se trataban los pacientes con bloqueo aurículo ventricular con marcapasos externos”, cuenta el propio Fiandra en el documento “Antecedentes de la primera implantación de un marcapasos en un ser humano en el mundo”, de la Academia Nacional de Medicina.

Esos primeros marcapasos eran aparatos grandes alimentados por corriente eléctrica, por lo que los pacientes no tenían mucha independencia, solo lo que les permitía la longitud del cable que iba a la pared. Su colega sueco, Elmqvist, siguió desarrollando los marcapasos al punto de lograr uno para implantar, pero que no había tenido resultados exitosos, hasta el 3 de febrero de 1960, cuando Orestes Fiandra junto al cirujano cardiovascular Roberto Rubio realizaron una intervención exitosa en una joven en el Sanatorio No. 1 del CASMU, el primer marcapasos que funcionó en el mundo.

Tras el éxito obtenido y viendo la necesidad de abaratar costos, ya que importar los marcapasos era muy caro, Fiandra se embarcó en su fabricación. Tal cual el mito de emprendedor de Silicon Valley comenzó a producir en el garaje de su casa, ayudado por su esposa, y con implementos que le conseguía un conocido en Nueva York. Así surgió lo que luego se llamó Centro de Construcción de Cardioestimulados (CCC).

Dice Antonio L. Turnes, en un texto en homenaje por la muerte del cardiólogo, el 22 de abril de 2011: “Esto se transformó entre 1969 y 1970, en una fábrica de marcapasos implantables, de renovadas generaciones, cada vez más eficientes y sofisticados, que terminaron siendo producto de exportación a los mercados más exigentes, y aun los más exóticos, como la República Dominicana, India o Rusia, en los últimos tiempos. Que llegó a ocupar 40 ingenieros electrónicos y un total de 140 funcionarios”.

Esa empresa que nació para hacer accesible a la población la implantación de los marcapasos, creció de manera exponencial, en 2014 fue vendida a inversores extranjeros y hoy forma parte de Integer Holdings Corporation, empresa líder a nivel mundial en dispositivos médicos y sus oficinas están en lo que era la casa del cardiólogo, en Punta Gorda.

Sobre su faceta emprendedora, Fiandra dijo en 2010 a la revista médica cultural Diga 33, que siempre lo hizo por mejorar la humanidad y que “la fábrica ganó plata que dio miedo, por eso creció tanto pero nunca saqué un peso de allí. El dinero lo reinvertía, para que pudiera progresar, por esta razón creció tanto. Me gustaba que progresara”.

Y en honor a esa faceta innovadora es que la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) tiene un fondo que lleva su nombre, a través del que brinda financiación para potenciar el crecimiento y la expansión de empresas de mediano porte y de perfil innovador.

Pexels En la fabricación de marcapasos, Fiandra combinaba sus dos pasiones: la ingeniería y la medicina

Mutaciones

“Hasta el día que se murió estaba al tanto de las tendencias y de las cosas que se venían. Tenía un gusto muy grande por la ingeniería”, cuenta Stefano Ghiardo, Principal Application Engineer de Integer, quien llegó a trabajar en CCC cuando Fiandra aún iba a la empresa.

CCC realizaba diseño, desarrollo y fabricación de sistemas electrónicos y dispositivos biomédicos implantables y según Ghiardo, pasó por diferentes etapas: desde sus comienzos hasta 1992 se dedicó a la fabricación de marcapasos, de 1992 a 1998 además de la fabricación incorporan el diseño propio, en 1998 comenzaron a diseñar otros dispositivos médicos y se convirtieron en una empresa proveedora de servicios de diseño y manufactura para terceros.

“Eso empieza a crecer bastante rápido y en 2009 vimos que los marcapasos no corrían más y así pasamos de ser una empresa de marcapasos con marca CCC y diseño para terceros a hacer exclusivamente diseño para terceros, cosa que sigue siendo hasta el día de hoy como parte de Integer”, cuenta Ghiardo.

Aunque la empresa fue vendida en 2014, tres años después del fallecimiento de su fundador, sigue teniendo su impronta y espíritu. “La filosofía que seguro se mantiene hasta el día de hoy es la de hacer mucho foco en el cliente e intentar ser flexibles para lograr que ellos lleguen al mercado más rápido, porque en definitiva, es eso lo que ellos quieren”.  El proceso de desarrollo de cada producto lleva entre cinco y siete años, por eso, el foco de la empresa es hacer que sea lo más rápido posible de una manera efectiva.

Para Emilio Oteiza, “Fiandra dejó un modelo de liderazgo que hace mucho énfasis en confiar en las personas, en sus capacidades, no era el típico líder autocrático sino que daba participación”. Y señala que, aunque la historia de Steve Jobs y de Orestes Fiandra son muy diferentes, “no solo en California nacen innovadores”.

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