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Una de las bajadas de la playa Mansa en Atlántida, cercana a la Expo Platea.

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El "turismo nómade" en Atlántida: la nostalgia por las noches largas y la ilusión de una buena temporada

La gran mayoría de los visitantes al principal destino turístico de Canelones son uruguayos; la ocupación ronda entre el 80% y el 90% en estos primeros días de enero

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10 de enero de 2022 a las 05:00

Las copas de unos pinos y eucaliptos revisten de una sombra tranquilizadora a una de las bajadas de la playa Mansa de Atlántida, a pocos metros de la Expo Platea donde cada tanto se realiza algún espectáculo. Allí se descansa del sofocante calor del sol y desparramadas por el lugar se ven, además de veraneantes, mochilas, varias conservadoras de bebidas, un par de mesas y hasta una carpa.

La imagen parece la de un pequeño camping improvisado, pero es un buen retrato del comienzo de la temporada estival en el principal balneario de Canelones, donde los habitantes del lugar visualizan la llegada de un “turismo distinto” al que definen como “nómade” en los primeros días de enero.

Recostado sobre uno de los árboles cuyas raíces se entremezclan con la arena, un joven cuenta a El Observador que está “de paso” y que eligió la playa de Atlántida para pasar “uno de los pocos días libres” junto a su pareja y su hijo. A más tardar a las diez de la noche volverá a Montevideo, asegura.

“Atlántida es más de pasaje y de escapadas que de una estadía prolongada”, explica a El Observador el director de Turismo de la Intendencia de Canelones, Horacio Yanez, que asegura que el estar ubicado entre Montevideo y Punta del Este posicionan a la ciudad canaria como una opción atractiva y no demasiada lejana a otros lugares de residencia.

El alcalde de Atlántida hace una valoración similar. “Acá hay una dinámica de turismo distinta”, enfatiza Gustavo González y dice que “el público fluctúa” y la rotación de gente “es tremenda”. Muchos visitantes llegan de la capital, pero también los hay de otros departamentos cercanos como San José, Florida y otras zonas de Canelones.

La gran mayoría del público visitante de Atlántida esta temporada proviene del turismo interno y según la estimación de la intendencia canaria los uruguayos rondan el 85%. La pandemia es una de las principales explicaciones, indican.

En una de las inmobiliarias del centro del balneario, de las 55 casas que se llevaban alquiladas para el verano hasta este jueves, apenas dos eran a familias argentinas y una, a una canadiense. En temporadas anteriores, aseguran, los veraneantes que llegaban del otro lado del Río de la Plata eran “alrededor del 25%”. En el mismo sentido se expresa el dueño del Hotel Argentina, Guillermo Marichal. Asegura que en este momento los extranjeros que se hospedan en su alojamiento sobre la calle 11 son “contados con los dedos de las manos” y que al menos el 90% de las camas están adjudicadas a uruguayos.

La ocupación está en el entorno del 80% y el 90% en el balneario; y el balance para los operadores es bueno en estos primeros días de enero. Para Marichal el arranque del verano está “casi a full” en Atlántida, con una afluencia de público que “supera las expectativas” y perfila al resto de la temporada como “muy auspiciosa”.

Pero ese turista itinerante que va y viene presenta un desafío. Genera movimiento y hace que los números de ocupación crezcan, pero Marichal explica que lo negativo es que por una misma habitación, que antes se alquilaba "por tiempos prolongados", ahora tiene que ser vendida varias veces en un mismo mes.

Su dinámica de consumo es también distinta. Donde hay mayor cautela y escepticismo es en los locales gastronómicos. Uno de los mozos de uno de los principales restaurantes de la peatonal de Atlántida dice a El Observador que desde el arranque del año ha habido “poco movimiento” cuando en otros momentos “todo explotaba”.

A pocos metros, en otro bar del corazón de Atlántida, dos empleados gastronómicos son aún más categóricos. “Faltan turistas y falta dinero”, sentencia una de las mozas, que mira de reojo la plaza de comidas que asoma semivacía y con unos pocos almorzando mientras promedian las primeras horas de la tarde. “En otras temporadas esto estaba lleno”, indica.

