En ese sentido, las prácticas que menciona Adler importan porque son las que permiten que se desarrollen favorablemente los hechos socialmente construidos. El funcionamiento de una computadora es el símil que utiliza este
profesor de estudios israelíes para ilustrar su enfoque: los órdenes sociales nacen del conjunto de las instituciones (hardware), pero también de las prácticas (software) que nunca deberían ignorarse.
Por eso, para el orden internacional es tan importante el desenvolvimiento de la democracia en Uruguay o en Canadá como los poderes institucionales clásicos.
La perspectiva de este académico cosmopolita ayuda a visualizar los cambios en el campo internacional, tanto los que no ponen en juego el orden establecido como aquellos que son señales de alarma.
Por ejemplo, que el orden liberal haya logrado mantenerse en el tiempo, pese a sus influyentes detractores, y el permanente desafío que enfrenta la democracia por poderosos enemigos al acecho.
A continuación, un resumen de la entrevista con El Observador.
¿Cómo se observa el mundo desde una visión constructivista?
En constante cambio. Pero eso no significa que haya habido cambios en el orden establecido desde 1945. El orden liberal internacional, el mundo liberal, no dejó de existir. Se han producido cambios, pero no estructurales. Por ejemplo, la aparición de países y líderes autoritarios, populistas. Diría que estamos en una situación intermedia: el orden internacional liberal puede estabilizarse o podría sufrir un cambio si traspasa determinado umbral. Me refiero a las prácticas de democracia, a las reglas de la ley, del comercio internacional y del multilateralismo. La Unión Europea estuvo a punto de desmoronarse. Pero ello no ocurrió. El cambio no es antagónico a la estabilidad, sino dos caras de la misma moneda.
Desde 2016, con el brexit del Reino Unido y la presidencia de Donald Trump en EEUU, se está hablando de la muerte del orden internacional liberal. Ahora, que no haya ocurrido, no quiere decir que no esté amenazado por otras prácticas y otras comunidades de práctica. Hay también un nuevo orden, organizado por las ideas y las prácticas de China. Podría decirse que estamos ante una puja de comunidades de práctica.
Con la Guerra Fría se instaló un sistema internacional caracterizado por tres fuerzas de carácter geopolítico, económico y tecnológico, según Fareed Zakaria: el poder de EEUU, el libre mercado y la revolución informacional. ¿Es el mismo de hoy?
Es un planteo basado en factores estructurales materiales: quién tiene el poder. A eso le agregaría las prácticas, cómo construimos el mundo, cómo se organiza el mundo. Pensemos en la carrera tecnológica. En China, que está tratando de tener la supremacía, la cuestión tecnológica se ve de una manera muy particular. Hay un control sobre los ciudadanos. Se sabe lo que piensan los ciudadanos hasta cuándo tienen fiebre. No hay que fijarse únicamente en la distribución de armamentos u otras cosas materiales. Hay que prestar atención a la distribución de las prácticas. Lo que sucede con la democracia en Montevideo o en Toronto es tan importante para el orden internacional como lo que sucede a nivel de los superpoderes. Hoy, las prácticas de las corporaciones internacionales como Google o Facebook, juegan un papel a veces mucho más importante que el de los superpoderes.
¿La puja es entre las prácticas de un bloque liderado por EEUU y otro por China?
En parte sí, pero, con todo lo que ha estado pasando en EEUU, veo el corazón del orden liberal internacional en la Unión Europea (UE), pese a todos los problemas. Es una referencia en cuestiones como el medio ambiente, las regulaciones de Google, Facebook y de las otras grandes corporaciones que son las dueñas de la tecnología y del conocimiento.
¿El modelo europeo está influyendo en la impronta de Joe Biden?
No. EEUU está dividido en dos: hay un EEUU liberal, más igualitario -el modelo de Roosevelt, digamos- y otro nacionalista, xenófobo, que viene desde la Guerra Civil. Con Biden volvieron las prácticas liberales de EEUU. No solo internamente sino en el campo internacional al regresar a la comunidad de seguridad internacional a la cual pertenece. Pero es algo que puede cambiar porque el trumpismo es muy fuerte todavía.
Usted habla de una disputa en el orden internacional entre quienes fomentan una práctica de interconectividad e internacionalismo frente a quienes fomentan una práctica de disociación y nacionalismo. ¿Cómo visualiza los dos bloques en términos ideológicos?
Hacia adentro, el orden liberal es un orden democrático, de las reglas de la ley; hacia afuera, es el de la cooperación internacional, del multilateralismo. Muy diferente a la realidad de 1939 cuando el mundo estuvo muy cerca de convertirse en un orden internacional regido por Hitler y Mussolini, o por Stalin. Era un orden diferente. Por otra parte, en la puja mundial actual, tiene mucho menos sentido hablar de izquierda o derecha como cuando estudiaba en el IAVA, en la época de los Tupamaros. Trump, ¿es de izquierda o de derecha? ¿Y Marine Le Pen? En realidad, son populistas que se aprovechan de la ira e indignación de los perdedores de la globalización.
