Carrasco ganó el título del Uruguayo, pero no el corazón de los hinchas tricolores. Los bolsos se resisten a adoptarlo y él tampoco ayuda. El domingo, terminado el partido contra Defensor Sporting, el técnico se abrazó con sus compañeros y luego tiró besos hacia la platea América. A la Colombes, atestada de hinchas eufóricos, no les dio ni la hora. Se metió al vestuario, recogió unos paquetes y se marchó escoltado del Centenario. Un gesto que para los contras fue antipático y para los que están a su favor, intrascendente. Es lo que genera Juan Ramón.
También dentro de la comisión directiva de Nacional hay gente que lo quiere y otra que no: por eso su continuidad es tema de discusión. Los dirigentes harán un balance de la temporada y luego resolverán si es Carrasco el entrenador que los puede guiar a conseguir objetivos internacionales.
¿Qué hizo bien y qué hizo mal? Es lo que pondrán en la balanza para tomar la determinación. Es claro que Carrasco también tendrá su palabra, si quiere permanecer o irse campeón para que las puertas continúen abiertas; su contrato vence en diciembre próximo.
Carrasco fue nombrado como reemplazante de Luis González el 12 de octubre de 2010. Se habían jugado ya siete fechas del torneo Clausura y Nacional ocupaba el octavo lugar en la tabla de posiciones. Exactamente ocho meses después fue campeón Uruguayo.
“Mi contrato con el club es de por vida”, dijo pour la gallerie. La discusión por el sueldo duró hasta diciembre. Siete directivos votaron a favor de su llegada (uno de ellos, el vicepresidente Héctor Olmos lo hizo para seguir la tendencia del presidente Alarcón), tres lo hicieron en contra y uno se abstuvo. La división quedó patentizada.
Alarcón lo respaldó siempre, aún en los peores momentos. El técnico vivió momentos críticos, como cuando faltó a la práctica al día siguiente de perder con Argentinos por la Copa Libertadores y el ambiente del plantel era una tumba, o cuando Peralta, Anderson y Charquero se pelearon en el entrenamiento y él tampoco estaba.
También disfrutó de las mieles del éxito: el título, la capacidad goleadora del equipo, el buen ojo para que no fracasaran los juveniles Rolín y López en Primera... Su destino está en manos de los dirigentes.