El triunfo de la estrategia
Uruguay cambió a ganador para frenar a Rusia, encontrar el equipo y ganar el grupo en un partido al que le sobró un tiempo
Uruguay cambió a ganador para frenar a Rusia, encontrar el equipo y ganar el grupo en un partido al que le sobró un tiempo
Enviado a Rusia
Era una marea roja en Samara. Un mar de gente y banderas que empujaba a la selección rusa por el cemento recalcitrante buscando llevarse puesto el grupo A de su Mundial. Para eso le bastaba un empate ante un Uruguay que había mostrado poquito ante Egipto y Arabia Saudita. Pero justo Uruguay. Ese del que siempre se espera lo inesperado.
Sin tintes épicos, sin sabor a hazaña. Sin que la nave espacial del estadio de Samara tuviera nunca ese efecto intimidante que tuvo para la humanidad el desembarco de la nave nodriza de V Invación Extraterrestre, aquella serie que daban en la década de 1980.
Fue un trámite mucha más sencillo de lo que se podía imaginar. En primer lugar porque Rusia reservó tres titulares. Segundo porque Uruguay se puso 2-0 en 22 minutos. Y tercero porque la expulsión de Igor Smolnikov a los 35 minutos le bajó el telón al partido.
Pero ese trámite abreviado se basó en un cambio estratégico adoptado por el entrenador Óscar Tabárez para afrontar no solo este partido sino para mirar más allá y encontrar el equipo para afrontar los octavos de final.
El DT apostó a ganador y jugó a lo que mejor que sabe: estratega. Uruguay dejó de lado su posesión inofensiva mostrada ante Egipto y sus cavilaciones contra Arabia. Se preocupó primero por el rival, lo minimizó y a partir de ahí generó el daño. No hay caso, eso es el Uruguay de Tabárez en su máxima expresión.
Como Rusia era explosivo por bandas y encendía sus motores con el frenético cambio de ritmo que proponían sus tres volantes (o dos extremos y un mediapunta) ubicados por detrás del centrodelantero, ahí les colocó a tres contenciones.
No hubo línea de tres defensores como se había especulado desde el viernes. Pero el 4-4-2 de los dos primeros juegos le dio paso a un 4-3-1-2 que por momentos se transformaba en 4-1-3-2 cuando la celeste se hacía de la pelota.
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Los cambios cambiaron. Martín Cáceres por el lateral derecho se sintió mucho más cómodo para salir, apoyar pases e incluso proyectarse. Diego Laxalt por el lateral izquierdo le dio al equipo salida abierta, perfil natural y explosión en la proyección. Y esos medios no solo le dieron consistencia a la línea y agresividad para recuperar la pelota sino que también permitió adelantar y liberar a Rodrigo Bentancur determinando que sus posesiones tuvieran conexión mucho más directas con los delanteros.
El cambio de los cambios fue el ingreso de Lucas Torreira. A su lado, Nahitan Nández y Matías Vecino cambiaron radicalmente la cara.
Así le puso Uruguay freno a estos rusos con capacidad aeróbica bien soviética (claro, con muchos menos talento técnico). Y a partir de ahí construyó lo suyo. Iba tan solo un minuto cuando Vecino se soltó por izquierda y sacó un remate peligroso. Y poco después, a los 7', Luis Suárez abrió la cuenta. Primero con una gran corrida por izquierda que tomó a contrapié a los locales y luego con una asistencia a Bentancur que fue derribado en la medialuna.
Pisó con mucho criterio el área Bentancur en el primer tiempo. Y leyó mucho mejor el juego Suárez en comparación a sus dos primeros partidos. Su tiro libre fue inapelable. El golero dio un pase en salto mortal y regaló lo que debía custodiar como un tesoro: su palo. Y Suárez no perdona esas milimétricas fallas.
Rusia sintió el impacto. Quiso redoblar el ritmo como quien se choca con una barrera que demanda marcha atrás y plan B. Jugar en largo desde el arco para su torre de 1,95 m, Artem Dzuyva, era parte del manual original. Pero con esa fórmula rústica –que tan bien conoce Uruguay- estuvieron cerca de empatarlo cuando el 22 se la bajó de cabeza a Denis Cheryshev forzando a Fernando Muslera a meterse en el Mundial con una gran atajada.
Fue el único momento de partido en 90 minutos. Porque cuando se quiso acordar, a la salida de un córner, Rusia quedó dos goles abajo. Un potente remate de Laxalt que se iba cruzado y lejos se desvió en Cheryshev descolocando a Igor
Akinfeev para el 2-0. Todo en apenas 22 minutos.
Bentancur pudo darle formato de goleada al duelo pero desperdició un gran pase filtrado por Suárez cara a cara con el golero.
De la expulsión de su lateral derecho el local no se levantó jamás y el técnico empezó a pensar en evitar una goleada que le costará perder la imagen labrada en los dos primeros partidos del grupo saldados con dos triunfos, ocho anotaciones y un aire maquinal. Salió Cheryshev, la figura, y empezó a pensar los cruces a partir del segundo puesto del grupo.
Por ahí se vienen rivales pesados pensando en los cuartos de final. Pero este Uruguay trabaja con los objetivos tan cortos como claros. No sabía aún si el rival de octavos era Portugal, España o Irán. Especular con eso no.
Eso sí, en el segundo tiempo volvió a mostrar otra vez una cara apática. Rusia le dio el terreno y se arrinconó. Y Uruguay sin la necesidad de ir a atacar es como aquel que sabe que va a un cumpleaños a aburrirse.
Parecía que Giorgian De Arrascaeta le iba a dar la chispa que le faltaba a ese último pase. Pero no. No estuvo fino. Entró mejor el Cebolla que metió dos bombazos que le quemaron las manos a Akinfeev.
En los últimos 15' se jugó otro partido. El de Cavani. No repitió el Matador lo que mostró en sus dos primeros partidos y empezó a buscar el gol peleado con el arco. Desaprovechó una buena jugada por derecha queriendo meter el cuerpo y buscar el penal. Lo intentó por izquierda rematando potente sin el efecto adecuado. Hasta Suárez se despojó de su cuota de egoísmo natural –el de todo goleador- para dejarlo solo, pero se la dio un poquito larga.
Hasta que al final llegó. Godín –si será generoso- le ganó de arriba al 1,95 ruso y Cavani pescó el rebote. Un gol que cotiza mucho en esperanza de cara a los octavos de final.