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Lasa y su flamante récord nacional

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Lasa: "Estoy en mi mejor año, pero la falta de apoyos me tiene desanimado"

Tras batir el récord nacional de salto largo y estampar la mejor marca técnica de la historia del atletismo uruguayo, Emiliano Lasa apunta fuerte a París 2024 con un calendario 2022 exigente y preocupación por su necesidad de generar más recursos 

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14 de mayo de 2022 a las 05:04

En 2011 batió el récord nacional de salto largo (7,65 metros). En 2012 logró su primer podio sudamericano (bronce en sub 23). En 2014 fue plata en los Juegos Odesur de Santiago. En 2015 fue campeón sudamericano y bronce en Juegos Panamericanos. En 2016 fue diploma olímpico en Río 2016 y con un sexto puesto logró la mejor ubicación para un atleta nacional en el mega evento deportivo. En 2017 firmó la mejor actuación para un uruguayo en Mundial al ser noveno en Londres. En 2018 fue oro en Juegos Odesur y representó a América en la Continental Cup de la IAAF. En 2019 fue bronce en Juegos Panamericanos. ¿Quién iba a decir que con semejantes logros y currículum, el mejor momento de la carrera de Emiliano Lasa iba a llegarle a los 32 años? Pero así es el deporte o en este caso, el salto largo. 

Sí, el dos veces olímpico, la historia viviente del atletismo uruguayo, llevó sus límites más allá de lo que su propia cédula podía suponer. 

El domingo 1º de mayo, cuando el trabajador descansaba a lo ancho del mundo, Lasa saltaba a lo largo para estampar una marca de 8,28 metros en la etapa de World Continental Tour disputada en San Pablo para quedarse con la medalla de oro y superar su récord nacional de 8,26, logrado en altura, en los Odesur de Cochabamba 2018. 

Con Diego Lugano en San Pablo, el día del último récord

Esa marca fue la segunda mejor de la temporada 2022 a nivel mundial y se transformó en la mejor marca técnica de la historia de un atleta uruguayo, superando el 48.65 que Andrés Silva registró en el Iberoamericano 2014 de San Pablo, en 400 vallas. 

"Lo venía esperando, estaba preparado para romper el récord", contó Lasa a Referí desde San Pablo, donde se radicó en 2013 a entrenar con un especialista del salto largo, el brasileño Nelio Moura. 

Una de sus primeras competencias del año fue el Sudamericano indoor (bajo techo) disputado en Cochabamba, donde se colgó la medalla de bronce con una marca de 8,10 m, récord nacional en pista cerrada. "Ese día se me escapó un nulo de 8,30 m, pero ya venía con tremenda constancia en saltos de ocho metros. En mi segundo salto del año había hecho 8,18 m", recordó. 

Así viajó a Belgrado, capital de Serbia, para disputar su tercer Mundial indoor. Ya había sido séptimo en Portland 2016 y 12º en Birmingham 2018. Y esta vez se volvió a superar con una marca de 7,99 m terminando en el sexto lugar, superando su mejor actuación histórica en estos certámenes.

Lasa en acción en Belgrado, sexto mundial

Viajó sin masajista, sin fisioterapeuta, sin médico ni dirigente. Solo con Tania, esposa de Moura y entrenadora, ya que su DT es desde el año pasado entrenador de la selección de China y divide su tiempo entre Oriente y San Pablo.  

"El primer intento fue bueno, el segundo fue mucho mejor pero fue nulo. Después sentí el desgaste del viaje. Llegué dos días antes de la competencia, sin tiempo para aclimatarme ni descansar. En esos pequeños detalles, a este nivel, se hace la diferencia", reveló. 

"El día del récord me sentí muy bien. Ya había saltado bien cuatro días atrás, pero ese domingo los saltos comenzaron más fuertes. Se dio todo: cuatro saltos, el clima perfecto, el viento justo". Y el récord. Ocho metros, 28 centímetros. Imagine cruzar la calle San José de un salto. ¿Tremendo esfuerzo, no? Bueno, usted solo habrá saltado seis metros.  

"Con la experiencia que tengo ahora se me hace más fácil saltar en ocho metros. Antes, capaz que la ventaja era que podía descansar menos y entrenar más. Pero ahora no necesito tantos entrenamientos técnicos, de salto, para dar esas marcas; con entrenamientos de fuerza y velocidad me es más fácil llegar a los ocho metros", explicó. 