El presidente del Centro Comercial e Industrial y Fomento de Atlántida (Ccifa) —que reúne a varios comercios de la zona—, Camilo Uhalde, afirma que “aunque son días de bastante público”, su sensación es que la temporada “arrancó lento”. “Ayer (por el miércoles pasado) empezó a repuntar”, aclara, mientras el análisis de los gastronómicos también se centra en los fines de semana.

“Ahí se mueve más la cosa”, dice uno de ellos, y en varias tiendas consultadas por El Observador están de acuerdo. Angelina, que es dueña de un local de ropa, indica que sábados y domingos “hay otro movimiento de gente” y se anima a calificar esos días como “una locura”.

En lo que también hay concordancia es que las horas de la noche son las más concurridas. A la luz del día la imagen de algunos locales cerrados en la única peatonal del balneario contrastan con la oferta de la noche, donde varias ferias callejeras con artesanías, souvenirs y algo de ropa dominan la escena junto con algunos espectáculos y manifestaciones artísticas improvisadas en las plazas. Las luces de un “gusano loco” del pequeño parque de diversiones, sobre la avenida Artigas, también se encienden al caer la tarde, y así otras atracciones.

Las calles principales se hacen difíciles de transitar a esas horas. El director de Turismo explica que se debe, especialmente, a que Atlántida es el lugar que reúne una mayor cantidad de propuestas en comparación con los balnearios de la zona. “Tiene ese atractivo del microcentro”, indica Yanez, y agrega que desde la Intendencia de Canelones se ha intentado generar “una marca” donde el balneario es “un paraguas” que nuclea a otras zonas como Salinas, Marindia, Las Toscas y Parque del Plata. Y eso lo ayuda en la afluencia de público.

Los locales cerrados en la peatonal de Atlántida.

Atlántida se viene preparando "desde hace tiempo", dice el alcalde del municipio. En la limpieza hay un rediseño y en la seguridad se coordina un operativo con Prefectura y Ministerio del Interior para aumentar la vigilancia respecto a la que hay tradicionalmente durante el año. Además, González destaca que se han incorporado novedades en la iglesia Cristo Obrero (declarada patrimonio histórico de la humanidad en julio) y hay, entre otras cosas, nuevas propuestas gastronómicas.

Para Uhalde, el levantamiento de las restricciones que había el año pasado sobre la hora de cierre de los locales gastronómicos es una señal alentadora para los restaurantes.

Pero los mozos indican que, aunque la situación está “un poco mejor” que el año pasado, todavía se está lejos de los niveles prepandemia. “A las 12 de la noche muere todo”, dice uno que lamenta que “antes Atlántida amanecía”. Otros son más pesimistas e incluso comparan con el 2021 y dicen que la situación "está más o menos igual".

Sin embargo, aún es pronto para sacar conclusiones sobre la temporada y la expectativa es que el verano "sea largo" en especial porque la semana de Carnaval cae recién sobre finales de febrero. "Esperamos que esto dure y poder hacer un análisis a largo plazo", dice Uhalde.

Turismo familiar

Más allá de su duración, en el balneario canario la temporada de verano tiene otras peculiaridades y algunas son más características de Atlántida y las zonas cercanas: la predominancia es la de turistas que vienen en familia. “Visualizamos que hay mucho de eso y que tanto los chiquilines como los padres disfrutan del paseo y del estar juntos”, opina González, el alcalde del municipio.

Yanez agrega que en el balneario también hay muchos turistas que tienen una segunda vivienda en Atlántida y en los balnearios cercanos. Y que, si bien su estadía suele ser más prolongada que otros visitantes, también suelen ser sede de familiares o amigos que quieren pasar unos pocos días en la playa.

Debajo de un gazebo sobre la Playa Mansa, las encargadas de una estación de juegos acuáticos coinciden que hay muchos grupos familiares que se acercan, pero que también se ven algunos grupos de amigos de jóvenes en el entorno de los 20 o 25 años.

Pero los bailes que predominan en otros balnearios del este no tienen las mismas proporciones en el verano de Atlántida, a excepción de Piedra Lisa que suele reunir a cientos de jóvenes. En la calle 1, donde antes había un local bailable que supo ser sede de Gitana y La Mamba, ahora predominan los pastizales, las ramas y los troncos cortados.

El exlocal bailable está siendo limpiado.

El lugar hasta ahora abandonado se está limpiando. Pero uno de los que hacen la tarea señala a El Observador: “No sé qué van a hacer acá, pero creo que un baile no”.

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