Nacional > Entrevista a Juan Miguel Petit

En la nueva cárcel de Punta de Rieles "hubo mucho ausentismo laboral"

El comisionado parlamentario dijo que la nueva cárcel enfrentó problemas como el de funcionarios que no estaban preparados

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30 de julio de 2018 a las 12:15

La nueva cárcel de Punta de Rieles, presentada por el gobierno como una apuesta de avanzada con novedades en el abordaje y tratamiento para los privados de libertad, ya ha presentado algunos problemas en los siete meses que lleva de funcionamiento.

El comisionado parlamentario para las cárceles, Juan Miguel Petit, ya presentó dos denuncias penales por golpizas y malos tratos a los reclusos, según publicó El País, y denunció que "el ausentismo" laboral de muchos de los funcionarios de esa institución afecta al correcto funcionamiento del centro.

Los internos de esta prisión, que fue construida bajo el régimen de Participación Público Privada, hicieron una huelga de hambre la semana pasada en reclamo por mejores condiciones de alimentación, ante lo cual el Ministerio del Interior se limitó a responder que allí se cumple con "estándares internacionales".

Además, ya se registraron dos muertes violentas: un asesinato y un suicidio.

A continuación, la entrevista que Petit concedió a El Observador al respecto de estos temas.

¿No está funcionando la Unidad 1 de acuerdo a las expectativas que había en su inicio?

Esperábamos que esta cárcel fuera una renovación, y que entre otras cosas procuraría bajar hacinamiento. Había muchas expectativas en movilizar a 2.000 personas, un tema que sabíamos complejo: cada uno tenía sus hábitos en donde estaban, su cercanía con la familia, etc. Había muchos temores y nerviosismo que obligaban a hacer todo con mucho respeto.

Y la he venido siguiendo muy de cerca. Fui a la obra muchas veces, al igual que cuando se inauguró. Además, vamos con mi equipo semanalmente para recorrerla y hablamos con los funcionarios, internos, delegados, cotejando las cosas, haciendo mediaciones y elevando temas a las autoridades.

Es muy importante cómo termine funcionando esta cárcel, porque de eso depende la suerte de todo el sistema penitenciario; si funciona bien vamos a encontrar una solución, pero si no, va a tirar la balanza para atrás.

Ahora, por lo pronto, se están instalando nueve talleres de UTU e Inefop con 150 cupos, en los que ya hay 400 reclusos inscriotos.

¿Qué balance hace entonces?

Hemos hecho recomendaciones y señalado algunas carencias. Es una cárcel que todavía está en proceso. Se terminó la construcción física, como las paredes, el sistema electrónico, las cámaras, pisos, cañería y red eléctrica, pero no está terminada aún la cárcel en cuanto a estructura institucional. Por ejemplo, no se instalaron todavía los talleres de capacitación, ni los mecanismos en que los internos puedan elaborar sus propios productos y venderlos. Es decir, todavía no hay actividad productiva: los presos no se generar sus propios ingresos y son dependientes de lo que les traen sus familiares.

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La oferta educativa, en cambio, sí existe. Ha habido un esfuerzo del Codicen y Secundaria y, si bien no está cubierta toda la demanda. No así la salud, en donde también ha habido problemas. El equipo médico termino de instalarse en junio. Hasta entonces, por ejemplo, no había equipos de salud mental.

Y hemos detectado muchos problemas con el personal. Ha habido mucho ausentismo. Hay que indagar a qué se debe. Hubo problemas con funcionarios que llevaron a trabajar allí y que todavía no habían terminado su capacitación.

¿Ellos denunciaron esa situación?

Dijeron que no estaban preparados para la tarea. Se trataba de funcionarios que estaban en su etapa final haciendo práctica, y es muy distinto hacer eso con apoyo de funcionarios con experiencia que estar solos. Es un tema que estamos evaluando.

Y por otro lado, está el problema de que la cárcel es muy grande. La institución tiene la vocación de que los presos estén haciendo actividades. Las celdas se abren a las 8 AM y se cierran a las 10 PM; eso está muy bien. El tema es que hay mucha gente que viene de horas de encierro, de Canelones y del Comcar, por ejemplo, en donde pasaban buena parte del día en las celdas; ahora, de repente, se encuentran con 130 personas en un mismo salón, todo el día juntos, sin orientación de actividades, grupos de convivencia, talleres, y muchas de esas cosas que todavía faltan. Y eso obviamente que genera tensiones, como en cualquier grupo humano. Muchos, también, tienen problemas de consumo de drogas, y es ese es otro aspecto que falta: un programa para las adicciones.

Presentó dos denuncias penales por malos tratos. ¿Qué es lo que ha ocurrido?

Una de ellas fue por una requisa en que hubo violencia, y la otra por golpes sistemáticos que detectamos que realizaba un grupo de policías.

No corresponde que digamos mucho más que eso. Ambos son episodios muy malos, pero el segundo especialmente, porque se denuncia algo sostenido: malos tratos reiterados, injustificados, que ocurrieron porque sí.

¿Qué hacían?

No quiero dar detalles porque son testimonios múltiples que uno recibe. Cuando uno hace denuncia a una fiscal, aunque a veces no se pueden verificar todos los hechos, hay cierta densidad creíble.

¿Hay dialogo con el Ministerio del Interior respecto a estos hechos?

Tenemos dialogo constante. Una cosa positiva que hay ahora en el sistema es que las autoridades están consustanciadas con el estado de derecho y la realidad. Cuando se entera de una ilegalidad, que a veces sucede antes que nosotros, se toman las medidas para corregirla. Desde el punto de vista de las autoridades no estamos en una tierra de nadie; al revés: hay un señalamiento de que las requisas y los traslados se deben hacer bien, de que no debe haber violencia si no es como respuesta ineludible, necesaria y proporcional.

Parece muy difícil que en las cárceles se genere un clima en que se anulen en forma absoluta algunos impulsos violentos.

Pero se pueda lograr. No solamente en muchas partes del mundo ha ocurrido eso; también se logra acá en muchas cárceles. Sabemos que la requisa debe ser algo normal y habitual y en muchos centros así se hace, dando participación a los internos para que observen.

En la opinión pública está instalada la idea de que la rehabilitación es casi imposible. ¿Usted cree que eso no es así?

Por supuesto que no es así. No me corresponde ser optimista ni pesimista, trato de reflejar lo que veo y ocurre en el mundo. Acá en Uruguay se hace rehabilitación. Hay un tercio del sistema que presenta buenas posibilidades. Hay otros tercio que ofrece insuficientes posibilidades,, y después hay un sector que está muy mal: trato cruel, inhumano y degradante

No hay que pensar que está todo mal, aunque haya muchos problemas que no tenemos resueltos.

Recientemente se conoció un primer informe realizado en el Comcar que reveló que los reclusos que trabajan en el Polo Industrial tienen una reincidencia del 1%. ¿Evaluó esa información?

Yo no tengo ese informe. Tengo trascendido de gente que trabajó con él. Es un estudio que se aproxima al tema de la reincidencia, ya que para un abordaje más a fondo se necesita más tiempo. La reincidencia se mide en personas que fueron liberadas un año atrás, y se las sigue durante tres o cinco. Pero aunque este estudio sea una aproximación, da cuenta de algo bastante evidente: en el Polo Industrial del Comcar, donde hay formación laboral, capacitación y buen clima de convivencia, la gente sale y no se la vuelve a ver más. En los que no hay nada de eso es bastante común que retornen a la brevedad.

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