16 de marzo de 2013 20:02 hs

Alfred Hitchock es una de las grandes figuras del cine clásico, y ha trascendido, además de por haber marcado un punto de inflexion en la historia del séptimo arte, por haber sabido construir un carismático personaje.

A primera vista, la película homónima que se estrenó en las salas uruguayas la semana pasada puede parecer el clásico biopic, pero va mucho mas allá de eso: es un homenaje al artista que fue; a Psicosis, su obra magna; a Alma Reville, su mujer e impetérrita compañera de creación y además, una suerte de making-of de aquella película.

Es así como Sacha Gervasi, también conocido por dirigir La terminal, aquella curiosa comedia protagonizada por un Tom Hanks anclado en un aeropuerto, eligió el impasse entre la década de los 50 y de los 60 para retratar uno de los momentos más cruciales en la carrera del rey del suspense.

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Tras terminar el filme North by northwest (Intriga internacional), Hitchcock (Anthony Hopkins) se encontraba en plena búsqueda de inspiración para su nuevo proyecto, hasta que cayó en sus manos un ejemplar de la novela Psycho, basada en el caso real de Norman Bates, un asesino en serie con transtornos psicóticos, y que daría lugar a la película del mismo nombre.
Hitch y Alma

La realización de aquel proyecto es el marco temporal donde se desarrolla la totalidad de la historia, que no escatima anécdotas, y cuenta por ejemplo cómo el director trataba de impedir que la trama de su película trascendiera antes del estreno comprando todos los ejemplares de la novela que le dio origen, o cómo tenía que enfrentarse a un comité que velaba por el decoro de las producciones cinematográficas, y que constantemente ponían problemas a la consecución de Psicosis.

Sólo por la forma en la que Hitchcock muestra el contexto en el que se realizaban las películas de aquella época ya merece la pena, del mismo modo que Cantando bajo la lluvia cuenta el paso del cine mudo al hablado. Pero como en aquél fantástico musical, ofrece mucho más que eso.

Hitch, como lo llamaban sus amigos, era una persona excesiva en el comportamiento, en la bebida y en la comida, que hallaba su medida gracias a Alma, su mujer. Ella se encargaba de contener a la bestia y dar el visto bueno a sus guiones. Esta relación soporta gran parte del peso narrativo e intensidad emocional, ya que en aquél periodo, Alma, hastiada de que su esposo se embelesara con todas sus primeras actrices, estuvo flirteando con Whitfield Cook, un ambicioso guionista que esperaba poder hacer el libreto de la próxima película del gran director.

Paralelismo

Contado con gran sutileza, este affaire inconcluso sirve de contraste a la cómplice relación que mantienen Alma y Alfred, quienes trabajaron codo con codo desde el amor y la fe mutua durante toda su vida.

Esta es una película comercial pero no simple. Norman Bates, el motor de Psicosis, estuvo obsesionado por su madre, a quien idolatraba y a quien asesinó junto a su pareja al verse
relegado a un papel secundario.

Esta realidad es aprovechada en Hitchock para mostrar el paralelismo entre el director y su personaje, en la medida en que el primero trataba de moldear a sus “rubias Hitchcock”, y cuando éstas tomaban un camino en el que él no era el protagonista, las apartaba de su lado.

La locura, la obsesión, la dependencia de ambos respecto a sus mujeres une magistralmente a narrador y personaje narrado, algo que no sólo está presente entre líneas, sino también en las frecuentes conversaciones que Hitchcock tiene con Bates en sus sueños y delirios.

Hitchcock es recomendable por ser entretendida; por invitar a reflexionar sobre el acto creativo; por dar a conocer desde una nueva perspectiva, los entresijos del cine de aquella época en general y de este artista en particular; y por jugar de una forma tan delicada con la locura, uno de los temas centrales en la obra de este imprescindible director.

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