Los tiempos oscuros ya quedaron atrás. El cierre de la temporada 2019 fue muy complejo. Un dolor en la tibia comenzó a agudizarse. Primero inflamación, después fisura. Los impactos de no parar de entrenar y competir agravaron la situación que derivó en una fractura por stress de la que se tuvo que operar en febrero de 2020. Al mes llegó la pandemia que terminó estirando los Juegos Olímpicos de Tokyo para 2021. Eso le jugó a favor. Solo eso. Porque conseguir lugares para entrenar, pruebas en las que competir y boletos de avión para comprar fueron nuevos motivos de stress. 

Volvió en marzo de 2021 con la camiseta de Peñarol en el pecho. "Fue una posibilidad que me cayó en un momento muy importante porque me estaban decayendo los patrocinadores, me han ayudado mucho y lo valor pila, más viniendo de un equipo grande reconocido en todo el mundo. Es un apoyo que me tiene contento en lo personal y por el atletismo en general, espero que otros clubes tomen ese ejemplo para apostar por este deporte haciendo contratos profesionales con atletas. 

Con la camiseta de Peñarol, su club desde 2021

De Río 2016 a esta parte, Lasa reveló que su etapa actual es con la que menos apoyos económicos cuenta. 

El atleta vive en San Pablo donde alquila una vivienda, tiene gastos en fisioterapeuta, masajes, atención médica, suplementación alimenticia, zapatillas con clavos... El alto costo del alto rendimiento. "Estoy en mi mejor año, pero la falta de algunos apoyos me tiene desanimado, aunque tengo la esperanza que de a poco aparezcan nuevos patrocinadores", dijo.

Además del contrato que tiene con Peñarol, Lasa percibe una beca olímpica, una vacante militar que otorga el Ministerio de Defensa y cuenta con apoyos para viajes concedidos por la Secretaría Nacional del Deporte. Puede parecer un lujo para la realidad de otros deportistas uruguayos. Pero al nivel donde Lasa se mueve y compite, las diferencias económicas se hacen notar en centímetros. 

El sinsabor de los Juegos Olímpicos de Tokyo ya quedó atrás. Lasa saltó en 7,95 m y por un centímetro se quedó afuera de la final. "Con esa normalmente, se pasa a una final, pero el deporte es así- Todavía pienso qué hubiera pasado si llegaba a la final porque el bronce se ganó en 8,21 m y yo estaba como para hacer esa marca, era accesible".

Lasa en los Juegos Olímpicos de Tokyo, arañó la final

Su mirada al dopaje

En Río 2016, el sudafricano Luvo Manyonga ganó la medalla de plata y en el Mundial de Londres 2017 fue oro. Los Juegos de Tokyo se los perdió porque a comienzos de 2021 fue suspendido por saltearse tres controles antidopaje. El estadounidense Jarrion Lawson volvió recientemente y fue cuarto en el Mundial de Belgrado. En 2019 fue sancionado por cuatro años por un control analítico adverso de epitrenbolona, un esteroide prohibido. Pero en marzo de 2020 fue exculpado por el TAS por entender que el positivo se dio al consumo de carne contaminada. 

"Es triste y frustrante ese tema del dopaje, ves cómo siempre ganan con tremendas y marcas y después caen con los controles. En Río 2016 hubiera quedado cuarto si daban positivo ahí. En Londres 2017, Lawson fue plata y yo noveno, ahí le dio el control positivo, me hubiera metido entre los ocho, en la final. Lo importante es que uno lo hace limpiamente y llega a resultados legítimamente y eso es lo que me motiva a seguir superándome y a tener buenos resultados", expresó. 

Londres 2017 y otro salto para hacer historia

Lo que viene

Lasa volverá a saltar el 20 de mayo cuando disputa la 19ª edición del Campeonato Iberoamericano en Alicante.  

Posteriormente se quedará en Europa para preparar su participación en el Mundial de Eugene, Oregon, que comenzará el 15 de julio. En octubre, en Asunción, disputará sus cuartos Juegos Odesur.  

Después del Iberoamericano se quedará en Europa a entrenar y también a competir. Ahí buscará ser nuevamente protagonista en la prestigiosa Liga de Diamante donde ya tiene agendadas dos etapas: Rabat el 5 de junio y Oslo 11 días después. 

Para 2023 el gran objetivo que asoma son los Juegos Panamericanos de Santiago y el camino final está señalado con luces de neón: Juegos OIímpicos de París 2024. 

¿Y después? "Nunca se sabe. Con 32 años estoy en mi mejor año. Ahora apunto a París como mi gran objetivo y ojalá que pueda llegar en un nuevo mejor momento. Después se verá". 

 

 

 

 

 

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