¿Qué desafíos representa para la democracia el creciente malestar social?
Es una amenaza porque la indignación se convirtió en energía canalizada por charlatanes, muy vivaces, hacia regímenes populistas. Como en los años 20 y 30 del siglo pasado. Sin llegar a calificarlos de totalitarios, pero sí autoritarios y, por tanto, no están lejos de transformarse en totalitarios. Y esto está agujereando al orden liberal. Así como hoy las democracias no terminan con un golpe de Estado o tanques tomando la casa de gobierno, el orden internacional tampoco muere de un día para el otro. Son la suma de prácticas antidemocráticas, autoritarias, que pueden terminar afectado al orden liberal, dando lugar a otro orden.
La nueva bipolaridad 2.0 entre EEUU y China, ¿ya es una realidad?
Es un proceso. EEUU ha perdido la primacía en varios aspectos tecnológicos por culpa propia. Pero su posibilidad de producir innovaciones tecnológicas, está mucho más allá de China. China, por su parte, está tratando de seducir a los países enviando vacunas, por ejemplo, pero todavía no ha llegado al poder blando
¿Cree posible una convivencia estable entre EEUU y China?
Es un error pensar la relación entre ambas potencias como si fuera un enfrentamiento de la Guerra Fría entre EEUU y la ex Unión Soviética. Hay que construir una cooperación competitiva. Cada uno piensa que su camino es el mejor, pero sabiendo que no tienen más remedio que cooperar.
Pero los países de Occidente, desde el gobierno de Bill Clinton en la década de los ´90 en adelante, han incluido a China en el multilateralismo. China integra la Organización Mundial de Comercio (OMC), abrió su economía, pero mantuvo cerrada la política. ¿Es posible una cooperación competitiva?
Es posible y necesario. Sin China, no se van a resolver los problemas globales como el del medio ambiente que requiere de una solución global. El control de la Inteligencia Artificial (AI), que no implica solo fabricar un automóvil que se maneja solo, también exige el compromiso de todos. Se debe probar el camino de la cooperación competitiva. Durante la primera Guerra Fría fue posible firmar un tratado de control de armas porque no había otra salida. Las dos partes entendieron que había que adoptar prácticas de cooperación, a pesar de que no tenían otros intereses comunes.
¿Y cómo ve a América Latina en este complejo escenario mundial
Muy mal. América Latina está pasando por un período difícil. El covid-19 y problemas económicos enormes que llevaron a los pueblos a buscar nuevamente a los populistas que ofrecen dádivas. Como ocurrió en el pasado en Argentina con el ascenso de Perón. Pero los populistas no favorecen al pueblo, solo causan desgracias.
EEUU y la UE, la comunidad internacional liberal, deberían ayudar a América Latina y contribuir al fortalecimiento de la democracia, en la competencia de líderes pragmáticos. Biden podría hacer mucho más que preocuparse de la frontera, en temas de largo plazo como la educación. En definitiva, los países democráticos tienen que expandir sus prácticas. Y aprovechar las oportunidades que se presentan antes que las quiera aprovechar China. No hay otra alternativa.
DESTAQUE
Premio Aldo Solari
La Asociación Uruguaya de Ciencia Política (AUCiP) distiguió ayer a Emanuel Adler con el premio Aldo Solari por sus "contribuciones distinguidas" en este campo de estudio.
Es un reconocimiento al politólogo uruguayo que "mayor influencia ha tenido en los debates teóricos de la ciencia política global", según la organización, desde un enfoque constructivista en las relaciones internacionales.
Al recibir el premio, Adler reconoció la influencia cultural que tuvo Uruguay en su formación, destacando los valores liberales y humanistas.
"Uno es lo que vive y con quien uno va", dijo.
Emanuel Adler
Nacido en Uruguay en 1947, el profesor Adler es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de California y con estudios de grado y de maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Tiene una destacada trayectoria académica en la Universidad de Toronto y en la Universidad Hebrea, entre las más destacadas, que se ha reflejado en una decena de libros, múltiples artículos de investigación y análisis de asuntos internacionales, y el recibimiento de títulos honoríficos de reconocimiento mundial como el de la Royal Society of Canada.
Frases
"En la puja mundial actual, tiene mucho menos sentido hablar de izquierda o derecha".
"Así como hoy las democracias no terminan con un golpe de Estado o tanques tomando la casa de gobierno, el orden internacional tampoco muere de un día para el otro".